Un amor a contraluz

Lunes 29 de Mayo

—Y entonces le dije que si realmente creía que iba a conseguir algo así en Manhattan estaba equivocado porque allí todo el mundo va a su bola y nadie espera a nadie— estaba diciendo Maddox apoyado en la taquilla a mi lado.

Llevaba al menos cinco minutos hablando de algo a lo que no estaba prestando atención en absoluto.

Cada par de oraciones que decía asentía o murmuraba algo para que pensara que estaba prestando atención, cuando en realidad tenia la cabeza metida en mi casillero tratando de encontrar algo de silencio que no conseguía.

Saque el libro de matemáticas y lo guarde en mi mochila asintiendo a algo que había dicho.

—y yo solo estaba siendo realista ¿no? Quiero decir, si no puedes soportar la verdad no deberías de estar en una sala de juntas…

—Mmm—saque un estuche que ni sabia que tenía.

—supongo que por eso e acabado aquí. No soporto a la gente que no aguanta que le digan la verdad.

—Claro.

Maddox me lanzo una mirada de reojo frunciendo el ceño.

—¿Me estas escuchando?

—Si

—¿De qué estaba hablando?

—De la gente de Manhattan que no soporta que le digan la verdad.

Una de sus cejas se arqueo.

—Te he pillado.

—No me has pillado nada.

—Llevo cinco minutos hablando de mi colección de cromos de Pokémon.

Parpadee girándome de golpe hacia él.

—¿Tienes una colección de cromos de Pokémon?

—No— su sonrisa se ensancho— Pero tu tampoco sabias de que estaba hablando.

Lo fulmine con la mirada antes de regresar mi atención a la taquilla, de donde saque un bloc de dibujo y un segundo estuche de repuesto guardándolos ambos en la mochila. Y bajo mi brazo derecho sujete mi carpeta de lengua con varias hojas sueltas de apuntes y resúmenes.

—Eres muy aburrida, Fournier— se quejo cruzando los brazos—No reaccionas a nada.

—No hay nada a lo que reaccionar.

—Podrías fingir al menos.

—Podrías aprender a mantenerte en silencio.

—Imposible. Ese es mi encanto.

—No hay nada encantador en ti.

—Me estar hiriendo en lo mas hondo de mi alma.

—No tienes alma.

Puso una de sus manos en su pecho simulando que le dolía y puse los ojos en blanco rebuscando por ultima vez para comprobar que no se me quedaba nada.

—¿Cuántas cosas tienes ahí metidas? —se asomo al interior por encima de mi cabeza— Parece una cueva. O el bolso de Mary Poppins.

—Es una taquilla de instituto—respondí secamente— No una cueva.

—Podría jurar que he visto un conejilla asomarse por el fondo.

—No te soporto.

—Eso ya lo se.

Cerré la taquilla y comencé a caminar por el pasillo con Maddox pegado a mi hombro.

Podría haberle dicho que se apartara y me dejara espacio personal pero con Maddox era imposible, además no me molestaba tanto como lo demostraba.

Era como tener un mosquito que no sabia cuando dejar de zumbar.

Pero era mejor que estar sola.

—¿Siempre es así de deprimente?

—Es un instituto— respondí ajustando la mochila en mi hombro— No una discoteca.

—Podrían poner música, al menos. O plantas. Algo que no grite manicomio.

—Puedes hablarlo con el director.

—¿El padre de tu novio?

—No es mi novio—respondí automáticamente.

—¿Entonces que porque te has puesto roja?

Maldije internamente porque, efectivamente, me había puesto colorada.

—Es el calor.

—Estamos en Northwood. La media de este sitio es de once grados. No hace calor.

—Cállate.

—No, porque sabes que te he pillado de nuevo.

Respiré hondo y seguí caminando por el pasillo acelerando un poco el ritmo.

—¿A dónde vamos ahora? —pregunto siguiéndome el ritmo—¿A clase? ¿Al patio? ¿A ese rincón deprimente donde te escondes en los recreos?

—No me escondo.

—Claro que no. Solo desapareces del mapa cada vez que toca el timbre del recreo. Eso no es esconderse, que va.

—¿Puedes dejar de hablar cinco minutos?

—Puedo intentarlo.

—Hazlo.

—Vale.

Hicimos exactamente tres pasos en silencio antes de que volviera a hablar.

—¿Sabes que no entiendo?

—Maddox

—Solo una pregunta.

—No

—¿Porque llevas tantos libros si no los usas?

—Los uso

—En filosofía no has abierto ni uno.

—Estaba tomando apuntes.

—En una libreta vacía.

—Era nueva.

—Sin tocar un solo boli.

Eran apuntes mentales.

—¿Eso existe?
—Si no cierras la boca voy a tomar apuntes mentales de como ocultar un cuerpo en el lago.

Maddox se rio y odiaba admitirlo, pero era un buen sonido.

Seguimos caminando y el comenzó a señalar cosas sin sentido.

—¿Y esa puerta a donde lleva?

—Al gimnasio.

—¿Y esa otra?

—Al edificio de los vestuarios de chicas.

—¿Y esa de ahí?
—A la sala de profesores.

—¿Y esa?

—A ninguna parte. Es un armario de materiales.

Dios mío. Que paciencia más grande tenía.

—Que aburrido— se quejo resoplando.

—La vida es aburrida Maddox.

—La tuya quizás.

—La tuya también, sino no estarías aquí.

El comentario me salió mas afilado de lo que pretendía, pero no respondió ni se rio. Simplemente siguió caminando a mi lado con las manos metidas en los bolsillos y la mirada perdida en el pasillo.

Una ola de culpabilidad me recorrió, pero ni pude decirle nada porque una masa se materializo frente a mi antes de que pudiera girar la esquina del pasillo.

—¡Ah! —grite dando un salto

Mi mochila estuvo apunto de caer al suelo y las hojas de mi cuaderno cayeron todas al suelo cuando lleve mis manos a mi pecho

—Tranquila Fournier— dijo una voz que reconocí al instante— Solo soy yo.

Jake.

El compañero de equipo de Liam, y el rubio del autobús.

Levante la cabeza para encontrarme sus ojso azules a dos palmos de mi cara sonriéndome.

—¿Me has visto la cara?

Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que incluso lo sentía en la palma de mi mano.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.