Hoy es dos de mayo, Día Internacional contra el Bullying. La fecha me recuerda que, si tan solo hubiera pedido ayuda en aquel entonces, no cargaría tanto rencor hacia André Grant. Quiero olvidar, pero me resulta difícil.
—Hija, ¿estás lista?
—Sí, papá, pero no entiendo por qué tengo que ir a tu aburrida reunión de negocios.
Mi familia es dueña de una marca de moda. Y aunque me encanta trabajar en la empresa de mi padre, detesto las reuniones de negocios. Él tiene una paciencia infinita con los inversionistas; yo prefiero quedarme a diseñar.
—Porque este negocio lo cierras tú.
—¿Yo?
Ahora entiendo el vestido de satén delicado color escarlata y los tacones que no soporto. Finalmente llegamos a un... ¿restaurante?
—¿Papá? ¿Qué clase de negocio se cierra en un restaurante tan elegante?
Sonreí a pesar de todo. Este es mi lugar favorito; sirven comida refinada y deliciosa.
—Tu compromiso.
Me quedé helada. Debía tratarse de una broma, aunque no lo parecía. Mi padre me extendió la mano con una sonrisa serena.
—No te asustes. Me aseguré de encontrar a un buen hombre para ti. Tu madre estaría orgullosa de la decisión.
Sabía que pasaría. Un matrimonio arreglado es común entre familias adineradas y no soy la excepción. No protesto, pero me desconcierta. Tomo la mano de mi padre, justo como lo haría una niña pequeña. Me siento diminuta y mis pasos, ingrávidos.
—Debiste decírmelo.
—Temía que huyeras.
—No lo haría.
Porque te quiero muchísimo.
Mi padre señala una mesa. Observo a mi alrededor hasta distinguir la silueta de mi futuro esposo: hombros anchos, cabello pelirrojo, tez clara y un porte delicado, como si emanara un aura verde. Conforme me acerco, percibo sus ojos: verdes, intensos, misteriosos. Calma por fuera, huracán por dentro.
—¡Señor Cortez! ¡Dione! —dice él, poniéndose de pie.
Saludo de forma formal, aunque el corazón me da un vuelco inmenso.
¿Me ha reconocido? Bajo su mirada siento que analiza cada cambio en mí, cada año que pasó desde la última vez que nos vimos. Definitivamente, este André ya no es el mismo chico que recordaba.
—¡Hija! André Grant es tu prometido —anuncia mi padre, radiante.
Para él es un orgullo unir alianzas con la familia Grant. Son especialistas en exportación; significaría que nuestra marca de moda llegaría a más países.
Yo solo quiero huir. André no es una buena persona.
#4798 en Novela romántica
#1321 en Novela contemporánea
amorimposible, amor juvenil rencuentros de la vida, hateandlove
Editado: 01.05.2026