Un Esposo Para Mamá

CAPÍTULO III

Noah

 

—¿Tuviste tiempo de pensar en mi propuesta? —averiguo del otro lado de la línea.

—En lugar de hablar contigo, creo que debería hacerlo con tu madre —replica al instante y nada más me río—, solo eres un niño —Me recuerda, lo hace demostrando su disgusto.

—Un niño con acceso a la agenda de su madre, uno que puede eliminarte por completo de su vida —amenazo, ya que no permitiré que mamá salga con un idiota que le haga llorar, para eso, está Aubrey.

—Mocoso —Se enfada y de inmediato, quito su contacto de la libreta electrónica de mamá.

—Olvídate de tu reunión, ella no saldrá con alguien como tú —Me despido y escucho un fuerte grito seguido de un insulto, lo que no sabe es que yo puedo hacerlo mejor y en distintos idiomas.

Mamá es hermosa y no quiero que solo atraiga a idiotas, así que siempre reviso sus citas y agrego un par más, en ocasiones se enfada, pero entiende que quiero lo mejor para ella y que si no confío en alguien, no importa que ella sea el adulto aquí, haré hasta lo imposible para que no se reúnan. No dejaré que la utilicen solo para la palabra que comienza con SE y termina en XO.

Me alejo de mis pensamientos y desde mi tableta, continúo revisando la agenda de mamá, encontrando un nombre que se me hace conocido y un encuentro la próxima semana, y como acaba de quedar un espacio libre, creo que podemos aprovecharlo de la mejor manera, más con la química que ambos mostraron en la cocina, lo nerviosa y feliz que se puso luego de que él la halagara después de tanto tiempo.

—Gerard —hablo, apenas contesta el teléfono.

—¿Noah? —Su voz denota sorpresa, lo que es normal en todos los hombres con los que me comunico.

—No llamaste y quedaste en que lo harías —reprocho de inmediato, ya que soy muy serio en mis asuntos.

—Tu madre no confía en mí, así que me pidió que no lo hiciera y ¿cómo cara… cómo conseguiste mi número? —pregunta luego de retractarse de la mala palabra que pensaba utilizar.

—Del mismo modo en el que obtuviste el de mi mamá —respondo.

Espero una reacción de su parte, pero no llega, así que solo lo imagino negando desde el otro lado de la línea, puesto que se ha quedado en silencio.

—Tengo acceso a su agenda y vi tu número junto a su reunión y tiene un espacio para hoy en la noche, así que si te interesa, esta es tu oportunidad —ofrezco, ya que me agrada.

—Noah, ¿tu madre lo sabe? —averigua, se preocupa de más.

—¡Claro! La magia no existe y lo único que puede explicar pequeños cambios en su agenda, soy yo —contesto siendo un tanto irónico.

Ya tuve esta conversación con mamá y ella entendió que no es tan malo como lo creyó en un principio, dado que en ocasiones, me llama su ahorrador de decepciones, en otras se molesta porque cree que perdió una buena cita.

—¿Siempre eres así? —Me pregunta.

—Cuando alguien me parece bueno, sí, el caso contrario, no querrás averiguarlo —Sus risas se vuelven demasiado fuertes.

—Me agradas, Noah —asegura y vamos por buen camino.

La mayoría de los hombres huye del compromiso, eso es normal o de acuerdo con los libros, es de ese modo; solo les gusta divertirse con las mujeres, más cuando tienen hijos, ya que no quieren ser padres. El que le “agrade” a Gerard, es un punto a favor de mamá.

—Estoy seguro de que no te comunicas para saludar y tengo un compromiso en un par de minutos, así que te escucho, pequeño —Me pide que continúe cuando ya le he hecho saber el motivo de mi llamada. Cree que esto es un juego.

—Tu cita con mamá, cancelé la de un idiota y tiene un espacio libre, ¿lo tomas o lo dejas? Solo te advierto que hay tres hombres más a la espera y están ansiosos por salir con ella —revelo. No miento, dado que en la aplicación para conocer personas, escogí otros candidatos.

—¿Bromeas? —Al igual que el resto, no me toma en serio.

—No, así que habla ahora o te elimino de su agenda —amenazo—. Tú decides y es mejor que lo hagas en cinco, cuatro, tres…

—¡Noah, espera! —pide interrumpiéndome.

—¿Qué dices? —pregunto demasiado satisfecho con su reacción.

—¿Se molestará por esto? —averigua.

—No, tiene debilidad por el francés —Me río un poco—. Solo llega a las siete, usa un atuendo formal, pero no tan elegante. Es amante de los detalles, en especial las flores, las azucenas de color lila son sus favoritas

—¿Por qué haces esto, pequeño? —averigua.

—Porque está triste y quiero verla feliz, además está sola —contesto y siento que mi nariz pica, mis ojos se humedecen.

—Te tiene a ti —asegura y no es cierto, pronto moriré y no quiero que se quede sola y triste.

—Sí —miento, siento mi voz fallar.

—Está bien, pequeño, estaré allí a las siete, solo convéncela de que no quiera asesinarme por hablar contigo —pide entre risas y las acompaño.

—Gracias, Gerard —Me pongo feliz.




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