Un amor a contraluz

Martes 27 de Junio

—Yvonne deja de moverte— dijo Charlotte a mi lado, aunque no podía evitar sonreír— Me estas mareando.

—No puedo evitarlo— respondí sin dejar de brincar— ¡Es Samuel! ¡Lleva tres meses fuera!

Los tacones golpeaban contra el suelo de mármol del aeropuerto con cada uno de los saltos. Eran tacones altos, de esos que solo había utilizado dos veces en mi vida, de color nude que combinaba perfectamente on el vestido.

Baje la mirada para comprobar que todo no se trataba de un sueño.

Porque llevaba tres días flotando. Desde que abrí la caja y ley la nota lo supe.

No había vuelta atrás.

Después de sus palabras no había opción de retroceso.

En la noche, el estaría allí. En nuestra graduación.

Donde todo el mundo pudiera vernos.

—¿Seguro que podemos estar aquí? —pregunte mirando a mi alrededor— Esto parece un lugar muy… exclusivo.

Torre se encogió de hombros desde su lugar en el sofá de la terminal.

—Son los Vanderbilt, Yvonne. Pueden permitirse lo que quieran.

—Pero no soy una Vanderbilt.

—Eres la hermana de Samuel— menciono Charlotte dando un paso al frente— Y Samuel trabaja para ellos. Técnicamente tienes pase libre.

Seguía sin poder comprenderlo del todo. Samuel me llamo antes de que me acostara para decirme que el vuelo llegaría por una terminar privada. Que había una sorpresa.

Me pase toda la noche preguntándome que clase de sorpresa era tan importante como para que requiriera una terminar privada.

Aunque en el fondo no me importaba lo más mínimo. Lu único a lo que podía estar atenta era al echo de que estaba llegando.

Que iba a verlo. Que iba a abrazarlo.

—Allí—grito Charlotte señalando el cristal— ¡Esta aterrizando!

Mi mirada voló hacia la pista y encontré un avión pequeñito tocando pista.

Se deslizo por la pista acercándose a donde nos encontrábamos. Se detuvo a veinte metros de la sala VIP donde nos encontrábamos.

El corazón me latía con fuerza en la garganta y el deje el café que tenia entre las manos en la mesa sin mirarlo.

—Tranquila—Torre me dio unas palmadas en la espalda que casi me mandaron contra la pared— Que va a llegar, no te va a dejar plantada.

—Lose— susurre con la voz estrangulada— Lo se.

Pero no pude evitarlo.

Cuando las escalerillas se desplegaron contra el fuselaje y apareció la primera figura el mundo se detuvo.

Samuel.

Mi hermano.

Bajo los escalones con su característica forma de andar, segura y tranquila.

Llevaba un traje azul que jamás le había visto y el pelo un poco más largo que la última vez que lo vi.

Parecía… diferente.

Mas mayor.

Pero era él.

Y no venia solo.

Una pareja bajo tras de él.

Una mujer y un hombre.

El hombre era alto, con el pelo canoso en las sienes y un traje de diseñador. La mujer era rubia con un vestido azul que combinaba con el tono del cielo y una sonrisa amable que se notaba desde la distancia.

Bajaron juntos, despacio hablando entre ellos mientras Samuel esperaba al pie de la escalerilla.

Pero una cuarta persona salió del avión.

Un chico. Tenia mas o menos mi edad. Tal vez algo mayor. Pelo castaño desordenado y ojos azules claros, casi transparentes.

Llevaba una expresión de aburrimiento de ¿Qué cojones hago yo aquí?

No sonríe ni mira a nadie, solo baja los escalones con las manos metidas en los bolsillos y la mirada perdida en algún punto del horizonte.

—¿Quiénes son? —pregunte sin apartar la visa.

—Loa Vanderbilt— respondió Torre en voz baja— La familia mas rica de toda Manhattan, básicamente.

—Ya, pero ¿Qué hacen aquí? ¿Y con samuel?

Nadie me respondió.

Samuel levanto la vista encontrándose conmigo. Su cara se ilumino y extendió los brazos a ambos lados de su cuerpo.

—¡YVONNE!

Su grito retumbo en cada espacio de la pista privada pero no pareció importarle. Y a mi menos.

Antes de que pudiera procesar nada ya me había lanzado corriendo hacia él, Charlotte a mis espaldas me grito preocupada por que me cayera, pero no pude procesarlo.

Mis tacones resonaron por es asfalto de la pista conforme mas me acercaba a él. Cruce los metros en segundos que se me hicieron eternos mientras que Samuel espero pacientemente en su sitio completamente inmóvil.

—¡SAMUEL!

Corrí. Corrí exactamente igual que en el hotel mientras Marc me perseguía.

Pero en este ocasión era diferente.

Ahora no estaba huyendo.

Cuando estuve a su altura me lancé contra el con todas mis fuerzas estrellándome contra su pecho. Sus brazos no tardaron en envolverme y estrecharme contra él.

Me levanto del suelo girando conmigo en volandas y solo pude aferrarme a su cuello.

—¡Yvi! —rio contra mi oído— ¡Mi pequeña hermanita!

—No utilices diminutivos— proteste, pero mis brazos solo se aferraron mas fuerte.

Me sostuvo un momento apretándome contra el con más fuerza antes de soltarme lentamente.

—Te he echado tanto de menos— susurre todavía sin poder separarme de su pecho aun incluso cuando su agarre se aflojo.

—Yo también, pequeña. Yo también.

Cuando sus manos se posaron en mis hombros y me separaron de el lentamente sus ojos se abrieron. Luego mucho más.

—Pero… ¿Qué? — balbuceo— Yvonne… ¿Eres tú?

Me reí sonrojándome

—Si Sam. Soy yo.

—Este vestido…— paso las manos por el aire a mi alrededor sin atreverse a tocar nada— Es… eres… estas…

—¿Guapa? —sugerí.

Negó con la cabeza mirándome estupefacto.

—Preciosa— corrigio con suavidad— Estas preciosa Yvonne.

El calor en mis mejillas se intensifico considerablemente.

—Gracias—murmure.

—¿Dónde lo has comprado? ¿Cuándo?

—Es una larga historia.

—Pues vas a contármela—afirmo— Toda. Enterita. Con pelos y señales.

—Te lo contare—prometí— te lo prometo.

—¿Promesa de Fournier?

—Promesa de Fournier.

Sonrió, y por un momento el año separados, las burlas de Chloe, el comportamiento confuso de Liam hace meses. Todo desapareció.




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