Tú no vas a poder Conmigo

EPÍLOGO:LA VIDA TAMBIÉN ME SONRIÓ

Si has llegado hasta aquí, lo primero que quiero hacer es darte las gracias.

Gracias por leerme.

Gracias por acompañarme en este viaje tan personal, tan duro a veces y tan humano.

También quiero pedir disculpas si en algún momento alguien se ha sentido molesto u ofendido por algo de lo que he contado. Jamás fue mi intención.

Este libro no nace desde el rencor.

Ni desde la pena.

Ni desde querer dar lástima.

Todo lo contrario.

Nace desde la necesidad de darle voz a algo que muchísimas personas sufren en silencio.

Porque las enfermedades crónicas muchas veces no se ven.

Pero se sienten.

Y vaya si se sienten.

He querido explicar cómo vive una persona que trabaja enferma, que intenta aparentar normalidad mientras por dentro lucha cada día contra su propio cuerpo.

Pero también necesito decir algo importante.

Mi vida no ha sido solamente dolor.

Ni muchísimo menos.

Mi vida ha sido maravillosa.

Y no la cambiaría por la de nadie.

He tenido la suerte de compartir mi camino con una mujer increíble.

María.

Mi compañera de vida.

Mi refugio.

Mi ángel de la guarda.

La persona que jamás me soltó la mano ni siquiera cuando yo mismo me estaba perdiendo.

Y después está Paula.

Mi hija.

Mi orgullo.

Mi luz.

Un regalo que la vida me dio y que todavía hoy consigue emocionarme simplemente con mirarla.

Nosotros tres hemos pasado momentos muy difíciles, sí.

Pero también hemos vivido momentos felices a montones.

Muchísimos.

Y esos momentos son los que realmente dan sentido a todo.

Recuerdo aquel crucero por el Mediterráneo en 2005.

Paula era apenas una niña y terminó conociendo a medio barco.

Los malagueños, como siempre, haciendo amigos en cualquier esquina.

Nos reímos, disfrutamos y fuimos felices de verdad.

Recuerdo también los años en el terreno de Cártama de mis padres.

Los veranos.

Las barbacoas.

Los perros corriendo.

Porque si algo define nuestra casa es eso: siempre ha estado llena de animales, de vida y de cariño.

Hemos sido casa de acogida de muchísimos perros.

Y creo sinceramente que ellos también nos han salvado muchas veces a nosotros.

A día de hoy siguen acompañándonos nuestras perritas, Pitu y Mala, después de tantos años.

Y hace poco llegó Charlie, el pequeño Charlie.

Savia nueva.

Alegría nueva.

Vida nueva.

Y hace apenas un año cumplimos otro sueño.

Compramos una autocaravana.

Nuestra “Cookie”.

Y cada vez que podemos escapamos un par de días.

Nos perdemos por algún rincón de Málaga.

Dormimos tranquilos.

Respiramos.

Nos reímos.

Y volvemos a sentirnos libres.

Porque al final entendí algo muy importante.

La enfermedad puede limitar muchas cosas.

Pero no puede impedirte vivir.

No puede impedirte amar.

No puede impedirte reír.

No puede impedirte seguir adelante.

Y eso era realmente lo que quería transmitir con este libro.

No quería escribir para dar pena.

Quería escribir para dar fuerza.

Para que cualquier persona que esté pasando por algo parecido a lo mío entienda que todavía queda mucho por vivir.

Que incluso en los peores momentos siempre existe un día siguiente.

Siempre hay algo que puede hacerte reaccionar.

Una palabra.

Una canción.

Un abrazo.

Una conversación.

Una mirada.

Una persona.

Algo.

Y entonces vuelves a levantarte.

Porque el ser humano es muchísimo más fuerte de lo que cree.

Yo me caí muchas veces.

Muchísimas.

Pero siempre terminé levantándome.

Y ojalá este libro sirva para que otra persona haga lo mismo.

Que se mire al espejo.

Que apriete los dientes.

Y que diga con fuerza:

“Tú no vas a poder conmigo.”

Gracias de corazón por haber llegado hasta aquí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.