Un amor a contraluz

Miércoles 24 de Mayo

—¡¿Cómo?!

—Su hermano Samuel ya ha hecho todos los arreglos— explico el director Croft sentado detrás de su escritorio ajustándose sus gafas— Maddox se quedará en la habitación de invitados por los próximos quince meses. su madre ya lo sabe y a firmado el consentimiento.

—¿Mi… mi madre lo sabe? —atine a preguntar en mi completo estupor.

—Se le informo ayer por la tarde— asintió como confirmación.

Me gire hacia el castaño sentado a mi lado y el me devolvió la mirada con sus ojos pálidos e impasibles como si nada en el mundo pudiera llamar su atención lo mas mínimo.

—¿Y… por qué? —pregunte— ¿Por qué tiene que quedarse en mi casa? ¿Quién se supone que es él?

El señor Croft suspiro pesadamente recostándose en su silla.

—Maddox Vanderbilt es el hijo menos de los Vanderbilt de Manhattan. Quizás has oído hablar de ellos.

Los Vanderbeilt.

Por supuesto que había oído hablar de ellos.

Samuel se paso tres días seguidos comiéndome la cabeza sobre ellos cuando consiguió un puesto en una de sus empresas en Londres.

Lo único que se me escapaba es que, como mi hermano, un trabajador a medio tiempo en una franquicia, había conseguido que las personas más ricas de estados unidos le confiaran a uno de sus hijos para llevarlo a vivir a la casa de su infancia durante mas de un año.

Sobre al más problemático de los tres, el mediano.

El que, según algunos rumores en revistas de cotilleo, tuvo que ser apartado de su propio entorno hace años porque las cosas se pusieron feas. Muy feas.

Y ahora estaba aquí.

En Northwood.

En mi instituto.

Y iba a vivir en mi casa.

—Samuel— susurre para mí misma— Samuel ha organizado todo esto.

—Tu hermano a considerado que Maddox necesita un entorno…. Mas tranquilo durante los próximos meses— dijo lentamente el director— Y ustedes, los Fourniers, encajáis a la perfección con el entorno el Maddox necesita.

Y el susodicho se limito a mirarme sin abrir la boca y en sus ojos no había ni curiosidad ni siquiera incomodidad. Solo algo que no lograba llegar a descifrar y me helaba la sangre.

—¿Cuánto tiempo a dicho?

—Quince meses.

Lo que equivalía a un año y tres meses.

Muchísimo mas de lo que quedaba de curso.

—No puede ser— dije más alto de lo que pretendía— ¿Cómo es esto posible? Samuel no puede… el no tomaría una decisión así sin consultarme. Sin avisar semanas antes a mi madre. Sin…

Me interrumpí a mí misma porque sentía como estaba haciendo el ridículo.

—Su madre ya ha firmado todos los papeles, señorita Fournier. Todo esta en orden. Maddox se quedará con ustedes. No hay mas que discutir.

Aprete los puños sobre mis muslos mientras Maddox seguía taladrándome con su mirada y de reojo observe como sus labios se curvaban en lo que parecía una sonrisa divertida.

—Bienvenida a tu nueva realidad, Fournier— menciono con una voz mas suave de lo que me imagine— Supongo que vamos a pasar mucho tiempo juntos.

El carraspeo del señor Croft nos interrumpió.

—Señorita Fournier, acompañe a Maddox a la clase de Geografía. El señor Mirren lo espera para incorporarlo a la clase. Y…— hizo una pausa— Intente que se sienta cómodo. Es su responsabilidad ahora.

Como si yo hubiera pedido tener a un extraño en mi casa, invadiendo mi vida.

Me levante de mi silla algo temblorosa y Maddox me imito con tanta parsimonia que me daba nauseas.

Era bastante mas alto de lo que parecía sentado, casi tanto como Liam y cuando se puso a mi lado sentí su presencia como una sombra oscura alargándose sobre mí.

—Después de ti— su mano se movió a la puerta haciendo una seña para que comenzara a andar.

Sali des despacho con Maddox siguiéndome y no pude evitar preguntarme como demonios Samuel había podido hacerme esto, justo ahora.

La lentitud con la que Maddox caminaba a mi lado era casi insultante. Sus manos descansaban en los bolsillos de su chaqueta negra y sus ojos recorrían cada rincón del pasillo con desinterés y tal vez un poco de curiosidad.

Ninguno de los dos soltaba una palabra mientras cruzábamos el pasillo principal y salíamos al patio.

Al salir un grupo de chicos de tercero que corría hacia el edificio de ciencias redujo la marcha para observarnos de reojo, pero ninguno de los dos prestamos atención.

Seguimos caminando hacia el patio en dirección a los vestuarios en la otra punta del instituto hasta que me detuve repentinamente y me giré en su dirección encontrándome a apenas unos pasos de mí.

—¿Algún problema?

La forma en la que preguntaba me daban ganas de gritarme pero me limite a mirarlo fijamente.

Lo observe de arriba abajo buscando cualquier cosa que me ayudara a entender que clase de persona tenia delante.

El pelo castaño despeinado, la mandíbula marcada, los ojos claros y son emoción alguna.

—¿Qué has hecho? —pregunte al fin

El inclino ligeramente l cabeza como si no terminara de entender mi pregunta.

—Para que te echaran de Manhattan y te mandaran a un pueblo perdido en Reino Unido—continue cruzando los brazos sobre mi pecho— Porque esto no es una excursión voluntaria ¿Verdad? Nadie termina en Northwood porque quiera.

—No me gusta la gente de Manhattan— respondió con un encogimiento de hombros.

—¿Esso es una excusa?

—No. Es un hecho.

Me quede mirándolo boquiabierta procesando, o tratando, la falta de información que acababa de soltarme. No sabia si estaba bromeando, si estaba mintiéndome a la cara o su realmente creía que eso era suficiente.

—Vale— hable finalmente—Otra pregunta ¿Has matado a alguien?

Por primera vez desde que lo había conocido un destello de sorpresa pareció cruzar sus ojos dolo un segundo.

—¿Perdona?

—Que si has matado a alguien— repetí mas lento como si estuviera hablando con un crio— Porque vas a vivir en mi casa. en la habitación de al lado. A escasos metros de donde duermo yo. Y si voy a compartir techo con un asesino, quiero saberlo.




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