Un Compromiso en Polanco

Judith

Judith llega al mercado municipal para dejar el resto de los cajones con productos frescos en el puesto de Don Andrés. Él se encarga de vender sus verduras, quesos y huevos por una pequeña comisión. A ambos les conviene: mis productos se venden muy bien y atraen más clientes a su puesto.

Mientras descargo los cajones de huevos y quesos, escucho que me llaman:

  • ¡Ju! Por fin llegaste, ¿escuchaste el nuevo chisme? —exclama Vivi, mi mejor amiga.
  • No, Vivi, aún no me lo has contado —respondo con una sonrisa—. Pero dime, ¿qué ha pasado ahora en Polanco?
  • ¡Llegó!
  • ¿Quién, Vivi?
  • Pues quién más… ¡Noel! Por supuesto. No me digas que lo olvidaste.
  • No, Vivi, no lo olvidé… pero él creo que sí —contestó cabizbaja.
  • No, no, no. ¡No pudo haberte olvidado! El verano que pasaron juntos ese año lo recuerda todo Polanco.
  • Lo acabo de ver, Vivi, y te aseguro que no me recuerda. Además, ese verano pasó hace ocho años.

Las palabras de Vivi me golpean como un eco lejano. Ocho años atrás, el verano parecía eterno. Noel y yo pasábamos las tardes junto al lago, riendo de cualquier tontería, compartiendo secretos que parecían importantes en ese entonces.

Recuerdo el sol reflejándose en el agua, su voz contando historias de la ciudad, y cómo me hacía sentir que, por un instante, yo también pertenecía a otro mundo. Fue un verano de promesas sin palabras, de miradas que decían más que cualquier frase.

Pero el tiempo pasó, y con él, la distancia. Él volvió a su vida en la ciudad, yo me quedé en la granja. Lo que para mí fue inolvidable, para él parece haber sido apenas un paréntesis.

Vivi me observa en silencio, como si pudiera leer mis pensamientos.

  • Ju, no lo niegues. Ese verano marcó algo en los dos.

Yo bajo la mirada, acariciando distraída un cajón de tomates frescos.

  • Quizás… pero los recuerdos no siempre pesan igual para todos.
  • Mejor pongámonos a trabajar, que por ser sábado no quiere decir que la granja pueda olvidarse!
  • ¡Esta bien amiga! mejor ya nos olvidamos de este tema, por el momento-

Vivi ha sido mi mejor amiga desde el jardín de infantes, hemos estado toda la vida juntas en este Pueblo! Ella se fue durante un tiempo a estudiar a la capital y volvió hace 4 años recibida de Veterinaria, maneja la clínica de animales del pueblo, y atiende varios establecimientos de la zona ayudando a su padre, el primer veterinario que llegó a Polanco.

Yo le hago de chofer los sábados, para que haga sus recorridos a domicilio, y como pago revisa a mis animalitos.

Luego de almorzar salimos rumbo al primer establecimiento de la lista del día. Hoy no había muchos en el recorrido. Así que cuando se ocultaba el sol ya habíamos llegado a la granja.

  • ¡Muy bien amiga! que hay en la lista de quehaceres del día de hoy que te quedan pendientes!
  • Sabes que eso no es necesario - le digo
  • Claro que lo es - me responde- mas rápido terminamos, mas rapido abrimos la botella que traje- y sale rumbo al gallinero
  • ¡Está bien! tu ganas! Yo voy a entrar a Loly - tu revisa que no haya más huevos!
  • ¡Perfecto!- los perros traicioneros la siguen

Luego de haber terminado, entramos a la casa, nos bañamos y prendemos la televisión para poner alguna película sentimental, como todos los sábados a la noche, acompañado de unos bocadillos y la botella de vino que trajo Vivi.




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