Un amor a contraluz

Miércoles 24 de Mayo

Llevaba más de veinte minutos dejando que el agua corriera sobre mí, mientras mi mente no dejaba de viajar a él.

No había ido a clase de deportes. Y a ninguna de las que tuvimos en todo el día.

Su silla permaneció vacía todo el tiempo. Sara y Charlotte me dijeron que estaba enfermo en su casa. Pero Jake y Torre me dijeron que estaba de viaje visitando a unos primos. Ninguna versión encajaba

Y mientras tanto todo se resumía a una sola cosa.

La caja con las fotos.

La nota.

Croft.

Cerré los ojos dejando que las imágenes llenaran mi memoria mientras el agua caliente me golpeaba la cara.

Liam durmiendo en aquel espacio diminuto en el autobús mientras mi cabeza permanecía recostada contra su pecho y su brazo en mi cintura.

¿Cuándo la tomo? ¿Quién fue? ¿Por qué?

Mi corazón se aceleró de tan solo recordarlo. No fue la primera vez que me pasaba. Desde anoche que abrí la caja, cada vez que lo recordaba ocurría.

Mi corazón se aceleraba tanto que sentía que iba a darme algo.

Y luego estaba mi madre

Anoche no paro de hablar de las fotos. Las extendió sobre la mesa del comedor, las miro una por una, clasificándolas.

—Esta para el marco del pasillo. Esta para la mesita de noche. Esta se la mandamos a Samuel por WhatsApp— recordé que dijo poniéndolas en fila delante suya.

No tuve el valor para decirle la verdad.

La vi emocionada, sonriendo como no lo hacía desde antes de que papa se marchara. Y no tuve el corazón para decirle que la misma persona que las había tomado. Que había hecho posible que esos momentos ocurrieran. Era el mismo chico que llevaba tres años atormentándome.

El agua comenzó a salir fría cuando cerré el grifo para salir.

El silencio en las duchas era envolvente, solo roto ocasionalmente por un goteo constante de las duchas contiguas.

Respire aliviada sintiendo todos mis músculos relajados.

Hasta que trate de abrir la puerta. No se movió.

Trate de abrirla, una, dos, tres veces. Pensando que el pestillo se había atrancado, pero cuando me fijé me di cuenta de la realidad.

A través de la pequeña rendija entre el marco y la puerta vi un trozo de cuerda. No solo uno.

muchos

Habían bloqueado la puerta.

—¿Necesitas ayuda? — resonó una voz en el otro lado de la puerta.

Era demasiado alegre. Demasiado familiar.

Cuando comprendí a quien pertenecía se me helo la sangre dejándome completamente inmóvil en mi sitio.

Trate de abrir la puerta nuevamente. Pero nada. Era completamente imposible.

—Vaya, vaya— canturreo Chloe al otro lado de la puerta— Parece que la erudita está en problemas.

—¿Qué habéis hecho? —pregunte odiándome por sonar débil.

Su risa resonó acompañada por la de Marianne.

—¿De verdad pensaste que ibas a librarte de nosotras? —Pregunto Chole de forma melosa—¿Por qué hayas ido a una excursión con los chicos de equipo? ¿Por qué Liam decida hacerte de perrito faldero?

—Ingenia— se unió Marianne—Muy ingenua.

Pude imaginármelas de brazo cruzados frente a donde estaba encerrada con una sonrisa malévola.

—Abrirme la puerta— dije desesperada golpeando la estructura de madera con la mano— Esto no tiene gracia.

—¿No la tiene? — rio Chloe— A mí me parece la cosa más divertida que he vivido nunca. La pequeña Fournier, atrapada en las duchas. Sin toalla. Sin ropa. Sin teléfono.

Entonces fue cuando lo recordé.

Mi mochila con mi ropa y mis cosas estaba al otro lado de la puerta. En los bancos pasa sentarse.

—Vais a tener que abrirme en algún momento— dije temblando— La profesora de educación física pasara lista. Se dará cuenta de no estoy en clase.

—¿La profesora? —Marian rio— ¿Collins? La que siempre llega tarde y nunca se entera de nada. La que lleva gafas de aumento y no ve más allá de sus apuntes. Por el amor de dios Fournier. Dije que eras ingenua, pero no creía que llegaras a tanto.

—Tenemos todo el tiempo del mundo— arrastro las palabras Chloe— Hasta que alguien venga a las duchas de nuevo pueden pasar horas. Quizás un par de ellas. O puede que no entre nadie hasta mañana.

Rieron las dos al mismo tiempo.

—Por favor— susurre— No hagáis esto. Abridme la puerta.

—¿Por favor? — Repitió Chloe— ¿Has dicho por favor? Marianne, ¿Has oído eso? La señorita perfecta, la que siempre mira por encima del hombro, diciendo por favor.

—Que patética— silbo Marianne—¿Y ahora que planeas hacer? ¿Vas a llorar? ¿Vas a llamas a tu querido hermanito para que te salve? ¿O a tu noviete universitario? ¿O planeas llamar a Liam llorando? — gruño pronunciando su nombre con desprecio— Aunque ninguno de los tres está aquí para salvarte. Qué casualidad ¿Cierto? Justo el día que te damos un escarmiento Liam decide esconderse en su casa como un niño pequeño.

—No tiene nada que ver con el— dije apretando mis manos contra la puerta— Esto es entre nosotras.

—¿Entre nosotras? —pregunto irónicamente— No, chica. Esto no es entre nosotras. Esto es entre tu y la realidad. Tú, que piensas que puedes esconderte en la biblioteca y hacerse la interesante. Tú, que se te crees que porque un par de chicos del equipo y sus novias te dirijan la palabra ya eres alguien. Que te crees especial porque Croft le ha lanzado un par de miradas.

—No es eso— trate de defenderme

—Claro que no— corto Marianne con burla— Eres más ilusa de lo que pensaba. Una ilusa que todavía no se ha dado cuenta que todo es un juego para ellos. La obra de caridad de sus vidas. La rara a la que intentan incluir para sentirse mejor consigo mismos. Pero cuando se aburran, te darán la patada y tú, quedaras lejos. Como siempre has tenido que estar.

—No es cierto.

—¿No? —pregunto Chloe golpeando la estructura de madera con algo metálico— Entonces ¿Dónde está ahora tu querido Liam? ¿Por qué no está aquí para salvarte? ¿Eh? Dímelo.

Aprete los labios dejando que el silencio se alargara.




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