Un Angel En La Oscuridad

CAPITULO IV

UN NUEVO COMIEZO

 

- Al parecer estamos rodeados y mire por donde mire no encuentro una salida la voz de este joven parecía algo preocupada, sus ojos se movían de un lado hacia otro, y sin haberlo notado un pequeño escalofrió comenzó a recorrer su cuerpo.

- A pesar de nuestras diferencias y dadas estas circunstancias, puedo decir que es la segunda vez que concuerdo contigo amigo mío – y estando a espaldas del otro joven, su mirada también denotaba preocupación, al parecer los enemigos que tenían frente a ellos, no eran tan dóciles y fáciles de vencer – jamás pensé que esta primera misión se tornaría tan difícil de manejar – y sosteniendo su espada, poco a poco comenzaba a tomar el control de su cuerpo y observando a estos espantosos seres que los tenían rodeados, el único pensamiento libre que cruzaba por su cabeza era el de escapar de allí con vida.

- Oye, alguna vez escuchaste la historia de David y Goliat – con una sonrisa nerviosa, pero también poco a poco comenzando a tomar control de su cuerpo, este joven comenzaba a mentalizar un pequeño plan salir vivos de aquella situación.

- Cuando estaba vivo y antes de convertirme en lo que soy ahora… muchas veces – y sacando una sonrisa y poniendo firme su cuerpo al parecer, este joven también tenía un plan en su mente y estaba dispuesto a usarlo – y tomando en cuenta todas las veces que me la has contado desde que te conozco Azarías – la duda se despejaba, el miedo desaparecía, la adrenalina en sus cuerpos comenzaba a recorrer de manera veloz y el poder que ellos habían obtenido una semana atrás, los hacia plantarse frente aquellos gigantes – muchas veces amigo mío – una llama en los ojos de este joven comenzó a formarse.

- Verdaderamente eres un idiota sin sentido común, Erick – y empuñando su espada, con una vista firme y sin dudas, aquel joven estaba dispuesto a salir de allí y de la mejor manera posible - ¿Estarías dispuesto a seguir un plan, Erick? – la pregunta de este joven, llamaba la atención de aquel que cubría sus espaldas.

- Si es un plan para salir vivos de esta y nadie se dará cuenta de que trabajamos juntos – con una sonrisa en su rostro y una tranquilidad que lo acobijaba, sabia que el plan trazado por su amigo era la salida para ellos – estaría dispuesto a colaborar – y al soltar estas palabras aquellos jóvenes comenzaron a reír ante aquella situación que los tenía rodeados.

Dos semanas antes del incidente de los gigantes…

- Estos son sus últimos días como reclutas comunes y corrientes – aquel general que los había estado entrenando durante tanto tiempo, hablaba frente a ellos, mientras que aquellos reclutas están tirados en el suelo, completamente cansados y al parecer sin fuerza alguna para mover aunque sea un dedo – ya han pasado lo peor por decirlo de una manera tierna, pero todavía falta la prueba de fuego – y mientras decía estas palabras, la tierra comenzaba a temblar de manera suave, los arboles comenzaban agitarse y aquellos jóvenes que estaban en el suelo sin fuerza, sabían que eso no era natural y que aquel que estaba hablando frente a ellos era el responsable.

- Y cual se supone que es la prueba de fuego – con dificultad para recuperar el aliento, y tratando de levantarse, las palabras de Naivy parecían consumirle lo poco de energía que todavía almacenaba.

- Es cierto, ¿de qué rayos está hablando? – esta vez Zalathras era el que quería saber lo que estaba ocurriendo – hemos sido apalizados por tres arcángeles y la última que se encargó de hacernos más pedazos fue el arcángel Ana – y queriendo ponerse de pie, aunque aquello parecía difícil de lograr.

- Tranquilos jóvenes, no se desesperen – y viéndolos a todos tirados en el suelo, una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro – primero que nada, me sorprende que ninguno de ustedes sienta que el suelo este medio sacudiéndose – y al decir estas palabras aquellos jóvenes comenzaron a sentir como este movimiento se hacía cada vez más y más fuerte, aunque para su sorpresa en vez de causar temor en aquellos rostros, causa un sentimiento de satisfacción.

- En realidad ya lo habíamos notado, pero dada la circunstancia en cómo nos encontramos, hace que el dolor de nuestros cuerpos se calme y nos relaja – y acomodándose más en aquel suelo, poco a poco observaba como aquellos jóvenes se estaban quedando dormidos, al parecer aquel terror termino siendo un masaje satisfactorio para aquellos cuerpos agotados por el entrenamiento.

- Al parecer en vez de causar terror, termine causando satisfacción – y poniéndose la mano en la cara y haciendo un movimiento con su cabeza, solamente comenzó a retirarse lentamente – mañana comenzaran con el último entrenamiento, solo por hoy los dejare descansar – y dejándolos allí en el suelo, mando a que los abrigaran para que pudieran descansar cómodamente.

- Te has vuelto un poco blanco Artimedez – la voz de una joven, hacia que este volteara su cabeza hacia su dirección – ¿acaso es el temor de volverte viejo la que te asusta? – y con una sonrisa en su rostro, parecía disfrutar de molestar a Artimedez de esta manera.

- No creía que tuvieras sentido del humor Ana – y viéndola fijamente, una sonrisa se dibujaba en su rostro – no me recordaba que tu sonrisa era enorme – y riéndose ambos de una manera muy coloquial, siguieron caminando, dejando atrás a esos jóvenes reclutas.




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