Un hijo para el C.E.O.

Capítulo 1

Clary se miró varias veces en el espejo antes de ponerse los lentes que había comprado con el dinero que había ahorrado y alisó la falda que tenía puesta. Era uno de esos tantos días en los que tenía que dar su mejor sonrisa a un sujeto que no la quería, que simplemente era un ser mezquino que necesitaba a una chica como ella para que la empresa de su padre pasara a tener más renombre en el mercado. Era un hombre que posiblemente le doblaba la edad, pero ni hablar de lo que se decía en las fiestas en donde las omegas y humanas hablan sobre cómo ese sujeto trataba a sus esposas antes de mandarlas al otro mundo. 

Tomó asiento en su cama y se quedó mirando a la nada mientras recordaba cómo su vida se volvió demasiado dispareja desde que se comprometió con Piero. Tenía un hermoso anillo, pero no se lo había dado la persona que más amaba y eso la tenía tan triste que deseó que en algún momento su amor no correspondido la mirara con los mismos ojos que ella, pero él parecía solo verla con ojos acusadores por algo que ella no hizo hace cinco años, sino su hermana.

— ¿Se puede saber por qué no estás cambiada? —su madre entró al igual que su hermana Carolina, quien la veía con una sonrisa que no le agradó—. Eso que tienes puesto no es una ropa digna de usar.

— No tengo otra cosa que ponerme —frunció el ceño mientras se ponía de pie—. Papá no me dejó salir a comprarme un nuevo vestido.

— Tienes muchos vestidos —dijo su hermano caminando hacia su armario—. Mamá, puedes buscar unos zapatos de tacón. Mi hermosa hermana tiene que verse bella y llena de energía para su querido esposo.

— No somos esposos y no me voy a casar con él —dijo segura y su hermana le mostró una sonrisa malévola.

— ¿Crees que ese amor por Mark durará para toda la vida? —ella no le respondió—. No seas estúpida y entiende que perdiste cualquier tipo de afecto por ese alfa que sólo te ve como una estúpida y fea omega.

— No sería la primera vez en la cual alguien me ve de esa manera —susurró—. No me voy a poner ese vestido. No me gusta.

— No estamos para cuestión de gustos —dijo su madre con unos zapatos de tacón en las manos—. Desnúdate, tenemos que ponerte presentable para tu futuro esposo.

No tuvo de otra más que quitarse la ropa que su madre y hermana le había buscado, ella no quería ponersela porque se veía como esas mujeres de la calle y mucho menos se quería casar con un sujeto que únicamente veía en ella como una especie de nueva esposa en donde dejaría caer sus puños en cuanto pudiera. Su cabello fue alisado por su madre y el maquillaje por su hermana, ni siquiera quería estar en ese lugar, mucho menos tener que respirar el mismo aire que esas personas. Una vez que vieron todo bien en ella, le rociaron perfume y le dijeron que cuando vaya a la sala se sentara junto a su futuro esposo, ya que este lo había pedido.

— Te ves hermosa, Clary —Piero se puso de pie y tomó una de sus manos para dejar un beso.

— Gracias por el cumplido —sonrió a medias—. También te ves muy guapo.

— Viniendo de ti, eso me gusta.

Ella volvió a mostrarle una sonrisa, pero esta una incómoda. Se sentó en donde le habían indicado y ella cruzó sus piernas bajando un poco el vestido para que no se viera algo de más. Ni siquiera era ella quien estaba  lugar, mucho menos podía pensar en algo que no fuera salir huyendo de ese sitio. 

— ¿Puedo llevar a mi novia a otro lugar más privado para hablar? —preguntó Piero de manera lenta y con buenos modales—. Me gustaría pasar un tiempo a solas con ella antes de pasar a la cena.

— Claro que sí, eso es algo que no se pregunta, querido —dijo su madre encantada—. Pueden ir al estudio de mi hija.

— Mamá…

— Mamá nada, es bueno que tu futuro esposo conozca todo lo que haces en tus tiempos libres.

La omega no tuvo de otra más que llevarlo a su pequeño estudio en donde tenía cientos de diseños de vestidos y uno que otro desastre. 

— Tu padre me dijo qué quieres ser diseñadora de modas —Piero fue viendo todos sus diseños—. Lamento decirte que no podrás hacerlo una vez que nos casemos.

— ¿Qué?

— Quiero que mi esposa esté en la casa dispuesta a todo conmigo —lo vio encogerse de hombros—. No me interesa lo que tengas que hacer durante el día, mientras estés en mi casa harás todo lo que yo te diga. Por algo eres la esposa que compré.

— Yo no te pedí que me hicieras el favor de comprarme, no me importa lo que mis padres digan…

— Cariño, eres una bastarda —eso le dolió—. No creo que a tus padres les importe algo acerca de ti. Sólo estás en sus vidas como un cero a la izquierda y eso se ve hasta como estás vestida.

— Entonces no nos casemos —respondió bajándose el vestido—. No me quieres, tampoco te quiero.

— Aquí no estamos en cuestión de ver quien quiere a quien —Piero siguió mirando los diseños—. Para evitarnos problemas, voy a convencer a tus padres de llevarte al crucero que se está armando un viejo socio. Ellos irán y como eres mi novia, tienes que ir.

— No quiero salir…

— Irá tu viejo amor —Clary pasó saliva en seco—. Sé que siempre has estado enamorada de Mark, el hijo de Markus —ella no le respondió—. Esos sentimientos que tienes debes mantenerlos lejos de cualquier forma no quiero que me hagas pasar un momento desastroso en ese crucero.

— Entonces no me lleves —dijo como si nada y antes de que se diera cuenta tenía las manos del alfa sobre su cabello—. No me hagas enojar, ambos sabemos quien saldrá perdiendo. Será mejor que no trates de hacerme enojar, porque no será bonito para ti y no quiero arruinar ese hermoso rostro que tienes.

— Suéltame.

— No dirás eso cuando estemos los dos en la misma cama y haciendo el amor todas las noches —besó su frente y luego lamió su mejilla—. Eres mucho más hermosa que tu hermana Carolina. Hasta tu olor es mejor. Tenía mis sospechas de que había hecho una elección errónea, pero viendote con este vestido, sé que no me voy a arrepentir de haberte elegido de entre todas tus hermanas.




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