Un amor a contraluz

Martes 30 de Mayo

La clase de matematicas olía a tiza y a papel viejo.

Estaba sentada en mi sitio habitual en la ultima fila, junto a la ventana.

La luz de la mañana atravesaba los cristales dibujando un rectángulo anaranjado sobre mi mesa y las partículas de polvo se podían ver moviéndose a contraluz.

La clase comenzaba a llenarse poco a poco conforme se acababa el descanso, pero Maddox seguía sin aparecer.

Había faltado a la clase anterior por culpa de los entrenamientos que el entrenador organizaba las primeras horas de clase para el partido del sábado.

El lunes el entrenador solo tuvo que verlo media hora jugar para aceptarlo en el equipo, y desde entonces no había dejado de hablarme del partido.

Según lo que me había comentado, era importante.

Era el primer partido que habría la temporada y era contra los del instituto de Brookfiel, el mismo instituto que llevaba ganándonos tres años consecutivos.

Pero en esta ocasión jugábamos en casa por lo que había tensión en el ambiente.

Todos hablaban de ello, aunque todavía quedara toda la semana para que jugáramos.

Y el echo de que se jugara en nuestro instituto me obligaba a ir a verlo. No porque mee mocionara en rugby o me quisiera.

Sino porque Maddox me obligaba a ir a verlo.

Exhale hondo y apoye mi mejilla contra mi palma mirando por la ventana hacia el patio que estaba vacío y por donde podía ver las gradas del campo de rugby a lo lejos recortando parte del cielo gris.

Por lo que podía apreciar desde donde estaba no había nadie entrenando, lo que significaba que me quedaban varios minutos de paz antes de que Maddox llegara.

Llevaba son verlo desde ayer por la tarde cuando se encerró en su habitación y cerro la puerta sin siquiera despedirse.

A veces era así, callado y distante. Se encerraba en su cabeza y se encerraba en su habitación durante horas, cosa que agradecía.

Apoye la cabeza contra mis brazos cruzados y cerré los ojos dejando que la madera del pupitre enfriara mi mejilla y el olor a lápiz y goma impregnara mis sentidos.

El ruido de la clase se comenzó a convertir en un murmullo cada vez mas lejano volviendo los pasos en ecos y el mundo comenzó a alejarse cada vez más dejándome en ese estado extraño entre el sueño y la conciencia que distorsionaba los sonidos y modificaba el tiempo.

La silla a mi izquierda se movió porque la sentí vibrar contra el suelo y Maddox se sentó a mi lado como ya se había convertido en costumbre.

Por suerte se quedó en silencio, quizás pensando que estaba dormida.

Mejor para mí.

Un momento de silencio después algo cálido y pesado se poso sobre mis hombros.

Fruncí el ceño con la cabeza todavía metida entre mis brazos.

—No tengo ganas de hablar— murmure sin enderezarme— Déjame en paz.

No obtuve ningún tipo de respuesta por su parte lo que seguía siendo un milagro proviniendo de Maddox.

Por lo general, a estas alturas ya estaría soltando algún comentario sarcástico, pero al parecer el entrenador lo había dejado echo polvo esta vez.

O solo estaba tramando algo porque con Maddox nunca se sabía.

—En serio— insistí sin levantar la cabeza— No tengo ganas de tus bromas.

Al no obtener respuesta por segunda vez levante la cabeza lentamente apartando el pelo de la cara y parpadeando varias veces.

Mi boca se quedo entreabierta cuando me encontré a Liam sentado en el sitio que le pertenecía a Maddox.

Llevaba el uniforme de pantalones de traje grises y camisa blanca puesto, con las mangas de la camisa arremangadas hasta los codos dejando sus antebrazos al aire y la corbata gris algo aflojada.

Estaba centrado en el cuaderno que sostenía sobre la mesa y sujetaba un bolígrafo entre los dedos.

Pareció notar mi mirada y sus ojos grises se movieron hacia mi sin mover la cabeza.

Mi corazón se paró y comenzó a latir a toda velocidad, sentí mis mejillas ponerse roja y las puntas de mis orejas calentarse antes de que volviera a centrarse en su cuaderno.

—Parecías dormida— comento.

Su voz era neutra y carente de cualquier tipo de emoción.

—No… no estaba dormida— respondí temblorosa— solo estaba descansando con la cabeza apoyada. Nada más.

Liam asintió y un mechón negro de su pelo cayo sobre su frente.

Mi atención se volvió hacia la prenda negra que seguía sobre mis hombros, no era mi jersey, porque ese estaba apoyado en el respaldo de mi silla. Además, mi jersey era gris y esto era negro.

Sin pensarlo la toque atrapándola con la punta de los dedos y pude diferencias el tejido sube característico de las sudaderas.

Era gigante tapándome hasta casi la cintura y eso que solo estaba apoyada sobre mis hombros.

El la zona del cuello me llamo la atención un bordado en blanco y levante algo la sudadera para poder leerlo.

Mis ojos se abrieron mas de loque ya estaban cuando diferencie las iniciales L.C.

Su sudadera.

La misma que siempre llevaba consigo y que ahora tenia sobre mis hombros por que el la había puesto sin preguntarse ni avisarme.

Mi cerebro se quedo en blanco desconectando de la realidad convirtiendo mi alrededor en un zumbido.

Mis ojos volaron al instante hacia el que seguía escribiendo en su cuaderno fingiendo no notar mi mirada.

Me quede mirando su perfil con los labios entreabiertos. Su mandíbula estaba marcada y tenia una sobra oscura de barba y sus pestañas seguían siendo igual de largas que cuando las vi hace días en el supermercado.

Una figura alta apareció poco a poco en mi campo de visión conforme se acercaba a nosotros.

Maddox caminaba con el uniforme puesto y el pelo algo húmedo. Pero su ceño estaba algo fruncido mirando a Liam.

Se paro frente a ambas mesas mirando a Liam con los brazos cruzados.

—Ese es mi sitio— dijo.

Liam no levanto la cabeza y siguió escribiendo lo que sea que estuviera escribiendo.

—Esta ocupado— respondió.




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