Un Alma por Otra

Capítulo 3 - La Prueba de Perséfone

Apenas había sido capaz de dormir, no podía dejar de pensar en formas de evitar quedarme en el inframundo, después de divagar por mi mente durante un tiempo decidí intentar dormir y al día siguiente me despertó el sonido de unos golpes en la puerta de mi habitación, al levantarme para abrir la puerta quien estaba del otro lado, era una chica de largo cabello negro, una túnica fúnebre y en una de sus manos llevaba una antorcha con fuego pálido, y no había rastro de arrugas en el rostro o manos

—Mi nombre es Caligia, soy la ninfa asignada a usted por orden de Perséfone —dijo la ninfa con una leve reverencia de la cabeza—. Me indicaron que le trajera un quitón para que se cambiara de ropa. Hades y Perséfone lo esperan en el comedor; lo guiaré una vez termine de cambiarse —dijo mientras me entregaba el quitón del que habló. Tome la prenda y cerré la puerta antes de cambiarme, el quitón era de telas oscuras con leves adornos dorados, salí de la habitación y Caligia me estaba esperando, me llevó por los lujosos pasillos hasta llegar a un comedor con una larga mesa iluminado por velas, en la mesa había una gran cantidad y variedad de platillos, en uno de los extremos de la mesa estaba sentada Perséfone quien comía con elegancia un filete en corte mariposa, junto a su plato había una copa con vino, cuando llegue Perséfone se dirigió hacia Caligia

—Gracias, Caligia, puedes retirarte por el momento —dijo Perséfone mientras tomaba un sorbo de su copa. Caligia salió del comedor y Perséfone me indicó con la mano que me sentara en la silla a mi lado para estar sentado frente a ella.

—¿Y Hades? Caligia mencionó que tú y Hades me esperaban aquí —dije observando los diversos platillos en la mesa. Perséfone soltó una pequeña risa mientras cortaba su filete

—Hades suele estar ocupado; originalmente íbamos a darte una buena bienvenida y hablarte más sobre tu prueba, pero yo me encargaré de eso, así que no tienes de qué preocuparte —declaró Perséfone mientras se llevaba el pedazo que cortó a la boca con un movimiento suave—. Debes tener hambre; te explicaré todo. —Prueba la comida, tranquilo, si fallas la prueba, en el peor de los casos podríamos negociar un trato con Zeus para que regreses al inframundo una cierta cantidad de tiempo cada año, como yo. —Cuando escuché eso, los cubiertos casi caen de mis manos y miré fijamente el plato de comida frente a mí.

«Genial... Muero de hambre o vengo al inframundo cada cierto tiempo... Y morir no es una opción», pensé. Mis manos temblaban un poco mientras cortaba la carne y el tenedor quedó suspendido en el aire por un momento antes de que lo comiera. Perséfone curvó un poco sus labios al verme comer la carne en mi plato, y dejó los cubiertos sobre la mesa antes de entrelazar sus manos y verme directamente

—Ayer Hades te dijo algunas de las reglas, pero no es todo. Para empezar, estarás por un tiempo indefinido juzgando almas; no te preocupes, no pienso tenerte trabajando como juez por siempre, solo hasta que superes la prueba... O la falles... Aunque no juzgarás a todas las almas y suspender a los tres jueces que tenemos no es precisamente... prudente, así que te daremos un "tribunal" propio para almas con casos... "Especiales"

Oí a Perséfone; dejé de cortar mi carne cuando terminé de escucharla. —¿Casos especiales? ¿A qué te refieres con "especiales"?

Perséfone cerró los ojos levemente mientras sonreía hacia mí. —Te darás cuenta por ti mismo, lo aprenderás a tu ritmo. Termina de comer; Caligia te guiará a tu tribunal. —Ella se levantó de su silla y me volteó a ver de reojo antes de salir del comedor. Terminé de comer y, al salir, Caligia estaba esperando fuera con el libro, el cálamo y un pequeño frasco de tinta

—Sígame, lo guiaré hacia el tribunal —dijo Caligia mientras empezó a caminar. Yo me apresuré a caminar a su lado; ella alumbraba los pasillos con su antorcha y el oro y plata que adornaba el lugar resplandecía levemente

—¿Sabes algo sobre qué tipo de almas juzgaré? —pregunté a Caligia mientras mis dedos jugaban con el borde de mi ropa

—Le explicaré lo que debe saber para juzgar. Las reglas que debe seguir y los tres posibles destinos de las almas que juzgue; de ahí en fuera solo seré su guía y supervisora —afirmó Caligia sin siquiera mirarme. Tras unos minutos de una caminata en silencio, salimos del palacio.

—¿Hacia dónde vamos? —pregunté, mirando a Caligia y esperando obtener una respuesta

—Nos dirigimos hacia el Trivio; allí están los posibles destinos de las almas, y su tribunal estará al lado del de los tres jueces. —Llegamos a un prado grisáceo y con neblina cubriendo los pies; el tribunal estaba al aire libre, había una pequeña mesa de madera oscura y una grande silla; en la mesa había una urna. Me senté en la silla y Caligia colocó el libro y el cálamo frente a mí sobre la mesa.

—Las almas entrarán mediante un sorteo, tomarás un papel con el nombre de un alma al azar desde la urna, te contarán sus pecados y el cómo vivieron, y tú podrás hacer preguntas para... —Detuve a Caligia a mitad de su explicación

—¿Qué tipo de preguntas debería hacer? ¿De verdad me dirán sus pecados sin más? Hace que la prueba suene aún más fácil... —Mis dedos tamborileaban sobre la mesa al escuchar lo fácil que sonaba la prueba, pero Caligia ni siquiera se inmuto

—Como decía, tú podrás hacer preguntas para tomar tu decisión, tú tendrás que elegir por cuál de los tres caminos irá el alma juzgada, el primero es el Tártaro, el castigo eterno; los Campos de Asfódelos, donde van las almas que no fueron extraordinariamente buenas pero tampoco fueron terriblemente malas; por último, los Campos de Elíseos, donde suelen ir los héroes, poetas y demás, tienes que...—explicó Caligia sin dejar de lado ningún detalle, pero en algún momento de su explicación me perdí en mis pensamientos

«Me pregunto por cuál de los tres caminos habrá ido Tais... Bueno, teniendo en cuenta lo que dijo, lo más probable es que haya ido a los Campos de Asfódelos...»



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En el texto hay: fantasia, amor, mitologa griega

Editado: 19.08.2026

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