¿Qué es el amor? Conozco el amor que Dios nos tiene, el amor de mis padres hacia mi y el que les tengo a mis familiares, hasta el amor a mis amigos, pero ¿En qué consiste enamorarse? Ese amor que se tienen dos personas que deciden unir sus vidas porque una fuerza extraordinaria los atrae, algo que les hace apoyarse, defenderse, donarse, ser fiel, detallista, comprensivo y sumiso... No entiendo cómo llaman a eso amor.
Conocer la intimidad de otra persona debe ser desafiante para quien se excibe, además quien recibe debe dar lo mismo en el sentido de que si alguien se dona en cuerpo y alma, el otro debe hacer lo mismo. El amor es algo de otro mundo. Sin embargo, me da curiosidad experimentar algo similar.
Estaba en un parque cerca de mi casa pensado todo esto en lo que veía pasar parejas demostrando su amor y me dio algo de celo. Tengo casi la mayoría de edad y los novios han sido todos unos idiotas, por eso no creía en el amor. Pero también he sido algo ingenua porque buscaba el cielo con los demonios de la mano. Quiero un ángel que sepa elevarme hacis la plenitud del amor.
Oraba todas las noches a Dios por un hombre que sepa demostrame qué es el verdadero amor. Mientras perdía la mirada en los arboles del parque oí una voz:
—¡Ana...!
Recapacité, era mi madre que necesitaba de mi presencia en la casa.
Sin demora llegué hasta donde se encontraba:
—¿Sí, Señora?
Elena, mi madre, quería que comieramos juntos: mis dos hermanos, mi padre, ella y yo. Estos son los miembros de mi familia.
Después de comer, me fui a mi cierto a seguir pensando; ¿qué podía hacer para encontrar el amor ideal? ¿Tendré que cambiar de luck? ¿Cambiar de ambiente y buscar nuevos amigos?
Mi hermano más pequeño, Ariel, quiso presentarme a sus amigos porque algunos se interesaban en mí. Ni que fuera un premio de una lotería o de una subasta ni nada por el estilo. La verdad es que algo distinto debía de hacer.
Le dije que los invitara a beberse un jugo a la casa, pero que no le dijera nada sobre mi interés. Así lo hizo y en fin de semana ya estaba aquí. Eran tres: Rudy, un alto, color de piel amarilla, recortada baja, lampiño en el rostro, algo infantil y muy atrevido; Milton, un poco más bajito en estatura, cabello tiñado y afro, piel más oscura, algo ingreido, ojos claros, ropa anticuada y un sin vergüenza; Marco, piel clara, cabello largo, tímido, cuerpo desarrollado, ojos oscuros y reservado.
¡Ninguno era mi tipo! Suspiré y quise desaparecer de mi casa. Por algo al amor se le dice "otra mitad", esos no eran ni un cuartillo de mi otra mitad.
—¡Buenas tardes! Llegué algo tarde, pero es mejor que no llegar.
Había entrado un amigo de uno de los que ya estaban en mi casa. Al parecer quería hacer otros amigos y aceptó la invitación que le hizo Marco. Y añadió.
—Tu debes ser Ana. ¡Wao! Marco me habló de la hermana de Ariel, pero no me dijo que sería una princesa.
—Gracias...
Estaba cualificado a este hasta que decidió presentarse.
—Me dicen Javier, para ti soy Javi el que quiere ser el caballero que custodie tu corona y tu vida también.
Hasta poeta me salió este. Lo miré con una sonrisa disfrazada de decepción. Me daba vergüenza su ridícula actuación.
Les hice un poco de ambiente, pero luego me disculpé diciendo que tenía que ir a ver una amiga. La excusa perfecta.
Llegué de todos modos a la casa de Esther y me recibe su varonil hermano. Desde siempre me había llamado la atención, sin embargo, él nunca me miró con los mismos ojos. El cofre que no se deja abrir, no permite dejar ver lo que hay dentro. Era difícil saber en lo que pensaba, lo que quería o le gustaba, ni siquiera su herma era capaz de darme pistas.
—Hola, Richard, ¿está Esther?
Mirando hacia dentro, mientras yo me secaba en la puerta parada, suspiró diciendo:
—Creo que salió a buscar algo, dudo que tarde, entra a esperarla.
Pues, entré y me senté en el mueble a punchar el celular hasta que llegó la señorita. Duramos la tarde entera hablando. Luego me fui a mi casa.
Pasada una semana, alguien me envió una conversación donde uno de mi ex había dicho cosas personales mias y otras que no eran ciertas. Me difamó. Me sentía horrible, necesitaba aire, así que salí. Caminé y caminé, sin darme cuenta llegué a la casa de Ester, ella vivía con su hermano y su madre.
Resultó que me paré al frente de la casa. No quise tocar. Estaba apenada, triste, enojada, frustrada... Tantas otras cosas que ni comprendía en mí.
La puerta se abrió, era Richard otra vez. Volvió a mirar hacia dentro de la casa, inmediatamente me invitó a entrar. Quería irme, él al notar que estaba girando para salir, me tomó de los hombros y me empujó dentro.
Me senté en el mismo lugar de siempre. Él se sentó a mí lado y de repente me abrazó. Mis lágrimas y gritos fueron inevitables. Luego de unos minutos le pregunté:
—¿Por qué? ¿Por qué me abrazaste?
—Me miraste distinto. Ya no estaba la seductora acosadora indirecta de siempre. Vi a una niña indefenza, lastimada y falta de comprensión. Dime quien es el culpable de que la flor derrame sus néctar de vida.
Sus palabras me hicieron reír, no de burla, sino de la emoción y su interés genuino. No quise comentarle nada más, era algo que solo debía superarse con el tiempo. Solo le di las gracias mientras le pedía otro abrazo. Accedió con gusto pero que solo eso sería por hoy, que no me acostumbrara.
—Me conformo con un solo amor así.
Mis palabras fueron susurradas pero algo fue escuchado por él. Me abrazó con más fuerzas y me dijo acercándose a mí oído:
—Esta es la verdadera Ana. Atrévete a buscar un verdadero amor y no paja que se lleva el viento, no acompañantes de momento y verás que el amor se presentará como recompensa de esa entrega.
Mirí al instante. Sus palabras me hicieron alcanzar el cielo en tan simpleza acción de afecto y grato consejo.
Richard al parecer guardaba algún sentimiento por mí, si intención no eran solo palabras, se acercaba lento a mi rostro pálido y húmedo, hasta que se oyó sonar la puerta.