Un amor a contraluz

Miércoles 24 de Mayo

El sonido de la puerta de mi casillero cerrándose retumbo a mis espaldas.

El metal frio vibro en mis dedos un instante antes de quedarse quieto al igual que todo a mi alrededor los últimos días.

Las clases ya habían empezado, pero hoy tenía un permiso especial para salir mas temprano.

Tenía que ir al médico para que me revisaran el tobillo, aunque no fuera completamente necesario porque ya casi ni dolía.

No sabia si sentir alivio o temor por el hecho de que no había visto a Liam Croft en todo el día.

De por si era complicado no encontrarte mas de dos veces con una misma persona en un instituto tan chico como lo era el nuestro. Pero él había conseguido no cruzarse conmigo ni una sola vez en el día.

Desde que la caja con las fotos llego a mi casa no pude de dejar de darle vueltas a porque alguien como el haría algo así.

No me cabía en la cabeza que alguien como lo era Liam Croft pudiera a llegar a hacer algo así por alguien sin querer algo a cambio. Y eso era lo que me atormentaba.

Eso y que cada vez que salía de mi habitación me encontraba con la imagen de Liam durmiendo en mi pasillo.

Porque mi madre había decidido que lo mejor que podía hacer con ellas era enmarcarlas y ponerlas en los pasillos.

Respire hondo y aprete la correa de mi mochila comenzando a avanzar por el pasillo sin ningún tipo de paz ya que cada esquina que cogía las probabilidades de que me lo encontrara aumentaban considerablemente.

Me dirigía a educación física. La clase que mas odiaba después de Alemán.

Mis zapatillas hacían un suabe Tac. Tac. casi satisfactorio conforme bajaba las escaleras que daban al patio. La barandilla de metal estaba fría al tacto bajo mi palma y la luz del sol entraba por los ventanales de las escaleras que me obligaba a entrecerrar los ojos.

Cuando llegué al final de las escaleras comprobé que el patio estaba casi vacío a excepción de dos figuras apoyadas en la pared junto a la fuente del patio.

Y quien mas podía ser que Liam.

Estaba acompañado de un chico que no conseguía reconocer. Ambos llevaban el chándal de entrenamiento, pero a diferencia de Liam el otro chico sostenía bajo el brazo una carpeta de color azul.

Estaban hablando, o al menos eso es lo que parecía. El chico hablaba gesticulando con las manos y imam lo observaba respondiendo y asintiendo casa pocas oraciones.

Mi cuerpo permaneció inmóvil en la puerta de las escaleras, petrificado. Mis pies habían dejado de moverse, permaneciendo pegados al suelo, mientras el mundo siguió girando a mi alrededor.

Quizás fue porque sintió mi mirada, o quizás por pura intuición, pero Liam giro la cabeza.

Y me miro.

Sus ojos se clavaron en los míos. No sonrió, ni se apartó de la pared.

Somo se mantuvo mirándome fijamente por un instante ridículamente largo antes de deviar de nuevo la mirada hacia el chico a su lado.

Así, como si nada.

Como si me tratara de una mancha en la pared de la que había acabado de tomar conciencia volvió nuevamente a su conversación con el chico respondiéndole a algo que había dicho.

Y lo peor de todo fue la forma en la que mi corazón se contrajo y tuve que apretar los labio comenzando a caminar.

Seguí caminando, aunque mis piernas se quejaran y quisieran seguir manteniéndose quitas, pero se lo iba a impedir hasta al menos pasara por su lado y m loe alejara lo suficiente para poder detenerme en algún lugar en el que el no pudiera verme.

Pero tampoco logre llegar tan lejos como me hubiera gustado cuando una figura se paro frente a mi tan solo un par de metros por delante.

El señor Harrison camino en mi dirección con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de traje gris.

El señor Harrison era el coordinador de disciplinas. El hombre al que nadie quería ver frente a si porque siempre significaba, problemas.

—Señorita Fournier— se pare frente a mi sacando las manos de sus bolsillos para entrelazarlas frente a él.

Parpadee confundida, repasando mentalmente la última semana buscando algún indicio que provocara que la persona mas temida de todo el instituto, después del director y su hijo, estuviera frente a mí.

Y para mi absoluto horror no encontré nada de lo que yo fuera consiente para que ocasionara esta conversación.

—Señor Harrison— me enderece por reflejo soltando un graznido— ¿Pao algo?

El profesor no me respondió de inmediato, mas bien se concentro a analizarme durante un par de segundo para a continuación desentrelazar los dedos y hacer un gesto al edificio del que acababa de salir.

—Acompáñame, por favor.

—¿A dónde?

—El director tiene que hablar con usted en su despacho.

Mis piernas ya de por su entumecidas temblaron por un instante tan largo que temí caerme al suelo de cara.

¿El señor Croft? ¿Que podría querer ese hombre de mí?

Las miles de posibilidades inundaron mi cabeza en ráfagas dejándome mareada.

—Señorita Fournier— la voz del señor Harrison rompió mis pensamientos impaciente— No tenemos todo el día.




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