Un Esposo Para Mamá

CAPÍTULO XI

Christine

 

—¿Qué sucede, Christine? —cuestiona.

No he parado de observarlo y por ello, he despertado aún más su interés.

—Nada —miento de inmediato y sus risas estallan. Despiertan cada poro de mi piel.

—No le creo —responde y para la sorpresa de ambos, yo tampoco lo hago.

«—La verdad es que me fascina ver su seriedad detrás de esos lentes y sin importar que le haya pedido comportarse un poco más profesional mientras trabajamos, deseo todo lo contrario —pienso para mí misma. No me atrevo a decírselo.»

Mi mente no puede evitar viajar a aquella noche en donde me acarició y me llenó de placer. Sé que estuvo mal, puesto que lo único que me separaba de Noah era aquel cristal y la cortina, pero me dejé llevar.

Me divorcié de Aubrey hace algunos años y antes de que diéramos inicio al proceso, nuestra relación no era la mejor, solo compartíamos la casa, nos sentábamos junto a Noah en el comedor y dormíamos en la misma cama, dándonos la espalda. Después de él, no he tenido pareja, por el hecho de que me he dedicado por completo a Noah y empiezo a pensar que esa soledad es la que me tiene así: me he estado comportando un poco impulsiva al dejarme guiar por el francés enfrente de mí.

Andrè es apuesto y se nota que tiene sentimientos genuinos, a pesar de ello, tengo miedo. No quiero que Noah se haga ideas, ya hemos sufrido lo suficiente con su padre y su enfermedad, como para tener una nueva decepción. Sería difícil para ambos el que intentemos algo y luego sea un total fracaso.

—¡Christine! —Aedus eleva la voz y ni siquiera me di cuenta en que momento ingresó.

—¿Qué sucede? —averiguo al instante, buscándolo.

—La cita de mañana de Noah la cambiaron para hoy a las tres de la tarde —avisa.

—No, tiene que ser mañana, tengo una reunión a esa hora —recuerdo el compromiso.

—Yo puedo llevarlo —Se ofrece y mis ojos viajan a él.

—¿De verdad? —pongo en duda su propuesta y la sonrisa que me brinda me hace cruzar las piernas.

—Por supuesto —ratifica.

—Gracias.

Me coloco en pie y camino hacia él. Me acerco, con la intención de depositar un beso en su mejilla en señal de agradecimiento, pero el tramposo, sostiene mi rostro y gira el suyo, provocando que nuestros labios vuelvan a encontrarse.

—Me largo —Se despide Aedus y las risas de Andrè me hacen estremecer.

—Lo prometió —musito.

—Le dije que no se acercara, Christine —recuerda su advertencia y como respuesta, mis ojos se convierten en esferas blancas.

Abandona su asiento, supera mi altura, por lo que debo elevar un poco mi cabeza para observarlo. Sus manos se trasladan a mis caderas y con rapidez, me levanta, mi trasero reposa sobre el cristal, mientras él ocupa el espacio entre mis piernas.

—¿Terminaremos en la cama? —averiguo, dando por terminado el silencio.

—No tengo afán —asegura y niego torturando mi labio.

La presión que ejerce su entrepierna al entrar en contacto con la mía, alega todo lo contrario. El matiz en su voz y su mirada, que aparentemente se muestra tranquila, también lo dejan en evidencia.

Belle et toute à moi —pronuncia no solo tiemblan mis piernas, sino que mis brazos de unen.

—Entendí la primera parte: hermosa… —verbalizo con un poco de dificultad—, ¿puedo saber el resto? —indago, me dejo llevar por algo más allá de la curiosidad: deseo, el que me provoca el simple hecho de escucharlo hablar.

—Christine, si lo desea, puedo enseñarle francés —propone y la duda me gobierna—, tengo un método que no hay dudas de que funcionará —pronuncia en voz baja.

—¿S-sí? —Me vuelvo torpe al sentir su respiración justo en mi cuello.

—Repita después de mi —solicita—: Je vous appartiens, André —dice.

Je vous appartiens, André —hago mi mejor esfuerzo.

—Ahora: Je suis à vous —pide y vuelvo a intentarlo—. Una vez más, pero completo, como diálogo, yo digo algo y usted me responde, ¿de acuerdo? —dice y solo asiento—. Belle et toute à moi —recita lo que dijo hace un par de momentos y vuelvo a estremecerme.

Je vous appartiens, André, je suis à vous —Lo complazco y antes de que pueda hacer una pregunta, sus labios me silencian.

—Perfecto…

Sus besos se trasladan a mi cuello, sus manos acarician mis muslos y simplemente lo disfruto, no me molesto en detenerlo, pese a ello, intento cuestionarlo acerca de lo que acabamos de pronunciar.

—¿Cuál es el significado? —busco un poco de claridad.

—Dije: Hermosa y toda mía —abro mis ojos en grande por aquella afirmación— y usted respondió: Le pertenezco, Andrè, soy suya…

—¡¿Qué?! —Me escandalizo y sus risas sobre mi piel no se hacen esperar— ¡Es un tramposo! —Le acuso y solo se divierte.

—No dije nada que no sea cierto o que no vaya a cumplirse, es hermosa y muy pronto va a pertenecerme, ¿acaso no recuerda que Noah está con los preparativos de la boda? —bromea y simplemente lo acompaño con mis risas.




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