Un amor a contraluz

Martes 16 de Mayo

El grupo pareció haberse esfumado.

No había rastro de Liam, de Jake, Torre o de sus novias Sarah y Charlotte. Que habían sido sorprendentemente amables conmigo.

Era medio día cuando me dirigí a la cafetería del hotel para agarrar algo de merendar. El día anterior cuando regresamos de visitar el lago había descubierto una habitación en la segunda planta con aspecto de ser cómoda. Y lo mejor. Es que por lo que había visto, siempre estaba vacío.

Cuando entre en la cafetería el lugar estaba semi vacío para mi suerte. Me limite a agarrar con rapidez un sándwich integral con pavo y queso y el primer batido que vi.

Cuando ya había pagado me gire sobre mis talones y arranque el camino de vuelta a la puerta de salida. Mi intención era llegar a esa sala sin que nadie me viera y al menos merendar tranquila.
Al abrir la puerta me choque contra alguien más que estaba entrando a mí misma vez. Cuando levanté la cabeza me encontré con unos ojos grises a los que me estaba empezando a acostumbrar.

Liam se quedó parado en la puerta observándome con los ojos un poco abiertos de la sorpresa. Ninguno menciono una palabra durante el tiempo que estuvimos mirándonos hasta que él se apartó un poco dándome paso.

Asentí sin dirigirle una palabra y seguí mi camino. Escuche sus pasos adentrándose en la cafetería, pero no sin antes sentir su mirada abrasándome la nuca.

Subí las escaleras hacia la sala en completo silencio y cuando llegue cerré a mis espaldas dejando mi sándwich y batido sobre la mesa antes de hundirme en el sofá de cuero gris que sorprendentemente cómodo.

Agarré el mando de la televisión y la encendí dejándolo en el primer programa que encontré que de casualidad era uno de cocina.

Agarré mi sándwich desenvolviéndolo del plástico en el que los ponían en la cafetería y le di un bocado. Realmente no sabía a nada, pero la simple acción de masticar me relajaba.

Sin darme cuenta me relaje tanto en el sofá hasta que estaba medio despatarrada en él. La puerta de la entrada hizo un ruido raro y me gire esperando ver a Liam o alguno de nuestro instituto husmeando por aburrimiento.

Pero el chico que me encontré no era de nuestra escuela. Llevaba un uniforme de un color diferente al nuestro, y tampoco lo conocía.

Era más grande que Liam o que alguno de los chicos de nuestra escuela. Este parecía mayor que nosotros un par de años, casi rondando la edad de Samuel o de Denzel.

—Vaya, hola— dijo entrando sin pedir permiso— No sabía que este sitio estuviera ocupado.

Su voz me dio mala espina. Era demasiado gruesa, demasiado alegre. Demasiado forzada.

—Estaba viendo la tele— dijo cortante intentando darle a entender que no lo quería aquí.

—Ya veo— respondió ignorando mi tono dando unos pasos en mi dirección— Cosas aburridas ¿no? Un programa de cocina.

No le respondí fijando mi atención en la televisión ignorándolo por completo. Si no le echaba cuenta quizás captaría el mensaje y se marcharía.

—¿De qué colegio eres? —pregunto de nuevo acercándose más— No te he visto antes.

—Hervey College —dije sin ningún ápice de amabilidad en mi tono.

—Ha el colegio de los chicos finos...— respondió con un deje de burla— Y chicas aún más finas...— continúo mirándome de arriba debajo de una forma que no me gusto— Yo de Monteverde. Nos han arrastrado aquí también para una excursión de geología. Es una mierda en realidad. No hay nada que hacer.

Asentí rezando con todas mis fuerzas para que se aburriera y se marchara.

—¿Y tú? ¿Qué haces aquí sola? —pregunto mirándome de nuevo de pies a cabeza— Debería de estar con tus amigos.

—Estoy bien aquí— dije brusca mirándolo malamente— Solo quería estar sola.

Hice más énfasis en la palabra sola esperando que por algún milagro divino captara el mensaje y se largara por donde había venido.

—Estar solo está sobrevalorado— dijo sentándose en el brazo del sofá justo a mi lado invadiendo mi espacio personal sin permiso y pasando su brazo por detrás de mi cabeza en el respaldo— Vamos, deja de ser antisocial. Podemos ver algo más divertido que ese muermo de programa.

—En serio, prefiero no tener compañía— repetí.

El me ignoro por completo, como si yo solo fuera una mosca en su oreja y cambio el canal después de agarrar el mando de la mesa.

Paso un par de canales y lo puso en unas carreras de motos subiendo tanto el volumen que hasta me comenzó a doler la cabeza.

—¡Eso está mejor! — exclamo dejando el mando de nuevo en la mesa— ¿Cómo te llamas?
Intente sepárame de el pero mientras más me alejaba más se movía el acercándose.

—Yvonne— respondí resignada.

—Yvonne— respondió probando el nombre en su boca. Pero no me gusto como sonó en el— Muy bonito. Yo soy Marc

Asentí de nuevo fijando mi atención en la pantalla. Deje que los primeros minutos corrieran de forma eterna hasta que ya mi paciencia termino de agotarse.

—Me tengo que ir— dije bruscamente levantándome alejándome de golpe de él.

—¿Tan pronto? —pregunto sonriéndome sin un ápice de amabilidad conforme se le oscurecía la mirada— Pero si acabamos de empezar a conocernos.

Intente esquivarlo, pero él se puso de pie bloqueándome el camino con su cuerpo.

—Por favor, déjame pasar.

—Tranquila, solo estoy bromeando— dijo, pero no se apartó ni un centímetro— ¿Qué tal si nos tomamos algo? Abajo tienen una máquina de refrescos.

—No gracias— replique dando un paso al lado tratando de esquivarlo.

Antes de que pudiera apartarme del todo su mano se alargó cerrándose en mi muñeca con fuerza tirando de mi hacia él.

—Vamos, mujer. No seas así— dijo, aunque ya no me hablo con amabilidad— Solo es una bebida.

—¡Suéltame! —exclame tratando de soltarme, pero era como intentar soltarme de unas mandíbulas mecánicas.

—Tranquila— dijo alargando una de sus manos para tocarme la mejilla, pero me aparte chocándome con el brazo del sillón— Solo quiero hablar.




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