Un amor a contraluz

Sábado 3 de Junio

El frio se había estado calando en mis huesos durante toda la noche.

Hasta que me puse su sudadera.

En el primer descanso del partido Liam se había separado del corillo que se había formado alrededor del entrenador, que estaba dando instrucciones a todos, para cercarse a la zona de la grada donde me encontraba para casi obligarme a ponerme su sudadera.

La sudadera me había cubierto hasta casi la rodilla pasando con creces el borde de mis pantalones cortos de color vaquero que me había puesto, pensando que por algún milagro no haría tanto frio.

Pero me equivoque.

Y Liam no regreso al grupo hasta que confirmo que efectivamente, me la había puesto.

Su olor me había envuelto junto al calor de la prenda durante el ultimo tiempo del partido.

El cual habíamos ganado.

Por primera vez en casi cuatro años, Harvey había ganado la temporada contra Brookfiel, los cuales se habían retirado del campo cabizbajos y en silencio.

Había sido un partido ajustado, que se había mantenido en un empate hasta los últimos dos minutos en los que Torre había marcado el último ensayo dándonos la victoria.

El estadio rugió a mi alrededor y sin saber muy bien el porque me había levantado dejándome la voz como medio campo mientras todo el equipo se hacia una bola en el suelo sobre Torre.

Pero todo había terminado hace quince minutos.

Y yo permanecía en las gradas, ahora sola, con la sudadera de Liam cargando de mi brazo mientras recorría los últimos escalones de las gradas y cruzaba el campo de rugby apenas iluminado por un par de focos dirigiéndome hacia los aparcamientos que de costumbre eran solo de los profesores, pero por esta noche también le pertenecía al equipo.

A lo lejos podía distinguir a Jake y Torre levantando en volandas entre los coches el trofeo que habían ganado.

Una estructura gigante de plata falsa y madera barata que se habían estado pasando entre unos y otros desde que se la entregaron en el campo.

Incluso Liam la había levantado, de echo fue uno de los primeros, y en ese momento sus ojos se encontraron con los míos y una sonrisa apareció en su cara.

Llegue al borde del campo y salte la balla de metal que lo separaba de los aparcamientos y mis zapatillas chocaron contra el cemento.

Había gente por todos lados, gente que no conocía y otros que si. Localice a Maddox con Adam en una de las puertas laterales del edificio donde estaban los vestuarios mientras ambos reían de algo, un poco mas lejos Gio estaba apoyado contra un coche azul marino escuchando algo que Kane le estaba diciendo mientras bebía agua.

Pero mi atención no estaba en ellos.

Estaba en tratar de encontrar a un pelinegro con el numero ocho en la espalda.

Mi intención era devolverle la sudadera y marcharme a casa.

O eso es de lo que trataba de convencerme.

Un nudo comenzó a formarse en mi estomago cuando no lo encontraba.

¿Se habría ido sin avisar din esperar a nadie?

¿Me habría quedado demasiado tiempo en las gradas y se había cansado de esperar?

Aprete la tela de su sudadera contra mi pecho y me giré sobre mí misma mirando entre los coches hasta que lo encontré.

Estaba al fondo de los aparcamientos, cerca de la salida del parking de pie junto a su moto.

Estaba de espaldas a mí, pero seguía con la camiseta del partido llena de barro con un pequeño desgarro sobre el número ocho en su espalda y las calzonas con las que había jugado.

Desde la distancia su espalda parecía mas ancha de lo que me había fijado hasta el momento con las manos distraídas buscando algo dentro de la mochila que estaba sobre el asiento de la moto.

Mientras todos estaban reunidos hablando y riendo el estaba al margen como de costumbre.

Mis piernas comenzaron a moverse solas haciéndome atravesar el aparcamientos esquivando en el camino algunas personas y bordear algunos coches y farolas.

La distancia se fue acortando lentamente y cuando estuve a cinco metros sus hombros se tensaron y sus manos dejaron de moverse dentro de la mochila.

Porque yo tampoco estaba siendo sutil arrastrando los pies contra el asfalto y respirando agitadamente

Su mano derecha se elevo y se poso en el manillar de la moto enroscando sus dedos en el cuero.

No me detuve hasta que llegué a su lado parándome en su lado derecho, justo a su diestra.

Liam ni se inmuto manteniendo su atención en su mochila rebuscando en ella en silencio.

Su mandíbula estaba apretada y tenia un pequeño corte en la ceja que había dejado de sangrar hace poco.

—Liam— lo llame cortando el silencio que nos rodeaba.

Sus hombros se tensaron levemente y giro lo suficiente la cabeza para mirarme nuevamente a través del rabillo del ojo.

Esa mirada.

Esa maldita mirada hacia que me las piernas y las manos me temblaran y el corazón se me aceleraban.

Me quede en silencio, esperando a que dijera algo. Pero no hablo, solo se limito a mirarme en silencio.

—Todavía tengo que devolverte tu sudadera— me sentía como una idiota.

No se como conseguí formar una frase, pero tampoco obtuve respuesta de su parte, así que decidí extender el brazo tendiéndole la sudadera.

Mi brazo temblaba de los nervios y la sudadera se movía levemente en el aire.

La observo un momento antes de volver a subir la mirada hacia mi en completo silencio.

—Liam— insistí acercándola un poco más— Tomalá.

Su mirada bajo a la sudadera nuevamente pero no se detuvo ahí, siguió bajando hasta mis zapatillas y paso por mis piernas hasta llegar a los pantalones cortos siguiendo por mi cintura subiendo hacia la camiseta del equipo, continuando por mi hombros y cuello recorriendo mi cara completa, barbilla, nariz, pómulos, labios hasta detenerse en mis ojos.

Un calor intenso se me agolpo en las mejillas y mis músculos se tensaron mientras mi corazón se aceleraba como nunca antes lo había hecho.




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