Cuando fue de noche, salí de mi habitación; recordaba vagamente el recorrido que hice con Caligia para llegar al comedor, aunque terminé perdiéndome hasta que encontré a una de las almas que limpiaba una de las mesas en la que había un jarrón con rosas negras
—Disculpa, ¿por dónde puedo llegar al comedor? —pregunté, pero no hubo respuesta alguna. Terminé soltando un suspiro que fue acompañado de una pequeña mueca
—Lo estuve buscando. La señora Perséfone y el señor Hades lo esperan en el comedor —dijo una voz que ya reconocía desde uno de los extremos del pasillo alumbrado por una luz pálida salida de la antorcha que lleva consigo Caligia
—Caligia. Pensaba en ir por mí mismo… aunque, como ves, no salió como pensaba. Perdón por causarte la molestia de buscarme…
—Le dije que iría a buscarlo y, al ser yo su guía, es mi deber guiarlo. No se disculpe, mejor sígame, no querrá hacer enfadar al señor Hades
Seguí a Caligia mientras caminábamos por los pasillos del palacio hasta que llegamos al comedor, donde ahora ambas sillas principales estaban ocupadas. En uno de los extremos estaba Perséfone sentada, con su plato vacío y su copa con vino, sin un solo sorbo; estaba sentada y, al verme, sonrió casi de forma imperceptible y, del lado contrario, estaba Hades, con esa túnica holgada y la misma pose aburrida. Sobre la mesa había distintos platos de pescados o mariscos junto a algunas guarniciones, pero lo que coronaba la mesa era una gran anguila que era tan grande como la mesa, llegando casi a ambos extremos de esta. Era una anguila… no cualquier anguila, sino la anguila del lago Copais; la piel era verde muy oscuro y estaba cortada en rodajas que a su vez estaban envueltas en una hoja de acelga y de esta salía vaho blanquecino
—Creo que esto es algo que se sirve en los banquetes de donde vienes, ¿no? —me preguntó Perséfone directamente, inclinando ligeramente su cabeza hacia un lado
—Ah… sí… es de las comidas más lujosas que hay…
No podía dejar de mirar a la anguila sobre la mesa; había escuchado de ella, pero ni siquiera había sido capaz de ver una en persona hasta ahora. Perseéfone sonrió más ampliamente y cerró los ojos brevemente antes de invitarme a tomar una rodaja de la larga anguila. Quité suavemente la hoja de acelga que la rodeaba, miré la carne que sostenía en mi mano y tragué saliva antes de darle un bocado. La carne se deshizo en mi boca como si fuera mantequilla, tenía un sabor dulce; mis ojos se abrieron apenas la carne tocó mi boca
—¿Qué tal te pareció?
—Los mortales tienen expectativas muy altas… es un pescado —dijo Hades con un suspiro, tomando una rodaja de la anguila y comiéndola; no mostró ninguna expresión ni comentó algo sobre el sabor
—Pues realmente está delicioso, no creo haber probado algo así… Ahora entiendo por qué lo describen como un manjar
Por un tiempo todo se quedó en silencio; Perséfone me observaba con sus dedos entrelazados, pasando la mirada de Hades a mí.
—No sabemos mucho de ti; si hay posibilidad de que seas nuestro heredero, como madre debería conocer a mi hijo, ¿no lo crees?
—Supongo…
—Entonces háblanos de ti, creo que el Rey de los Muertos también tiene curiosidad
—Sería de utilidad conocer al posible heredero del Inframundo —dijo Hades mientras se reclinaba en su silla, pero no parecía verme a mí.
—Pues... Me gusta el color rojo, soy algu… —Antes de que pudiera seguir hablando, Perséfone me interrumpió levantando un poco su mano.
—No, no… eso no, no estés nervioso, no es un interrogatorio. ¿Qué tal si me hablas sobre ti y sobre Tais? Estás aquí por ella; quisiera saber qué tipo de persona es o, mejor dicho… fue.
—Puedes estar tranquilo, no pienso lastimarte —dijo Hades mirándome por primera vez. Algo en la voz fría de Hades permitió que mis hombros se relajaran
—Bueno, hay muchas cosas que podría decir, pero ¿qué mejor que empezar por el inicio?
—Ambos somos de Talea, una isla no tan pequeña… Nos conocimos cuando había ido a comprar distintas cosas en el mercado; estaba observando unos puestos y entonces…
Editado: 09.09.2026