Abrí el papel mientras tragaba saliva; cuando lo abrí, vi el nombre "Leonidas", no pasó mucho tiempo antes de que el alma apareciera caminando por el sendero del páramo gris hacia el tribunal que ahora me pertenece. Era un hombre alto, de cuerpo definido, cabello ondulado café y parecía flotar sobre el suelo; parecía mirar a los lados, lo cual me resultó algo extraño. Tras unos minutos, el alma, que parecía ser Leonidas, se detuvo frente a mi mesa
—¿Tú eres Leonidas...? —pregunté curvando un poco la ceja y entrecerrando el ojo del lado contrario
—Sí... Yo soy Leonidas. Me separaron de la otra fila de almas y me enviaron aquí. ¿Qué es este lugar? —preguntó Leonidas observando alrededor y mirándome de arriba abajo—. No pareces ser exactamente un juez.
Caligia, quien estaba a mi lado, me volteó a ver con una pequeña sonrisa efímera antes de volver a su típica cara inexpresiva
—Bueno, a diferencia de lo que puedes pensar, soy un juez... Me pusieron a cargo de los casos especiales y...
—¿Y qué significa eso de casos especiales? No creo que puedas desempeñar bien tu papel, si te soy sincero —preguntó Leonidas mirándome fijamente y mi ojo izquierdo empezó a temblar un poco y apreté mis puños.
—Ni siquiera yo sé qué son esos casos especiales... —susurré, más para mí mismo que para él.
—¿Qué?
—Dime qué tipo de vida llevaste cuando estabas vivo... Tal vez así vea por qué eres un caso especial.
—Fui un soldado... Uno de los mejores en palabras de mis superiores; siempre estuve en el campo de batalla o con mis compañeros y morí en combate
—¿Qué hay de tu familia?
Abrí el libro y luego sumergí el cálamo en el recipiente con tinta para poder empezar a tomar anotaciones
—Realmente nunca conviví mucho con ellos, solía estar más ocupado como soldado
—¿No conviviste con ellos...? —La tinta del cálamo goteó sobre el libro abierto—. ¿Tenías una mala relación con ellos? Debiste compartir tiempo con ellos en algún momento
—Mi madre siempre fue muy protectora conmigo, y mi hermano fue muy apegado a mí, aunque con mi deber como soldado no tenía suficiente tiempo para ellos. ¿Qué tiene que ver esto con tu decisión? Morí como un gran soldado, eso es suficiente, ¿no? —respondió Leonidas mirando hacia otro lado al principio y luego volteando a verme cuando me realizó la pregunta
«No le importa el haberse alejado de su familia... Solo le importa el haber muerto con gloria... Yo no podría alejarme de mis seres queridos...»
Caligia simplemente me observaba mientras Leonidas levantaba y bajaba el pie con impaciencia
—Caligia... ¿Puedo tomarme un tiempo para meditar mi decisión? —pregunté mientras miraba el libro abierto
—No, necesitas dar tu veredicto, eres imparcial, así que debería ser fácil, como habías dicho —respondió Caligia volviendo a ver a Leonidas
—Yo... —
«Bueno... Realmente nunca mató por gusto... Era un soldado... Pero dejar a su familia...»
—¿Te arrepientes de eso? Si pudieras repetirlo todo de nuevo... ¿Pasarías más tiempo con tu familia? —espera a que Leonidas meditara su respuesta; sin embargo, respondió rápidamente
—No, si pudiera regresar, viviría mi vida exactamente igual —respondió sin titubear.
—Entiendo, no cambiarías tu vida
—Leonidas irá a los Campos de Elíseos por ser un gran guerrero.
Leonidas empezó a caminar hacia uno de los senderos mientras Caligia lo guiaba con su mano
—Que tengas una buena estancia…
—Supongo que tardé menos de lo que esperaba, pero realmente no parece que estés hecho para este trabajo. ¿Es posible renunciar en este lugar? Deberías investigarlo —afirmó Leonidas mientras caminaba y agradeció a Caligia antes de irse por el camino del centro. Yo apreté la mandíbula al escucharlo y mis manos se apretaron sobre los brazos de la silla y mi mirada temblaba sin dejar de ver la mesa. Me levanto cerrando y tomando tanto el libro como el cálamo.
—Quisiera tomar un descanso... —solté con un suspiro
—Claro, descansa si lo necesitas; cientos de almas esperan su juicio, siempre hay casos especiales; avisaré a la señora Perséfone y al señor Hades. Lo guiaré a su habitación. —Caligia me guio por el mismo páramo gris por el que llegamos, pero yo estaba absorto en mi mente
«¿Habrá más casos de este tipo? Solo tengo que basarme en sus vidas... Eso es todo... Sí lo hago... Podrá reunirse más rápido con Tais»
Recorrimos los pasillos, pero yo los sentía más fríos. Llegamos a mi habitación, abrí la puerta y me dejé caer sobre la cama, dejando mi vista clavada en el techo
—Descanse, iré a informar sobre el veredicto del juicio de hoy. En la noche lo guiaré nuevamente al comedor para que pueda cenar —dijo Caligia realizando una leve reverencia con la cabeza antes de salir
Editado: 19.08.2026