—¿Cuánto cuesta la hogaza de pan? —pregunté señalando un pan blanco y redondo. El vendedor, un señor grande de barba blanca, me respondió
—3 óbolos, muchacho —dijo el señor rascándose la barba
—Debes estar bromeando, una hogaza no cuesta más de un óbolo —respondí al vendedor poniendo una mano en la mesa y saqué dos pescados de un pequeño costal que cargaba y los puse sobre la mesa
—Te ofrezco dos pescados frescos que cacé hoy por dos hogazas de pan. —El vendedor me miró unos momentos y tomó los dos pescados; tras eso, me entregó las dos hogazas
—Fue un buen trueque —dijo el vendedor sonriendo. Yo tomé los dos panes, soltando un suspiro molesto, metiéndolos en mi costal y me alejé
—Este señor sube los precios cuando quiere… Tendré que buscar otro panadero… —Mire a mi alrededor —ya solo me falta algo de vino…
Caminé por el mercado buscando algún puesto que vendiera algo de vino de mesa hasta que me detuve en un puesto que vendía pescado y vino
—¡Ciro! ¿Qué te trae por aquí? ¿Viniste a vendernos pescado hoy? —preguntó la señora del puesto con una sonrisa; era una mujer algo grande, de pelo negro largo y complexión delgada
—Lo lamento, señora Freda, cambié unos pescados por pan; los pocos que me quedaron son los que comeré —solté un suspiro—. Hoy no hubo una gran pesca; las aguas estaban un poco agitadas, así que no logramos mucho y regresamos… Aparte, el señor del puesto de pan parece querer estafar más que vender. —Freda solo soltó una risa al escuchar mi queja
—Es considerado de los mejores panaderos de Talea, es normal que quiera subir precios, Ciro
En ese momento, una chica de piel clara, cabello castaño largo y rizado; sus ojos eran color miel. Llevaba consigo una bolsa con distintas cosas que compro
—Señora Freda, ¿tiene hoy pulpo?
Preguntó con voz suave la chica mientras miraba alrededor de la mesa y veía los pocos pescados y las jarras de vino. Freda soltó un suspiro llevando su mano a su mejilla
—No me trajeron muchos pescados hoy y no trajeron nada de mariscos, lo siento, Tais. —Freda levantó la mirada hacia mí y siguió hablando hacia Tais. —Ciro es pescador y dice que no lograron pescar mucho; incluso él no tiene tanto pescado. —La chica, que ahora sabía que se llamaba Tais, volteó a verme.
—Oh… ¿Es eso así? Supongo que tendré que comprar pescado…
Tais volvió a dirigir su mirada a la mesa buscando entre los pocos pescados alguno que se viera un poco mejor; yo me quedé observándola hasta que Freda habló
—Casi me olvido de ti, Ciro, ¿qué necesitas de mi puesto? —preguntó Freda con una sonrisa
—Ah... ah, sí... venía por algo de vino, pensé que usted tendría y parece que tengo razón —dije señalando una de las garras—. ¿Cuánto sería de una jarra?
—Un óbolo como de costumbre. —Saqué de mi bolsillo un dracma, una moneda de plata, y se la entregué a Freda, quien me dio 5 monedas de bronce pequeñas.
—Yo quisiera este pescado —dijo la chica señalando uno de los pescados
—También sería un óbolo —la chica sacó una moneda de bronce y se la entregó y para luego tomar el pescado y despedirse de Freda. Yo acerqué la jarra de vino mientras observaba cómo la chica se alejaba
—No la había visto antes por aquí, ¿quién es ella? —señalé a mis espaldas con mi pulgar
—¿En serio? Pensé que ya se conocían; como ambos vienen a mi puesto a menudo, juraba que se conocían de antes. —Me despedí de Freda y me dirijo a mi casa. Al día siguiente las aguas estuvieron más calmadas y nos fue mejor en la pesca
—Hoy nos fue bastante bien, ¿no lo crees, Ciro? —me preguntó animadamente uno de mis compañeros de pesca mientras me daba una palmada en la espalda mientras reía
—Sí, nos fue bastante bien y más si lo comparamos con la pesca del día de ayer —respondí a mi compañero
—¿Qué harás ahora? ¿Piensas ir a comer?
—No, iré a venderle algunos mariscos en el mercado. —Mi compañero asintió y se alejó caminando
—Nos vemos mañana, amigo —me dijo mi compañero. Yo caminé por el mercado hasta llegar al puesto de la señora Freda, quien estaba acomodando sus productos
—¿Hoy sí vienes a venderme la pesca del día? ¿O acaso vienes a platicar de nuevo?
—Si no quiere los mariscos, puedo buscar a alguien más.
Le respondí de la misma forma bromista que ella. Mientras sacaba distintos mariscos del saco que yo llevaba, coloqué sobre la mesa un pulpo, algunos cangrejos y unos pocos mejillones. Freda me entregó una moneda de plata; platicamos sobre cosas triviales cuando la misma chica del día anterior llegó; veía los mariscos que acababa de vender a Freda
—¿Buscas algo en especial hoy? —preguntó Freda a la chica que miraba los distintos mariscos
—No… o bueno… algo así, buscaba algunos mariscos, pero no sé qué comprar… o mejor dicho, qué comeré, ¿usted qué me recomienda? —respondió la chica soltando un suspiro. Freda pensó por un momento
—Bueno… hay muchos platillos que llevan mariscos… ¿Tú qué platillo le recomendarías, Ciro? —La desviación de la pregunta hacia mí me tomó un poco por sorpresa, pero decidí responder
—Pues personalmente prefiero las marmitas de mariscos… —La chica me volteó a ver al escuchar la respuesta y sonrió.
—Las marmitas de mariscos son ricas… —La chica volteó a ver los cangrejos en la mesa y miró a Freda. —Llevaré este cangrejo —dijo la chica tomando un cangrejo
—Elige el de al lado, ese está mejor. —La chica me volteó a ver.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó la chica mirando al otro cangrejo.
—Fíjate en el caparazón; el del otro es más brillante. Ese que tienes tiene las pinzas flojas; el tamaño y el peso influyen; mientras más pesado, más carne tiene —respondí sin darle mucha importancia, enumerando los puntos con mis dedos
—¿Cómo… ¿Cómo sabes eso? —preguntó la chica que me miraba con una pequeña sonrisa que amenazaba con salir.
—Él es pescador, trajo estos mariscos, supongo que por eso lo sabe —respondió Freda; por su parte, la chica se acercó más a mi
—¿Sabes diferenciar qué pez es mejor que otro o tal vez otros mariscos? ¿Cuánto tiempo te tomó aprender sobre este tipo de cosas? —preguntó la chica, bombardeándome con una serie de preguntas relacionadas con diferenciar pescados y mariscos; sus ojos brillaban con un gran interés en el tema. Yo, por mi parte, solté una risa nerviosa
—Oh, perdón, me emociono mucho con temas que no conozco, pero gracias por decirme lo del cangrejo —dijo la chica con una sonrisa mientras cambiaba el cangrejo que llevaba por el otro que mencioné que estaba mejor—. Nos vemos otro día, señora Freda, y gracias por el consejo, chico pescador —dijo la chica mientras se alejaba
—¿Me llamo chico pescador…? —pregunté a mí mismo en voz alta
—Pues técnicamente estuvo bien, eres un pescador, ¿no? —preguntó la señora Freda con un tono que recordaba a la burla
Editado: 09.09.2026