Un Esposo Para Mamá

CAPÍTULO V

Noah

 

«—Te amo, mami. Cuando muera, quiero que seas feliz…» pienso en lo que de verdad le quise decir a mamá noches atrás, lo hago mientras espero que vuelva.

—Entonces… —hago una pequeña pausa para ponerle suspenso al asunto— ¿en cuánto tiempo moriré? —finalmente lanzo la pregunta.

—Noah —reprende por mi actitud—, solo hablaré con tu madre.

Mamá está recibiendo una llamada afuera, así que aprovecho que nos encontramos solos para preguntar si estaré mucho más tiempo con ella o si me iré pronto.

—No soy un niño, doctor, entiendo a la perfección lo que pasa, ya que lo he leído en muchos libros y en internet —justifico mi interés—. Además, si me cuenta, así podré reconfortar a mamá cuando esté triste —insisto. Siento mis ojos humedecerse un poquito. No voy a llorar, no enfrente de mamá.

—El tratamiento no funciona, pequeño, necesitas de tu papá —Se refiere a Aubrey, quien siempre que mamá le pide que me ayude, dice que prefiere que me muera a donarme uno de mis órganos.

—Está bien, solo no le diga eso, ¿sí? ¿Puede decirle que estoy bien o hacerlo con palabras más bonitas? —pregunto, sintiendo algo feo en mi corazoncito al imaginar a mamá llorar durante el camino a casa.

—No puedo, Noah, mi deber es hablar con la verdad, puedo suavizarla, aun así se pondrá muy triste, pero es porque te ama y mucho —asegura y no creo que sea justo.

—Regresé, ¿nos dejas solos, mi amor? —solicita mamá luego de abrir la puerta y no quiero.

—Pero…

—Será solo por un momento —Me interrumpe.

Abandono el asiento y voy directo a la puerta, me alejo del consultorio y sin querer el suelo comienza a humedecerse. Algo dentro de mi pecho, se siente feo y es algo malo porque mi respiración es rara. Me duele y más porque mis manos y el resto de mi cuerpo se tensan.

—Noah —Escucho a Aedus, su mano me impide continuar—. ¿Qué pasa? —pregunta igualando mi altura y no quiero darle la mirada— Noah —insiste.

—No quiero dejar sola a mi mamá.

—No lo harás, siempre estarás con ella, lo prometo —dice, pero sé que es mentira.

—No es cierto, voy a morir y no me tendrá más —chillo, lo hago sin querer.

—Vas a estar bien, haré lo que sea para que te quedes con tu mamá —asegura y me sigo sintiendo mal porque no le creo.

—¿Puedo salir? Al parque —señalo para luego limpiar mi cara con mi camisa.

—Te acompaño —Se ofrece y niego, quiero estar solo—, de acuerdo, voy contigo, te cuido desde adentro, ¿te parece? —busca una respuesta y asiento.

 

Gerard

 

—¿Entonces? —pregunta Philippe saliendo del hospital.

Luego de haber estado expuesto por tanto tiempo al agua aquella noche, un pequeño malestar apareció y consulté al médico, puesto que eso, sumado al cansancio que he manejado estas últimas semanas y el estrés que me provocó el que me robaran, me ha estado afectando un poco.

—Almuerzo y luego junta, ¿te parece? —busco su opinión.

—Pero rápido, muero de hambre —dice empujándome—. ¿Cenarás con la inglesa? —averigua.

—No lo sé, no ha contestado mis llamadas y no creo que lo haya hecho tan mal —comento.

La cena estuvo bien, ella lo dijo, la disfrutó y me agradeció por ello, así que aún no logro comprender en su totalidad, el motivo que tiene para ignorarme. Nos divertimos y si no fuese porque Noah debía asistir a la escuela la mañana siguiente, no tengo pruebas, pero tampoco dudas que hubiéramos continuado conversando durante toda la noche.

—¿Ese es tu hijastro? —señala en dirección ala de pediatría del hospital.

Mi vista viaja hacia donde me indica y observo al castaño de cabello oscuro y ojos verdes entrando al túnel del patio de juegos.

—Ya regreso —aviso cambiando el rumbo de mis pasos.

—¡Gerard, maldito! —enfurece al instante, pero no le regreso mi atención, lo ignoro.

Camino hacia el túnel en donde acabo de ver que sea ha escondido, mientras, con mi vista, intento encontrar a la hermosa Christine; sin embargo, no la veo, al que sí, es a Aedus, que está en la entrada, vigilando al pequeño desde su posición. Agito mi mano en modo de saludo, que regresa con un simple asentimiento.

—No… —hago silencio al escuchar unos leves lloriqueos.

«¿Es él?» Me cuestiono al tiempo en que me acerco.

Me arrodillo y trato de ingresar gran parte si mi cuerpo al túnel, aun así, mi esfuerzo es en vano, a consecuencia de que es muy estrecho.

—Noah…

Lo observo sentado, apoyado en una de las paredes, con sus piernas recogidas, siendo abrazadas por sus brazos y escondiendo su rostro.

—Vete, quiero estar solo —exige.

Se gira, me da la espalda y siento como mi cuerpo se estremece a causa de su actitud. En su casa y cuando me ayudó en la calle, se mostró por completo diferente, así que lo que puedo asumir, es que algo malo le sucede.




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