Un Amor Obsesivo.

3.

Diane.

Me regresaron a una habitación, pero no era la misma donde estaba con Terra.

En silencio intente memorizar todo, si de algo me ha servido trabajar tanto años con una abogada minuciosa es a aprender a buscar los detalles para buscar el quiebre.

Una vez en esa habitación, cierro mis ojos para volver a ver el camino en mi mente, dos pasillos oscuros rectos, uno hacia la derecha, tres puertas grises y la del fondo es este lugar.

Desde la puerta del gran salón hacia la otra habitación hay cuatro pasillos, seis escalones, el lugar es más frío del otro lado, este es más cálido.

Abro los ojos y observó a detalle esta habitación, está si tiene una gran ventana.

El tal Dom encadena nuevamente mi pie a la cama, yo lo observó intensamente, sin perderme detalle, no pienso pelear si es lo que esperan de mí, pero tampoco me escucharan gritar por los pasillos, en silencio buscaré la forma de ser libre.

Una vez que se fue me quede observando este nuevo lugar, me recuesto en la cama y es cuando veo la cámara que enfoca desde una esquina de la habitación hacia la cama.

Lo saludo en silencio para sonreír de lado.

Me siento en la cama dándole la espalda a la cámara.

—Bastardo. —murmuró.

Diane se queda mirando hacia la pared y sonríe de lado cuando termina de tomar una decisión.

—Creo que tomaré tu consejo Terra, y creo que ya he elegido a mi mal. —habla en voz baja para no ser oída. —Si quieres intentar destruirme, veremos quién se destruye primero.

No me dejaré morir tan fácil, si el quiere destruirme, yo también intentaré hacerlo de todas formas, yo no le soy útil así que ya estoy muerta.

Jugaré contigo tanto como yo quiera, hasta llevarte al límite, y verte de rodillas como vi a Terra de rodillas, y si no sucede, moriré de todas formas, mi sentencia ya es un hecho.

Yo no quiero ser una más, yo quiero ser su obsesión sin la que no pueda respirar.

Me odio por no tener otra idea para sobrevivir que conquistar a uno de ellos, pero quiero vivir realmente quiero hacerlo y lo necesito, no siento que mi vida deba terminar en este momento cuánto se que tengo tanto por vivir, se que esto es como venderle mi alma al diablo, pero no conozco otra forma de sobrevivir, no quiero convertirme en Terra, si todo lo que me contó y lo que vi es cierto, no vale la pena huir por un hueco, tengo que buscar que me dejen ir por la puerta grande.

No puedo elegir a cualquiera de ellos sino al que se que tiene el poder para liberarme y no regresar a este lugar, Andrew Aston.

El conoce a muchas personas, a muchas mujeres y no tengo ni idea de cuántas más hay aquí, Terra hablaba en plural sobre los hombres así que debo de imaginar que las mujeres también son varias, por lo tanto debo suponer que tengo bastante competencia, y no puedo ir por un plan de conquista simple, porque ante quien estoy no es alguien simple, puede tener a la mujer que quiera por voluntad u obligada, ser un enigma es mi privilegio o al menos contra él, mantenerme en silencio para que solo hable él y encuentre algo donde realmente pueda ganar y que pueda convertir en mi ley de atracción.

Termino por rendirme de tanto pensar, y me recuesto en la cama que es más cómoda que la anterior aunque ningún placer es completo cuando tienes una cadena en el tobillo.

No duermo muchas horas cuando siento algo pesado sobre mi que me hace despertar.

El olor a licor es lo primero que siento, intento ver qué es lo que está sobre mí, pero las cortinas están cerradas, intentó empujar a lo que se encuentra sobre mí y escucho un quejido siento como sus manos buscan algo y termina por encontrar mis muñecas, las lleva sobre mi cabeza.

—Quédate quieta o te pondré las esposas en la cabecera. —su voz se escuchaba tan áspera.

El grito que salió de mi al escucharlo fue demasiado fuerte a tal punto que el se cayo de la cama y yo me tiré hacia el suelo siendo una caída brutal para mi debido a que sobrepase el límite de la cadena en mi tobillo.

—Mierda. —me quejo al intentar mover mi pie y sentir ese fuerte dolor.

—¿Tan difícil era dejarme oír tu voz? —no respondo solo intento poner en alto mi pie para que la cadena deje de doler.

El abre un poco la cortina y es cuando me ve en el suelo con la cadena tirante y mi pie sangra.

—¿Pero qué has hecho? —dice levantándome del suelo, rebusca en su bolsillo para sacar una llave y quitarme el candado de mi pie.

Me carga y sale de la habitación llevándome con él.

—No puede ser que seas tan imprudente. —me murmura mientras camina un largo pasillo y termina entrando a otra habitación que parece una enfermería.

Me deja sobre una camilla y comienza a revolver cajones.

Yo me quedo muy extrañada observandolo.

Observo mi pie y se ve feo sobre todo por las marcas de las cadenas, no es tanto la sangre sino dos cortes pequeños pero mi pie está algo sucio de estar descalza en la otra habitación donde estaba invadida por polvo.

Andrew regresa a mi con una botella blanca y unas gasas.

—Es alcohol. —me advierte antes de presionar sobre mi herida y sinceramente me ardio hasta el alma.

—Mierda. —murmuró mordiendo mi labio para contener el dolor.

El continua limpiando la herida.

—No creas que esto lo hago por bondad, si vas a morir bajo mi techo al menos quiero saber quien eres, además esta semana la cuota de muertos ya está cubierta. —lo miro.

—¿Piensas que morirá por un pie lastimado? —finalmente le habló directamente a él. —Tienes dotes de médico, deberías haber elegido una carrera así antes de dedicarte a matar a personas. —digo mientras lo veo analizar mi pie.

Sus ojos se fijan en mí.

—Ahora resulta que si hablas y tienes mucho para decir, pero bueno yo no tengo ganas de oírte ahora, más que si quieres gemir en mi oído en ese caso sí totalmente complacido podría oírte. —venda mi pie. —Y solo para que lo tengas presente, la gangrena aquí se ha llevado a varias personas, no es por nada que tenemos está enfermería aquí, llamaré a alguien mañana para que venga a ver eso, no quiero que el abogado vea que maltrato a la chica por la que tengo su atención nuevamente, por mas que no conozca qué relación tienes con él aun, no me voy a arriesgar.




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