Un amor a contraluz

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Liam Croft

El reloj sobre la cabecera de la cama marcaba las siete menos cuarto de la mañana cuando mi teléfono comenzó a sonar en la mesilla que estaba junto a la cama.

Al agarrarlo el brillo de la pantalla me cegó unos segundos antes de distinguir el nombre que parpadeaba.

Maddox Vanderbilt.

El niñato de Manhattan.

Pase el dedo por la pantalla y peque el dispositivo contra a oreja sin ganas.

—Que.

—Buenos días también, Croft. — respondió con ese acento neoyorquino irritante, más despierto de lo que se podía esperar a esas horas de la mañana.

—Son las seis de la mañana— gruñí con odio— Esto tiene que ser una puta emergencia o te juro que…

—Es sobre Yvonne.

Mi cuerpo se erguí ante el nombre y en segundos estaba de pie en calzoncillos en medio de la habitación.

—¿Qué ha pasado? —pregunte atropelladamente mientras buscaba con la mirada algo que ponerme.

—Nada—respondió calmadamente— Bueno, nada grabe. Pero necesito que vengas.

—¿A dónde?

—A casa, ahora mismo.

Parpadee mirando el pantalón de chándal que ya sostenía en mi mano a medio camino de ponerme.

—¿A tu casa? ¿A la casa de Yvonne?

—Es la misma dirección Croft. Usa el cerebro.

Aprete los dientes y arroje el pantalón con rabia contra la pared haciendo que las llaves de casa volaran por la habitación.

—¿Por qué demonios quieres que vaya?

—Tenemos que hablar de ayer.

El partido, el parking. Yvonne mirándome fijamente con una mano extendida con mi sudadera mientras yo permanecía paralizado sin saber que demonios hacer o decir.

Yvonne subiéndose al coche de Adam mientras Kane me soltaba la bronca de mi vida por ser un inútil asustadizo.

—Kane me a dicho lo que tenía que decirme—mi tono seco no se hizo esperar— El plan no funciono. Ya lo se. No necesito que venga un neoyorquino a decírmelo en mi propia casa.

—No es solo eso— su tono cambio pasando de ser burlón a algo mas serio— Tengo uno diferente, pero necesito que vengas. Y necesito que sea ahora, antes de que se despierte.

El silencio se extendió en la línea mientras replanteaba la idea mirando el aire de techo que mi padre adiaba con todo su ser.

—Dame veinte minutos—dije finalmente.

—La puesta estaba abierta.

Cuando colgó me quede un momento en silencio recordando como había comenzado toda esta locura.

Fue hace cuatro años y medio, primer día de clase y estaba sentado junto a Kane escuchando la estúpida presentación del señor Henderson hasta que mi atención se quedo clavada en la chica que entro torpemente. Llevaba el pelo recogido en dos coletas y unas brackets tan grandes que la hacían silbar cuando hablaba.

Se sentó sola en ultima silla y desde entonces no pude apartar mi atención de ella. Tanto fue el impacto que tuve que empezar a ser un gilipollas con ella para que no se me notara lo tanto que me afectaba su presencia.

Hasta que, hacia apenas un mes en la excursión de los lagos, cuando Jake y Torre tiraron de la manta después de lo ocurrido con Mark. Ambos imbéciles corrieron la noticia por el equipo y ahora tenia a un grupo de tíos metiéndose en lo que no les importaba.

Lo habían llamado Operación Croft consigue a la chica.

Torre casi le rompió una botella a Jake en la cabeza por el maldito nombre, y yo lo apoyaba.

Al principio sugirieron que solo me acercara a ella y le hablara directamente, pero con Yvonne Fournier siempre había sido diferente.

Había algo en ella que la hacía diferente de cualquier otra chica que podría llegar a conocer nunca a lo largo de mi vida.

Y eso lo volvía todo mucho mas complicado.

Pero quince minutos después de que colgara la llamada mi moto aparco frente a la casa de Yvonne.

La casa de los Fournier estaba al final de una calle arbolada en Clare Court con un jardín pequeño, pero bien cuidado, una verja blanca que necesitaba una mano de pintura y un porche con una mecedora que crujía cuando hacia viento.

Me baje de la moto dejándola en el bordillo de la acera y me quede mirado la fachada blanca de la casa.

La ventana de la habitación de Yvonne se encontraba en la primera planta, donde podría reconocerla entre cien casas idénticas.

Las cortinas todavía estaban echadas ya que los domingos solía despertarse sobre las nueve de la mañana.

Me encontré la puerta de la entrada tal y como Maddox había dicho, pero aun así llamé tres veces con los nudillos, más por educación que por necesidad.

Los segundos pasaron lentamente hasta que la puerta termino de abrirse dejando ver a Maddox en pantalones negros de pijama y sin camiseta.

—Llegas pronto.

—Has llamado a las seis de la mañana— respondo receloso—¿Cuánto tiempo creías que iba a tardar?

Se encogió de hombros con indiferencia y me hizo un gesto de cabeza hacia el interior de la casa.

—Pasa— comento empezando a caminar hacia el interior—Pero baja la voz que Yvonne está durmiendo y aquí las paredes son de papel.

Dude un segundo antes de cerrar la puerta a mis espaldas y seguirlo.

La casa de los Fournier era mas pequeña de lo que me imaginaba.

El recibidor daba directamente al salón donde había muebles modernos y una televisión enorme, al cruzar em encontré con una estantería repleta de fotos de Yvonne de cuando era niña y seguía llevando coletas, de fotos con su hermano y Denzel o con su madre en la playa.

Pero en todas estaba sonriendo de una forma en la que nunca la había visto sonreír.

Cuando conseguí alcanzar a Maddox ya se había metido en la cocina y estaba apoyado en la encimera con los brazos cruzados sobre el pecho analizándome en silencio

—¿Café? —señalo la cafetera humeante de la encimera.

—No.

Se encogió de hombros.

—Alla tu.

Ambos nos quedamos mirándonos en silencio esperando a ver quien era el primero en atreverse a hablar.




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