Un amor talla Xl

Сapitulo 22

Si no fuera por las cucarachas que tengo en la cabeza arruinándolo todo, esta noche podría considerarse la más hermosa de todo el verano. El aire es cálido y tranquilo, huele a flores. El cielo está cubierto de estrellas. La piscina brilla con una luz azul suave, y el agua parece tan lisa como el cristal.

Salgo al patio, con las manos cruzadas sobre el pecho, incómoda. Todavía intento inventar una excusa para mi cambio de humor, pero nada suena convincente. Me siento en una tumbona, en silencio. Doblo las piernas y trato de fundirme con la sombra.

Skyler ya está en el agua. Nada con una facilidad casi hipnótica, disfrutando de cada movimiento. Cuando me ve, se acerca y apoya los brazos en el borde de la piscina. El agua resbala por sus hombros, brillando sobre su piel. Y, de algún modo, consigue verse perfecto incluso con el pelo mojado, pegado a la frente.

—¿Por qué no estás en bañador? —su voz suena tranquila, pero con una pizca de burla.

—Simplemente… —trago aire y bajo la mirada—. De pronto me di cuenta de lo cansada que estoy. Quizá otro día…

No aparta los ojos de mí. En ese instante tengo la sensación de que me ve por dentro.

—¿De verdad? —pregunta despacio—. ¿O es que te da vergüenza?

—Claro que no —respondo demasiado rápido.

—Olvidas que ya te he visto en bañador —sonríe apenas con las comisuras—. Entonces no te daba vergüenza.

Siento cómo las mejillas me arden. Aparto la vista y finjo mirar el agua.

—Era distinto entonces.

—¿Distinto en qué?

—En todo —digo, y mi voz casi se quiebra.

Skyler guarda silencio, pero sigue mirándome. Y eso solo hace que respirar sea más difícil. No entiendo desde cuándo mi cuerpo reacciona así a su presencia. Antes me sentía mucho más cómoda cuando entre nosotros solo había hostilidad.

—Sabes, no entiendo —dice, alejándose un poco del borde. En su cara aparece una sonrisa traviesa, de esas que me dan ganas de desaparecer bajo tierra… o de morderle la mejilla—. Tú misma fuiste quien propuso nadar.

—Y luego cambié de opinión —trato de sonar digna, aunque mi voz no ayuda—. Me acordé de lo que cuesta secarse el pelo.

—Ajá, claro —murmura él, escéptico.

—Estoy bien aquí —añado, encogiéndome de hombros.

Inclina la cabeza, y en sus ojos brilla la diversión.

—Por cierto, creo que tu bañador es la mejor compra del último año.

Contengo un suspiro.

—Ya no me gusta.

—¿En serio? —alza las cejas, sorprendido pero sin perder ese tono juguetón—. ¿Por qué?

—Porque es demasiado revelador. Es indecente.

Skyler se ríe. Su risa es baja, sincera, y no sé qué me irrita más: que se ría de mí o que ese sonido me obligue a sonreír también.

—Tonterías —rueda los ojos de manera tan exagerada que tengo que contener la risa—. Pero si de repente te avergüenza tu bañador, entonces nada en pijama. Te doy permiso.

—¿En pijama? —repito, alzando las cejas—. ¿Estás loco?

—¿Y qué? —se encoge de hombros, como un niño—. ¿Por qué no?

—¿Quieres grabarlo para tus fans? ¿Eh? ¿Para que se rían de mí?

—No. Hoy no hay fans. Solo tú y yo.

—Sí, claro. Nadar en pijama es ridículo.

—Ridículo es quedarte ahí fingiendo que no te apetece meterte al agua —replica él. Luego extiende los brazos hacia mí—. Vamos, salta. Te atrapo.

Pongo los ojos en blanco.

—Skyler…

—Venga, te espero.

Me cubro la cara con las manos. Una risa nerviosa y ligera se me escapa.

—¡Estás loco!

—Y tú también —responde sonriendo, aún con los brazos extendidos—. Si no, no estarías aquí.

Lo miro. A él, al agua, a sus manos abiertas… y siento cómo mi terquedad empieza a derretirse.

Me pongo de pie. Casi me animo: estoy al borde, respiro hondo… Y justo entonces algo pasa volando a mi lado como un meteorito.

¡Splash!

El agua me empapa de pies a cabeza. Me limpio la cara mientras escucho salpicaduras, risas y un ladrido entusiasmado.

—¡Chupacabra! —grita Skyler, apartándose del borde—. ¡A ti no te invité! ¡Santo cielo, sabes nadar! ¿Quién te enseñó? ¡Guau, de verdad sabe nadar! ¡Puaj, huele como un zorrillo!

El perro nada feliz por toda la piscina, levantando olas de agua a cada movimiento. Se le ve absolutamente encantado.

Skyler lo agarra del collar y recibe una pata mojada en la nariz.

—Bueno, ya está —dice escupiendo pelos—. Ahora todos estamos en la piscina. Solo faltas tú. ¡Salta!

—¡Ni siquiera sé zambullirme bien!

—No importa. Chupi tampoco sabe, y eso no lo detuvo.

Sus ojos brillan con desafío. Qué tipo, por Dios…

—Está bien —digo, dando un paso atrás.

Aprieto los puños, tomo impulso… y salto.

El agua, apenas fresca, me envuelve por completo. El pijama se pega al cuerpo, el pelo me cubre la cara, y solo oigo chapoteos y risas. Mías.

Salgo a la superficie, tosiendo, y Skyler ya está ahí —riendo, aparta un mechón de mi frente y dice:

—Eso ha sido espectacular.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.