Son las 2:17 a.m. y sigo con el saco puesto, sentado en el borde de mi cama, mirando el celular como si fuera a explotar.
No ha explotado. Pero casi.
Dione Cortez me escribió:
Empezamos el lunes.
Tres palabras. Nueve letras. Y yo llevo cuarenta minutos leyéndolas como si fueran un contrato, un veredicto o una sentencia de muerte.
Empezamos.
¿Qué empezamos exactamente? ¿El infierno? ¿Mi castigo? ¿Los seis meses más largos de mi vida?
Dejo el celular bocabajo en el colchón. Lo vuelvo a tomar. Desbloqueo. Bloqueo. Como si el mensaje fuera a cambiar si lo miro desde otro ángulo.
Ricardo me mandó 3 mensajes desde la cena:
“¿Qué tal tu futura esposa?” “¿Sigue tan fría como en la uni?” “We, ¿vas a sobrevivir?”.No le he contestado. No podría explicarle que la chica que molestaba por un reto estúpido ahora tiene mi futuro empresarial y mi cordura en sus manos.
Me paro y camino hasta el ventanal. La ciudad se ve igual que desde el penthouse de Dione, probablemente. Me pregunto si ella también está despierta. Me pregunto si escribió eso y se fue a dormir tranquila, sabiendo que yo no pegaría ojo.
“No me importa lo que sea, lo haré.”Eso le dije. Dos veces. Una con 18 años y la boca llena de arrogancia. Otra hoy, con 26 y el estómago lleno de culpa.
Y ella lo recordó. Por eso el mensaje. No es una invitación. Es una advertencia.
Me quito el saco y lo tiro en una silla. Me acuerdo del moretón en su brazo. Del que ya no está. Del que vi hoy en su mirada, aunque su piel esté intacta.
“Me gusta ver tu cara de frustración.”¿En qué carajos estaba pensando? ¿Quién dice eso? Yo. Yo lo dije. Y ahora ella tiene seis meses para devolvérmelo con intereses.
Vuelvo a agarrar el celular. Mi dedo se queda sobre su nombre. ¿Qué le contesto?
“Entendido.”Muy sumiso.
“¿Empezamos qué?”Muy idiota. No pienso hacerme el desentendido.
"No puedo esperar.”Mentira . Puedo, pero no quiero. Y eso es lo que más me asusta.
Porque una parte retorcida de mí sí quiere que sea lunes. Quiere verla. Quiere saber en qué consisten sus reglas. Quiere averiguar si la Dione que me mordió sigue ahí debajo del vestido escarlata y la mirada de hielo.
Apago la pantalla y me paso las manos por la cara. El chico que le ponía el cabello detrás de la oreja para verla temblar ahora tiembla él con un mensaje de tres palabras.
Esto no es un reto de Ricardo. Esto no se gana con sarcasmo ni con un beso robado.
Esto es Dione Cortez cobrándose todo. Y yo, por primera vez en mi vida, sin escapatoria.
Me tumbo en la cama sin desvestirme. Miro el techo.
Empezamos el lunes.
Está bien, Dione.
Empieza.
Yo prometí que haría lo que fuera. Y aunque me rompas en el proceso, pienso cumplir.
Porque si seis meses contigo son mi castigo, también son la única oportunidad que tengo de dejar de ser el tipo que te hizo llorar.
Solo espero que cuando termine el lunes… todavía quieras que me quede el martes.
Guardo el celular en el cajón de la mesita. No voy a contestar. No todavía.
Que espere. Que piense que me tiene nervioso.
Porque me tiene. Pero no pienso darle la satisfacción de admitirlo.
Aún.
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Editado: 19.05.2026