Un Angel En La Oscuridad

CAPITULO III (parte ocho)

ERASE UNA VEZ… CUANDO TODAVIA CONFIABA (parte II)

 

- Artimedez… estamos en grandes problemas – decía Behemont mientras estaba de espaldas a su compañero.

- Crees que no me he dado cuenta de eso… idiota – con algo de ironía respondía Artimedez que viendo la situación en la que se encontraban, buscaba la manera de salir de allí de la mejor manera.

Y mientras aquellos dos jóvenes trataban de pensar de una manera audaz y rápida, aquellos enormes demonios de aspecto horrorosos, que su hedor era de lo peor y que grandes cantidades de saliva caían de sus bocas y que al tocar el suelo estas lo derretían, se acercaban mas y mas a estos dos jóvenes de una manera lenta, pero muy intimidante y aunque parecían no tener conciencia en lo absoluto como si de zombies se trataran, una cosa era segura, tenían ya puestos sus grandes ojos de color rojo puestos en ellos.

- Parece que esta será nuestra graduación amigo – decía Behemont mientras tomaba posición de ataque con sus manos totalmente limpias.

- Realmente nunca me imaginé que de esta manera terminaría mi corta vida – y con una enorme sonrisa en su rostro, también tomo posición de combate, y viendo al demonio que estaba frente a él, con una voz fuerte y áspera dio un enorme grito de guerra y abalanzándose sobre aquel demonio no dudo ni un solo instante en combatir con él.

- No era necesario que gritaras idiota – y con una gran sonrisa en su rostro y con una mirada firme y cortante, de una manera muy rápida se lanzo hacia el ataque sin titubear un solo segundo sabiendo que sus vidas en ese momento ya no les pertenecían, sino que esta vez tendrían que ganárselas a cualquier costo.

Y mientras esto ocurría dentro de aquel lugar, el general de tropas a una velocidad impresionante, trataba de llegar lo mas pronto posible a ese lugar, y aunque el en su mente sabia que el destino de aquellos jóvenes ya estaba marcado, nunca se espero ver aquella escena tan sorprendente y que dejaría a todo mundo boquiabiertos al saber que aquellos dos jóvenes obtuvieron lo que hace mucho tiempo se mantenía en reservas y que nadie había sido digno de obtener aquella fuerza que no solo les permitiría luchar contra cualquiera, sino que serian capaces de destruir el mundo entero si estos lo quisieren. Pero antes de que esto ocurra, dentro de aquel lugar ocurrió aquello que detono que uno de ellos obtuviera uno de los mayores poderes nunca antes vistos.

- Behemont ten cuidado, no te lances a la ligera – eran las palabras de Artimedez que mientras esquivaba a su oponente, prestaba atención a los movimientos nada cautelosos de su compañero.

- Tu metete en tu pelea, si no quieres terminar muerto – le reprochaba Behemont a su amigo al ver que este no se concentraba en totalidad en su combate – si queremos salir de esta, hay que concentrarnos lo más que podamos – seguía reprochando Behemont las preocupaciones de su amigo – así que no te preocupes por mi… yo saldré de esta – y esquivando las manotadas de aquel demonio que atacaba ferozmente había conseguido lo que parecía un pedazo de madera y con este se lanzaba hacia su enemigo golpeándolo en varias ocasiones, aunque para su mala fortuna aquellos golpes no parecían tener la fuerza suficiente para causar el daño necesario a su adversario.

- Aunque me cueste aceptarlo… pero este idiota tiene razón – eran los pensamientos de Artimedez que esta vez hacían aparición – sino me concentro lo suficiente voy a morir – y sacudiendo su cabeza para alejar aquellos pensamientos que lo hacían dudar, puso de nuevo su mirada en su oponente demoniaco y con un pedazo de cadena que este tenia en su brazo amarrado, con esta cada vez que aquel demonio atacaba de manera torpe, aunque con demasiada fuerza y violencia, lograba conectar unos golpes algo precisos en el cuerpo de aquel monstruo horrible – VAMOS DEMONIO DE PACOTILLA… ESO ES TODO LO QUE TIENES PARA OFRECERME – y mientras todavía hablaba y lograba conectar los golpes con su cadena, cuando este se puso de espalda al demonio para seguir golpeándolo, aquella escena tan aterradora lo dejo totalmente paralizado y esos segundos de shock le dieron un giro inesperado a aquella batalla que parecía que se estaba librando de la mejor manera – Behemont – los ojos de Artimedez estaban totalmente abiertos, sus brazos estaban caídos, aquella fuerza que parecía no tener fin al parecer había colapsado – Behemont – quería gritar, pero la voz no parecía salir de él, quería llorar pero las lágrimas parecían estar escondidas, su mente no procesaba aquello que estaba observando, al ver como a su amigo estaba lentamente perdiendo un brazo, aquella escena era desgarradora, al parecer Behemont estaba totalmente inconsciente ya que había recibido un golpe totalmente inesperado y totalmente silencioso por parte de aquel demonio que devoraba aquel brazo y que parecía estarse moviendo dentro de sus fauces asquerosas. Y mientras observaba aquello sin previo aviso un golpe gigantesco impacto sobre el cuerpo de Artimedez lanzándolo contra la pared, haciendo que aquel golpe lo dejara fuera de combate.

- WA WA WA WA WA WA – era la risa asquerosa de aquel demonio que había devorado el brazo de Behemont – hacia miles de años que no disfrutaba de una manera tan deliciosa una extremidad de un ángel – parecía que la consciencia había regresado a aquel demonio – tengo que admitirlo – y al decir estas palabras observo al otro demonio que parecía también querer hablar, pero el hambre parecía impedírselo – ¿quieres un poco Melkalnitak? – y lanzándole lo que parecía una mano, aquel demonio sin la necesidad de agarrarlo abrió directamente su boca y devorando aquella mano parecía que la consciencia de este también regresaba.




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