Un amor a contraluz

Lunes 19 de Junio

Había pasado todo el día detrás suya.

Sin exagerar.

Desde que sonó el timbre a primera hora de la mañana lo había perseguido por cada uno de los rincones del instituto como si me tratara de su sombra.

A-co-sa-do-ra

Así me sentía. Como una acosadora pegada a su espalda.

Y realmente sabia que así me estaban viendo todos.

Pero poco podía importarme.

—¿Me puedes decir que haces? —pregunto por enésima cuando doble la esquina del pasillo.

Se encontraba apoyado contra las taquillas con los brazos cruzados sobre el pecho haciendo que la camisa del uniforme se tensara en sus hombros haciéndolo ver más intimidando de lo que ya era.

Me pare en seco jadeando un poco.

No era una tarea fácil perseguirlo si teníamos en cuenta que sus piernas medias casi la mitad que mi cuerpo en general.

—Nada—respondí— solo… voy a clase.

—Vas a clase desde primera hora. Detrás de mí. —levanto una ceja— ¿En serio?

—Casualidad.

Soltó una risa corta y seca revolviéndose el pelo con una de sus manos causando que la camisa se estirara marcando su abdominales obligándome a desviar la mirada.

—Casualidad— repitió lentamente con sorna— Claro. Y yo soy el rey perdido de Inglaterra.

—No lo sé— responde encogiéndome de hombros. —¿Lo eres?

Me fulmino con la mirada, pero aun así no pudo evitar que una de sus comisuras se curvara en una sonrisa.

—Vete a clase Fournier.

—En eso estoy.

—Pues deja de seguirme.

—No te sigo.

—Llevas seis horas siguiéndome.

—Eso son exageraciones tuyas.

Dio un paso hacia mí, luego otro. Hasta que estaba tan cerca que tuve que levantar la cabeza para mirarlo a la cara.

—Yvonne— pronuncio lentamente— Suelta

—¿El que?

—Lo que sea que te traes entre manos. Dilo de una vez.

—No tramo nada.

Me miro fijamente recorriendo mi cara. Sus ojos pasaron por mi nariz, mis labios y luego regresaron a mis ojos.

—Mientes fatal— acabo murmurando.

—No miento

—Mientes tan mal que hasta da pena.

—¡No doy pena! —proteste pero me di cuenta demasiado tarde que había caido en su trampa— Quiero decir... yo… tu… yo no…

Sonrió abiertamente.

Esa sonrisa debería de estar prohibida por ley.

—Atrápame si puedes Fournier

Y echo a correr.

—¡Liam! —grite.

El ya estaba doblando la esquina del pasillo.

Maldito deportista y su facilidad para correr rápido.

Pero no me quede atrás.

Mis piernas eran mucho mas cortas que las de el y no tenia resistencia. Pero tenia algo a mi favor.

Era testaruda.

Quería obtener información sobre el vestido. Y no iba a parar hasta conseguirla.

Doble la esquina y vi su espalda desaparecer al fondo hacia la puerta que llevaba al patio trasero.

—¡Para! —grite—¡Detente ahora mismo!

No paro, obviamente.

Aceleré todo lo que pide, pero cuando atravesé la puerta el que estaba cruzando el campo de rugby a zancadas.

—‘Liam Croft! —vocifere— ¡No puedes huir de mi eternamente!

Se giro sin detenerse ni reducir la velocidad sonriendo.

—¿Quieres apostar?

Y el maldito acelero más.

Bufe sin detenerme. El césped estaba húmedo bajo mis pies y mis zapatillas resbalaban un poco pero no me detuve. No podía detenerme.

—¿A dónde crees que vas? —grite mientras corría.

—¡Lejos de tu Fournier!

—¡Es imposible! ¡Estoy en todas partes!

El soltó una carcajada, de esas que solo había escuchado dos veces mal contadas y por un momento casi me olvide de porque lo perseguía.

—Casi.

—¡Dame una pista! —exigí

—¡no!

—¡Liam!

—¡He dicho que no!

Aprete los dientes y reuniendo la poca energía que me quedaba acelere. El también. Aunque no lo necesitaba porque de por sí ya era más rápido que yo.

Hasta que llego a la valla del fondo, la que daba al bosquecillo que había detrás del instituto.

Estaba cerrada con candado desde segundo año.

Se detuvo en seco maldiciendo entre dientes. Yo por mi parte me pare detrás de él jadeando.

—¿Se puede saber…—jadee—por qué corres… como si te persiguiera… la policía?

Se giro lentamente mirándome con los ojos entrecerrados y la respiración solo un poco acelerada.

—Porque me persigues tu— respondió— Que es peor.

—No es para tanto

—Llevas todo el puto día detrás de mi Yvonne. He ido al baño tres veces, y todas te he encontrado esperando en la puerta.

—Eso ha sido casualidad. Estaba pasando por ahí.

—¡No ha sido casualidad! —exploto— ¡Te he visto esconderte detrás de una papelera!

—Estaba… recogiendo un papel.

—¡No había ningún papel!

—Lo había— me defendí— Tu no lo has visto.

Se paso las manos por la cara frotándose los ojos con la palma como si me tratara de un dolor de cabeza monumental.

Y puede que lo fuera.

—¿Qué quieres? —pregunto al fin tan derrotado que me lleno de satisfacción— Dime que quieres y acaba ya con mi sufrimiento.

Sonreí. Triunfante.

—Quero que me des una pista del vestido.

—No.

—¡Liam!

—He dicho que no.

—¡Pero me dijiste que tenias mi vestido de graduación!

—Y lo tengo.

—¡Pues dame una pista!

—No

Cruce los brazos sobre el pecho y lo fulmine con la mirada. El me devolvió el gesto mas cansado que furioso.

—Vas a estar todo el día así ¿no?

—Todo el día. Toda la semana. Todo el tiempo que sea necesario.

—Joder— mascullo.

—Hasta que me des, aunque sea solo una pista de como es el vestido.

Me miro largamente de nuevo recalculando sus opciones.

—Vale— hablo al fin— Te lo voy a decir.

Mis ojos se abrieron de par en par y el corazón me dio un vuelco.

—¿En serio?

—Si.

Di un paso hacia él, expectante conteniendo la respiración.

Abrió la boca y contuve la respiración.

Y…

—No.

—¡¿No?! —grite—¡Acabas de decir que si!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.