Umbrael

Capítulo 2: Reflejos de la Verdad

A la mañana siguiente, Alaric despertó en su cama, el libro antiguo aún escondido bajo su almohada, como si hablara en susurros, recordándole los eventos de la noche anterior. El eco de la figura encapuchada y el dragón resplandeciente seguía vivo en su mente, pululando con fervor que no podía ignorar. Mientras el sol se alzaba, bañando su habitación en un cálido resplandor dorado, el niño se sintió atrapado entre dos mundos: el cotidiano, donde iba a la escuela y jugaba con sus amigos, y el desconocido, que lo llamaba con promesas de aventura y descubrimiento.

Nunca había sido un niño común. La curiosidad siempre había sido su compañera, pero ahora ese impulso se tornaba inquietante, ansioso por desvelar lo oculto. Con un arrebato de decisión, tomó el libro y salió a explorar las calles de Praga, decidido a descubrir qué secretos podía revelar su contenido.

Las calles habían cobrado vida, llenas de luces y sonidos, pero Alaric vio más allá de la realidad. Cada persona, cada mirada, parecía ocultar historias no contadas. Se perdió en su pensamiento cuando sintió que un destello de familiaridad lo arrastraba a un pequeño mercado al aire libre, donde los aromas de especias exóticas y productos frescos inundaban el aire. La animación del lugar contrastaba con la neblina de su mente; sin embargo, una extraña sensación de ser observado lo acompañaba.

Entre las coloridas paradas, sus ojos se posaron en una mujer mayor, con una capa raída y cabellos que parecían hilos de plata. Ella lo miraba intensamente, como si pudiera leer los secretos escondidos en su interior. Alaric, con un impulso irrefrenable, se acercó a la anciana.

“Buscas cosas que no comprendes”, dijo ella con voz profunda. “Tu camino está lleno de sombras y luces, niño. Se avecina una elección que cambiará tu destino.” Alaric la miró, deslumbrado. “¿Quién eres? ¿Sabes algo sobre la figura que vi anoche?”

La mujer sonrió, levantando una mano arrugada, señalando un estante lleno de libros. “El conocimiento puede ser liberador, pero también una trampa. Cada historia tiene un peso, y el tuyo es grande. Toma lo que necesitas, pero ten cuidado. Las sombras se acercan.”

Sin pensar, Alaric recogió un pequeño libro de tapa negra que parecía vibrar con energía. Al abrirlo, textos en un idioma que nunca había visto danzaban ante sus ojos. Sudor frío brotó de su frente mientras la mujer continuaba hablando. “El libro que llevas es un eco de tiempos pasados. Está destinado a ti, pero el conocimiento conlleva un precio. ¿Estás listo para pagarlo?”

Alaric sintió un nudo en el estómago. La curiosidad chocaba con el miedo, pero había cruzado un umbral que no podía retroceder. “Sí”, respondió, más confiado de lo que sentía. “Estoy listo”.

“Recuerda, niño, no todo lo que brilla es oro. La búsqueda del poder puede consumir tu alma”. Las palabras resonaban en su mente mientras Alaric sentía la presión del destino sobre sus hombros. Con el libro en mano, se apresuró a salir del mercado, la mirada de la anciana clavada en su espalda.

Las calles parecían transformarse, como si cada paso lo llevara un poco más cerca de lo desconocido. La gente a su alrededor se volvía un mero fondo en su mente obsesionada, y el camino hacia su casa se hizo interminable. Una inquietud creció en su pecho; lo que había comenzado como un viaje de descubrimiento pronto se tornó en un laberinto de incertidumbres.

Al llegar a su casa, se sentó en el suelo de su habitación, la puerta cerrada tras él como un escudo contra el mundo exterior. El libro vibraba levemente en su regazo, un recordatorio constante de que había tomado una decisión que podría cambiarlo todo. Mientras pasaba las páginas, los textos extraños comenzaron a transformarse, y las imágenes brotaron ante sus ojos en vívidos colores. Cuerpos de guerreros se alzaban sobre campos de batalla, y criaturas míticas giraban en un torbellino de energía.

De repente, lo que parecía un simple libro se convirtió en un portal, revelando fragmentos de una historia antigua, llena de héroes y villanos. Una figura familiar apareció en las páginas: la encapuchada que lo había encontrado la noche anterior. Su voz resonó en su mente una vez más, advirtiéndole de la pesada carga de su destino.

Mientras Alaric se perdía en el hechizo de las palabras, un destello de luz casi lo ciega, y la puerta de su habitación se abrió de golpe. Su madre entró, con una mirada de preocupación creciente. “Alaric, ¿estás bien? Te he estado llamando”, dijo, pero las palabras se desvanecieron cuando la expresión de horror cruzó su rostro al ver el libro en las manos de su hijo. “¿Qué es eso? ¿De dónde lo sacaste?”

Un estremecimiento recorrió el cuerpo de Alaric. No quería mentir, pero la verdad era un fardo demasiado pesado. “Es solo un libro, mamá. Lo encontré en el mercado”.

Su madre se acercó, la preocupación transformándose en alarma. “Es peligroso, Alaric. Hay cosas que no deberías tocar, cosas que pueden atraer la oscuridad”. El eco de su advertencia resonaba en su mente, pero estaba demasiado inmerso en el misterio para detenerse ahora.

“Pero tengo que entenderlo. Hay algo importante en esto; siento que mi vida está conectada a estas historias”, respondió, su voz temblando con la mezcla de miedo y determinación.

“En la búsqueda del saber, a veces encontramos más de lo que quería. Hay fuerzas oscuras que no comprendes. Debes tener cuidado”, insistió su madre, pero Alaric sólo pudo ver cómo su advertencia se desvanecía en el aire.

Mientras la tensión en la habitación crecía, un ruido penetrante resonó desde la calle. Un grito agudo retumbó, seguido de un estruendo que sacudió las ventanas de la casa, como un presagio de lo inminente. La respiración de Alaric se detuvo, el libro temblando entre sus manos, y su mirada se encontró con la de su madre. “¿Qué fue eso?”

“Lo que temía”, murmuró ella, su rostro pálido. “Algo ha sido despertado”. Y así, mientras el caos comenzaba a desatarse en su mundo, Alaric sintió que la aventura que había anhelado se convertía en una tormenta incontrolable que amenazaba con arrastrarlos a ambos.




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