Un amor a contraluz

Jueves 25 de Mayo

—No puedo creer que mi madre me haya obligado a hacer esto— murmure para mis adentros mientras bajaba las escaleras de la casa haciendo mas ruido de lo habitual.

Maddox ya se encontraba en el recibidor, esperando de pie. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta negra.

Y debajo, para sorpresa de todos, llevaba un chándal gris marengo que le quedaba absurdamente bien.

Es como si todo lo que se pudiera automáticamente se convirtiera en una prenda de una pasarela de moda.

—¿Te gusta? —pregunto cuando vio que me detuve en el ultimo escalón— He pensado que para pasear por este…¿Pueblo? Mejor ir cómodo.

—Es Northwood—corregí con un suspiro— Y supongo que esta bien que vayas en chándal. Al menos no llamaras tanto la atención.

Era completamente mentira, Maddox llamaría la atención se pusiera lo que se pusiera. Porque Northwood nadie se vestía tan bien para ir un jueves por la mañana al supermercado.

—Tu madre ha dicho que me enseñes el pueblo—menciono repitiendo las palabras que seguramente mi madre le había repetido unas veinte veces antes de irse al trabajo— Ha mencionado algo de Green Lane y una tienda de comida.

—Es un supermercado—corregí nuevamente— Y sí. Vamos, pero primero vas a escucharme.

Di un paso en su dirección levantando un dedo acusatorio en el aire.

—Compras lo que necesites. No te separas de mi y no hablas con nadie. ¿Entiendes?

—Tan amable como siempre Fournier.

—Yvonne.

—Como tu digas.

Al salir el aire fresco de la mañana me golpeo la cara.

El cielo estaba despejado, casi azul eléctrico y las nubes apenas se atrevían a asomarse por el horizonte. Maddox caminaba a mi ritmo sin preocuparse por absolutamente nada.

—¿Siempre hace tanto frio aquí? —pregunto después de unos minutos en silencio.

—Estamos en primavera— respondí— Esto es calor para nosotros.

—Dios santo— murmuro escandalizado— Y yo que pensé que Manhattan era frio.

No me moleste en responderle y seguí caminando con la mirada puesta en el asfalto agrietado de la acera, en las vallas de madera que separaban los jardines de las casas y en los coches que llevaban una vida entera aparcados en el mismo sitio sin que nadie los moviera.

Northwood no era bonito ni feo sino…. Northwood. Era un pueblo que existía porque alguien decidió poner una escuela y un instituto aquí y la gente necesitaba vivir cerca.

Después de unos quince minutos de caminata llegamos a Green Lane, la calle principal del pueblo en la que había una farmacia, una panadería, una tienda de segunda mano y el supermercado.

El Food Mart que era mas grande de lo que realmente aparentaba por fuera.

Las puertas automáticas se abriron con un suave silvido cuando nos paramos frente a ellas y el aire cálido de la tienda nos envolvió suavemente junto al olor del pan recién horneado y a limpiador de suelos.

Agarre una cesta de la compra que se encontraban en la entrada y me gire hacia Maddox.

—Que… acogedor—menciono mirando a su alrededor.

—Compra lo que necesites— repetí— Yo voy a por café.

—¿A por café?

—Si, ya echo. En la zona de bebidas.

Me miro como si hubiera dicho que la tierra era plana.

—¿Tienen café ya echo?

—Estamos en Reino unido Maddox. No en el Sahara.

Soltó una risa corta antes de desaparecer por uno de los pasillos sin voltearse a mirarme.

Respiré hondo y me dirigí al fondo de la tienda donde se encontraban las bebidas preparadas, los lácteos y los huevos. Las luces de los refrigeradores parpadeaban suavemente y el suelo se encontraba limpio y reluciente. Tanto que mis zapatillas chirriaban a cada paso que daba.

Había latte, capuchino, moca, con leche de avena, con leche de almendras, con sabor a vainilla, a caramelo, almendras…

Tenia demasiadas opciones y demasiado ruido en la cabeza.

Extendí la mano y agarré una botella de vidrio con una etiqueta negra y dorada en la que decía Cold Brew- Edición especial.

El vidrio estaba frio bajo mis dedos y las gotas de condensación humedecían mis yemas. Lo gire en el aire frente a mi cara para poder leer la etiqueta.

Café de origen colombiano. Notas de chocolate negro y frutos rojos. 100% arábica.

Sonaba ridículamente pretencioso para un pueblo como Northwood, pero era lo único que no tenia azucares añadidos.

Unos dedos largos con las uñas limpias, cortas y sin pintar aparecieron frente a mi cara. Una muñeca gruesa y cubierta por una manga de un suéter azul marino.

Esos dedos envolvieron la botella que estaba sosteniendo y me la quitaron de una forma casi delicada

Me quede con la mano extendida frente a mi cara con los dedos vacíos en el aire todavía curvados en la posición en la que sostenían la botella.

Mi cerebro trato de razonar lo que acababa de ocurrir cuando una honda cálida de un cuerpo humano me rozo la espalda.

Una sombra se poso sobre mi bloqueando la luz blanca de los fluorescentes.

La persona a mis espaldas se encontraba tan cerca que podía su respiración moviendo los pelos de mi coronilla con suavidad.

Me gire lentamente moviendo primero los pies y la cadera seguido del resto del cuerpo para encontrarme con Liam.

Se encontraba tan cerca que tuve que levantar la cabeza para lograr mirarlo a los ojos, ya que mi coronilla apenas llegaba a la zona de su barbilla.

Incline la cabeza hacia atrás y la tela de suéter acabo rozando mis mejillas.

Olía a suavizante y a una colonia con un toque cítrico que reconocía de alguna parte. Un olor familiar que no sabia de donde provenía pero que estaba segura que ya había olido.

Liam por su parte, mientras yo tenía la nariz enterrada en su ropa no me miraba. Estaba demasiado centrado en leer atentamente la etiqueta del envase de vidrio.

Estamos pegados, pecho con pecho y ninguno hacia el mínimo movimiento por separarse.

Desde donde me encontraba podía apreciar con claridad sus ojos grises moviéndose lentamente por la etiqueta, sus pestañas descansaban sobre sus ojos, largas y negras. Mas largas de lo que podía haber esperado de él. Su mandíbula se marcaba de una forma diferente desde este ángulo y parecía mas afilada y marcada de lo que alguna vez podía haberme fijado en clase o en los pasillos.




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