Un amor a contraluz

Miércoles 7 de Junio

Eran las doce y veintinueve de la noche cuando la puerta de la entrada de casa se cerró detrás de Gio y Adam.

Me quede un momento apoyada contra la madera, con la mejilla pegada al frio panel de la pared escuchando como el motor del coche de Adam arrancaba y se perdía por la calle de mi barrio.

Solo se escuchaba el tic tac del reloj de pared y el leve zumbido de la nevera de fondo.

Me gire con un escalofrió recorriéndome la columna mientras mis pies me arrastraban hacia el interior del salón.

Agarre una sabana gruesa de cuadros grises que estaba en el respaldo del sofá echándome sobre los hombros, cubriéndome desde los hombros hasta el empeine, y mi mirada se fijó en la cantidad de bustos y papel regalo roto que había por todas partes.

Todos se habían empeñado en darme algo, aunque les hubiera dicho que no quería nada.

Había una cámara de fotos polaroid negra con la correa de cuero que Adam y Kane habían traído, junto a unas gafas de sol negras que había traído Gio envueltas torpemente, un peluche se oso marrón con un lazo rojo alrededor del cuello que Jake no había sabido envolver junto a un cuaderno de tapa dura con un llavero de estrella que Sara me había dado con una sonrisa enorme.

En medio de todo había una caja enorme de bombones artesanales y una pulsera de tela blanca de la amistad que Charlotte había traído junto a Torre.

Pero ahora que lo miraba, todo amontonados sobre los cojines y la mesa, sentí algo cálido expandirse en mi pecho.

Algo que ya creía haber olvidado, pero me gustaba sentir.

Mis dedos escaparon de debajo de la manta y recorrieron el lomo de la cámara y una sonrisa se me escapo, pero un murmullo me interrumpió.

El ruido provenía de la cocina y aprete la manta a mi alrededor encaminándome hacia la puerta.

Al entrar encontré a Liam en el centro con los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo escuchando alfo que Maddox estaba contándole, gesticulando con las manos salpicándolo todo con la esponja de lavar los platos que estaba sujetando.

Kane se encontraba en al otro lado de Liam observando a Maddox con una ceja elevada.

Los platos estaban apilados, sucios, en el fregadero unos sobre otros. Desde donde me encontraba pude contar al menos quince, algunos con restos de tarta y otros con migas de pan junto a vasos manchados de refresco y cubiertos esparcidos por todo el fregadero.

Me acerque a la pila sacando nuevamente mi mano de debajo de la manta para agarrar el primer plato de la pila, pero antes de que mis dedos pudieran todas la cerámica una mano grande apareció frente a mi bloqueándome el paso.

—Ni se te ocurra.

Me gire con el ceño fruncido para toparte con Maddox apuntándome con la esponja haciendo que goteara en el suelo.

—Es mi casa— replique— Puedo ayudar.

—Hoy no vas a hacer nada— intervino Kane quitándome un plato que había conseguido agarrar con la otra mano—Es la regla. El cumpleañero no hace nada en su día.

—Pero…

—No hay peros— me corto Maddox moviendo la cabeza de un lado a otro—Yo me encargo de todo.

—¿Tu? — pregunte abriendo mucho los ojos—¿Sabes siguiera donde está el estropajo?

Señalo la esponja con una sonrisa deslumbrante.

—He encontrado esto. Debe de servir.

Kane soltó una carcajada.

—Yo creo que me voy ya— dijo dejando el plato que me había quitado nuevamente en su sitio—Mañana hay entrenamiento y el entrenador nos quiere ver allí a las siete sino nos hará correr hasta el pueblo de al lado y regresar.

Me reí suavemente para sorpresa de todos, incluso de mi misma.

—Tu te crees que es mentira—dijo Maddox—pero te juro que el primer día que entrene el equipo hizo correr a un pobre imbécil hasta que vomito.

—Ese era yo— dijo Kane sin ofenderse.

—Ah

—Si. Ah

Kane se esturo y me dio una palmada en la espalda tan suave que apenas la sentí a través de la manta.

—Feliz cumpleaños Fournier. El año que viene planearemos algo mejor.

No supe como tomarme eso, por lo que solo asentí.

Kane se giro hacia Liam que había permanecido en silencio, en segundo plano, todo el tiempo sin haberse movido un solo centímetro.

—¿Te vienes o te quedas?

Liam no le respondió, porque estaba mirándome fijamente, sus ojos se encontraban puestos en la manta y en mis pies descalzos sobre las baldosas del suelo.

—Liam— insistió Kane— El coche.

Parpadeo varias veces como si estuviera despertándose de un sueño antes de girarse hacia Kane quien estaba con los brazos cruzados.

—Si— respondió finalmente— Voy.

Se despego de la encimera y sus hombros se tensaron antes de estirarse y caminar hacia la puerta rozando mi hombro al pasar por mi lado.

—Nos vemos mañana— dijo en un murmullo, sin mirarme.

—Mañana, claro— grazne poniéndome colorada.

Kane salió primero y Liam lo siguió hasta que salieron a la calle cerrando la puerta tras ellos, dejándonos a en silencio.

Maddox suspiro a mi aldo dejando la esponja en el borde del fregadero.

—Ve a acostarte.

—¿Qué? —pregunte girándome nuevamente hacia el.

—Que te vayas a la cama—repitió señalando las escaleras con la barbilla— Ya es tarde, y mañana hay clases de nuevo.

—Pero la cocina…

—Yo me encargo de recogerlo todo.

—Maddox…

—Yvonne— me interrumpió— Ve. A. Acosarte.

Aprete los labios queriendo protestar porque quería quedarme, pero tenia los parpados pesados del cansancio y si me quedaba diez minutos más acabaría quedándome dormida de pie.

—Vale— cedi a regañadientes— Pero…

—No hay, pero.

—Solo quería decir…

—Me lo cuentas mañana. Ahora vete a la cama.

Resople apretando la manta con fuerza a mi alrededor en caminándome hacia las escaleras.

El pasillo estaba a oscuras, pero camine hacia mi habitación sin tropezarme con ninguno de los muebles que decoraba el pasillo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.