Tú no vas a poder Conmigo

MARÍA

Hay personas que sostienen una familia sin hacer ruido.

Mi mujer es una de ellas.

Este capítulo es para ella,con vuestro permiso.

No es pasado,es ahora,es nuestro presente.

María lleva nueve años trabajando en uno de los restaurantes más conocidos de Málaga: Balneario de los Baños del Carmen.

Un sitio que nunca descansa.

Tres cientos sesenta y cinco días al año. Festivos. Veranos imposibles. Inviernos duros. Horas y horas de trabajo. Clientes sin parar. Presión constante.

Cuando ella entró allí, la mayoría de la plantilla eran hombres. Casi todos. Las pocas mujeres que había solían estar en cocina o en office. Camareras en barra apenas había dos o tres.

Y María se abrió camino allí.

No lo tuvo fácil.

Porque aunque mucha gente no quiera reconocerlo, ciertos ambientes de hostelería siguen siendo junglas donde una mujer tiene que demostrar el doble para que la respeten igual.

Y ella lo hizo.

Con carácter. Con humor. Con inteligencia. Y con un par de narices enormes.

La recuerdo peleando cada servicio desde la barra: clientes, tickets, cobros, comandas, gritos desde cocina, compañeros reclamando bebidas, presión constante.

Y aun así salía adelante.

Porque María tiene algo especial: es fuerte incluso cuando está rota.

Se ganó el respeto de compañeros, encargados y socios importantes. Personas conocidas en Málaga, empresarios, gente de poder. Todos acabaron confiando en ella porque cuando María trabaja, trabaja de verdad.

Pero la vida volvió a ser injusta.

Porque justo cuando yo empezaba a levantar cabeza otra vez, le tocó caer a ella.

Sus riñones empezaron a empeorar rápidamente.

Los filtrados bajaban cada año más.

Y trabajar en hostelería con una enfermedad renal es una tortura silenciosa.

Comer mal. Comer tarde. Muchísima sal. Estrés constante. No tener tiempo ni para beber agua.

Todo eso fue desgastándola poco a poco.

Hasta que el cuerpo empezó a decir basta.

Y encima llegó un cambio de dirección en el restaurante.

Nuevas formas de trabajar. Nuevas maneras de tratar al personal. Más presión. Menos humanidad.

La enfermedad y el desgaste terminaron golpeándola todavía más fuerte.

A día de hoy lleva un tiempo de baja.

Y verla así me rompe por dentro.

Porque María nunca ha sido una mujer de quedarse quieta.

Tiene ganas de trabajar. Tiene ganas de luchar. Su cabeza quiere seguir adelante.

Pero ahora es su cuerpo el que no la acompaña.

Y quizá por eso esta etapa está siendo tan dura para mí.

Porque durante muchos años fue ella quien sostuvo la casa mientras yo peleaba contra la espondilitis.

Y ahora me toca a mí sostenerla a ella.

Aunque cada día me cueste más.

Porque hace apenas unos meses también me diagnosticaron un enfisema pulmonar.

Pero sigo.

Porque cuando llego a casa y veo a María luchando incluso enferma… algo dentro de mí me obliga a continuar.

No sé si es amor.

Orgullo.

O simplemente supervivencia.

Lo único que sé es que después de tantos años, seguimos aquí.

Cansados.

Rotos a veces.

Pero todavía juntos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.