Un amor a contraluz

Sábado 13 de Mayo

Llevábamos diez horas de viaje y yo ya estaba destrozada.

Ahora estábamos parados en una gasolinera perdida en medio de la nada. Pero por suerte había una tienda 24 horas con un par de mesas donde sestarse.

Entre en la tienda haciendo sonar la campana y me dirigí directamente a los refrigeradores y agarré una botella de agua extra fría. Mientras me dirigí al auto pago agarré un paquete de galletas y me dirigí a la única mesa alta libre junto a la ventana.

Trepe por las sillas hasta que me senté con un largo resoplido mirando a mi alrededor.

Liam estaba ahora en el auto pago junto a los mastodontes de sus amigos y compañeros de equipo. Desde que llegamos a los aparcamientos del instituto cada uno se fue por su lado.

Yo me senté todo el camino en el autobús sola mientras él se sentó con sus amigos en la otra punta del autobús ignorando la conversación que tuvimos en la puerta de mi casa.

Pero no tenía tiempo para pensar en eso. Porque mi cuerpo estaba al borde del colapso y todavía nos quedaba más de la mitad del camino.

Me negaba a dormirme. Me negaba a bajar la guardia en un autobús hasta anima de los animales salvajes que se hacían llamar mis compañeros, de madrugada.

Y mi cuerpo ya se estaba comenzando a rebelar.

El agua de la botella resbalo por mi garganta como un afrodisiaco y apoye la frente contra mi brazo cerrando los ojos con un suspiro.

Al menos podría estar en paz los pocos minutos que duraba está parada.

Pero claramente eso no podía ser así. Mi vida no podía ser perfecta, aunque solo fuera durante un par de minutos.

Así que levante la cabeza encontrándome a Liam mirándome fijamente cuando dejo algo sobre la mesa.

Se había quitado la sudadera que llevaba del equipo y se había quedado en una camiseta negra pegada al cuerpo que marcaba todos y cada uno de sus músculos definidos por el juego. Baje la mirada hacia mi botella donde descansaba una lata de bebida energética todavía fría con las gotas de condensación resbalando por los bordes junto a una barra de chocolate del tamaño de mi cabeza al lado.

—¿Qué… que haces?

Él no me respondió. Se limito a agarrar su propia lata de bebida energética y la abrió con un chasquido antes de beber. Llevo su cabeza hacia atrás dando grandes sorbos del líquido haciendo que su garganta se moviera con cada esfuerzo.

—Pareces un fantasma— respondió al terminar dejando la lata en la mesa— Y no en el buen sentido. Parece que vas a desmayarte y caerte de la silla en cualquier momento.

—No creo que haya una forma buena de parecer un fantasma Liam— replique frunciendo el ceño— Y no voy a desmayarme.

—Claro que no— respondió y una de sus comisuras se movió en lo que podría ser perfectamente la sobra de una sonrisa— Porque te vas a tomar esta mierda hasta arriba de azúcar y cafeína y te vas a tomar el chocolate. Completo. Porque tiene nueves. Proteínas.

—No me apetece— dije, aunque mi estomago se rebela mandándome un retorcijos de hambre traicionero— No necesito que me traigas comida.

—Por dios Fourier— se quejó poniendo los ojos en blanco— Llevo viéndote muerta desde hace al menos cinco horas. Solo estoy ahorrándonos a todos un viaje al hospital más cercano cuando te desmayes.

Me miró fijamente como si esperara alguna respuesta de mi parte, pero no obtuvo ninguna.

—Así que coje la maldita barra y la lata y tómatelo. Y por el amor de dios, deja de mirarme como si hubiera puesto una serpiente en la mesa. La comida no está envenenada ni le e escupido encima. Puedes comértelo tranquilamente.

Estiro su mano y empujo las dos cosas unos centímetros más hacia mí en un gesto tan Liam que casi me hace sonreír.

A regañadientes agarré la barra y la desenvolví dándole un bocado bajo su escrutinio.

Nos quedamos unos minutos así en silencio, yo comiendo lentamente lo que él me trajo y el observándome mientras de vez en cuando le daba pequeños sorbos a su bebida.

De reojo observe al señor Evans, el profesor al mando, bajarse del autobús con un megáfono en mano.

—¡Vengan todos al autobús! ¡que no se quede nadie atrás o se queda para siempre!

La orden fue tan persuasiva que los grupos comenzaron a subirse en hordas al autobús.

Cuando me levanté de mi asiento vi la espalda de Liam caminando ya hacia su grupo con su sudadera al hombro.

Ni siquiera se molestó en despedirse.

Aparte la sensación de decepción que comenzó a crearse en mi estómago y camine hacia el autobús.

Camine por el pasillo de asientos ignorando todas las miradas que se posaban en mi hasta llegar al asiento del fondo. El que había sido mi refugio durante las últimas diez horas.

Al desplomarme contra el asiento del asilo cerré los ojoso apoyando la cabeza contra el respaldar cerrando los ojos. Al menos hasta que el autobús arranque.

Pero de nuevo mi estado de paz pre-viaje se truncó de nuevo cuando el autobús se sumió en un silencio expectante.

Abrí solo un ojo para ver a los mastodontes del equipo de rugbi acercarse a la zona de asientos vacía donde estaba yo.

Mis ojos me abrieron de golpe cuando Jake, uno de los chicos del equipo se tiro sobre los asientos justo delante a los míos girándose sobre ellos para sonreírme.

Lentamente todos y cada uno de los chicos de equipo se fueron sentando en los asientos que flanqueaban el mío mirándome fijamente.

Uno de los últimos en sentarse fue Torre que se sentó en el asiento del pasillo de la fila paralela al mío y se apoyó en sus rodillas para mirarme mejor. Pero su figura fue opacada rápidamente por el torso de Liam que se había puesto delante de mí.

—Aparta— dijo, aunque su voz ya no sonaba a orden, sino a petición.

—¿Qué?

—Que te muevas al asiento de la ventana— repitió de nuevo— Quiero sentarme.

—Pero… este es mi asiento— proteste levantando la mirada para observarlo— He estado sentada aquí durante todo el viaje.




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