Un Amor Obsesivo.

6.

Andrew

No debería estar aquí.

No después de verla con ese maldito vestido.

El cristal de la copa aún permanece incrustado en la palma de mi mano, pero apenas siento el dolor.

He aprendido hace mucho tiempo que algunas heridas son insignificantes.

Las verdaderas heridas son las que no dejan de sangrar.

Levanto la mirada hacia la puerta cerrada.

Maldita mujer.

De todas las cosas que podía haber hecho, eligió precisamente esa.

Desafiarme.

Provocarme.

Recordarme.

Aprieto la mandíbula.

Porque durante un maldito instante no vi a esta chica a la que he llamado Mia.

La vi a ella.

El mismo color de cabello, necesito que este cambie.

Los mismos ojos claros.

La misma forma de levantar el mentón cuando se negaba a obedecer.

El mismo fuego.

La misma condena.

Mi pecho se tensa.

Hace años juré que nunca volvería a permitir que una mujer tuviera poder sobre mí.

Porque una vez fui un hombre diferente.

Más joven.

Más estúpido.

Creí en el amor.

Creí en promesas.

Y ella me enseñó lo que realmente significaban.

Traición.

Abandono.

Dolor.

Cierro los ojos por un instante.

Todavía puedo verla alejándose.

Todavía puedo escuchar sus palabras.

Todavía recuerdo la sensación de haber sido dejado atrás.

Fue aquel día cuando Andrew Moretti la persona que construí para ella murió.

Y el hombre que se levantó de sus cenizas construyó un imperio con sangre.

Sin sentimientos.

Sin debilidades.

Sin amor.

Entonces… nació la persona que soy hoy, Andrew Aston.

¿Por qué demonios Mia logra mirarme y hacerme sentir como si todo aquello hubiera sido una mentira?

¿Por qué me enfurece tanto que me desafíe?

¿Por qué la idea de otro hombre tocándola hace que quiera arrancarle las manos?

Abro los ojos lentamente.

No.

No permitiré que vuelva a ocurrir.

No volveré a convertirme en un idiota.

Si Mia pretende jugar conmigo...

Seré yo quien gane.

Seré yo quien la destruya primero.

Sin embargo, otra voz en mi cabeza se ríe.

Porque la realidad es mucho peor.

No quiero destruirla.

Quiero encerrarla.

Alejarla del mundo.

Asegurarme de que nadie pueda arrebatármela.

La idea me resulta tan absurda que dejo escapar una amarga carcajada.

Estoy perdiendo la cabeza.

Todo por una mujer que apenas conozco.

Todo por unos ojos que se parecen demasiado a los de un fantasma.

Ese recuerdo aún vive en mi mente, aun cierro los ojos y la vuelvo a ver.

—Prométeme que nunca me dejarás.

Ella sonrió.

—Nunca.

Todos esos recuerdo solo estan para recordarme que cuando se baja la guardia se pierde.

Las promesas son una mierda.

Las mujeres también.

Y, aun así...

No pude soportar verla con ese vestido.

No pude soportar que ellos la miraran.

No pude soportar la posibilidad de perder algo que ni siquiera me pertenece.

Mis dedos se tensan.

Entonces lo comprendo.

El problema no es que Mia me recuerde a mi pasado.

El problema es que estoy empezando a verla como algo mío.

Y eso es peligroso.

Porque todo aquello que considero mío...

Lo protejo.

Lo reclamo.

O lo destruyo.

Y esa es precisamente la razón por la que debería mantenerme alejado de ella.

Mia es un problema.

Una debilidad.

Una maldita herida que se abrió en el momento en que levantó la mirada hacia mí por primera vez.

Porque no importa cuánto intente convencerme de lo contrario, cada vez que la veo vuelvo a ser aquel hombre.

Aquel idiota que creyó en un futuro, en una mujer y en un destino distinto al que realmente me esperaba y ya conocia.

Aquel hombre que estuvo dispuesto a dejarlo todo por una mujer.

La diferencia es que esta vez conozco el final.

Las mujeres prometen quedarse.

Luego se marchan.

Las mujeres sonríen.

Luego clavan el cuchillo.

Y Mia...

Mia tiene exactamente la misma mirada.

Esa que parece desafiar al mundo entero.

Esa que hace creer a un hombre que puede ser salvado.

Mi mandíbula se tensa.

No.

Ella no me salvará.

Nadie volverá a hacerlo.

Porque las personas como yo no merecen ser salvadas.

Fuimos creados para destruir.

Para gobernar.

Para sobrevivir.

Entonces, ¿por qué demonios no puedo dejar de pensar en ella?

¿Por qué sigo viendo su rostro?

¿Por qué la idea de que me odie me resulta insoportable?

Dejo escapar una maldición.

Esto tiene que terminar.

Antes de que sea demasiado tarde.

Antes de que vuelva a convertirme en un hombre débil.

Pero la imagen de ella con ese vestido vuelve a mi mente.

Los ojos desafiantes.

El mentón en alto.

Como si me estuviera retando.

Como si quisiera comprobar hasta dónde soy capaz de llegar.

Y quizás ese sea el verdadero problema.

Porque ella no me teme.

Todos en esta casa me temen.

Todos bajan la mirada.

Todos obedecen.

Pero Mia no.

Ella me desafía.

Me provoca.

Me mira como si todavía hubiera algo humano dentro de mí.

Y eso...

Eso me enfurece.

Porque si sigue mirándome de esa manera...

Podría terminar creyéndolo.

Todavía recuerdo el día en que la esperé.

Las horas que pasaron.

La lluvia.

El anillo en mi bolsillo.

Y la maldita carta.

"Lo siento, Andrew. Pero no puedo seguir contigo."

Cierro los ojos con fuerza.

No.

No volveré a sentir algo así.

No volveré a ser el hombre que suplicó.

El hombre que se rompió.

Si Mia pretende convertirse en otra debilidad...

La arrancaré de raíz antes de que tenga la oportunidad de destruirme.




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