Un hijo para el C.E.O.

Capítulo 6

Clary fue hacia donde estaba Rebecca a la espera de que el barco de una vez por todas al fin tocara tierra, pero algo le decía que ella tenía problemas en el paraíso debido a todo en rollo que estaba armando en ese barco gracias a las exnovias de su futuro esposo.

—  Te ves como una mujer empoderada y eso me asusta —se puso justo al lado de Rebecca con sus lentes de sol en las manos—. Supe que tu matrimonio con Marco llegó a su fin antes de comenzar.

— Nos vamos a casar —Rebecca le mostró el anillo—. Ahora será bajo mis reglas.

— Esto es una locura —se mostró emocionada—. Pensé que eras de esas chicas que eran medio asustadizas, sin embargo, eres más fuerte.

— Llegué a un punto en el cual mataré a alguien si me vuelven a mentir —ella se pasó la lengua por los labios—. Espero que en verdad estés embarazada de Mark. 

— ¿Esto lo tomarás como una especie de venganza?

— Sí, es poco para lo que se merece —suspiró Rebecca—. Tenemos dos años siendo amigos y parece que ni siquiera lo conozco.

— Son cosas que tal vez se me pasó. Mark nunca ha sido el tipo de hombre que tiene amigas —Rebecca la miró—. Eres la primera mujer que se le acerca para ser su amiga y no llevarla a la cama.

— Sé que lo quieres mucho, porque sabes todo eso de él.

— Es que, por lo visto, no lees las noticias acerca de todas las mierdas que él ha hecho a lo largo de los años —desvió su mirada hacia la costa—. Está familia está llena de secretos y por lo visto solamente sabes quién es tu papá y hermana.

— Ni siquiera quería saber quiénes eran mis padres… supe todo en una sola noche.

— Resultaste ser hermana de Rachel, la ex de Marco. Eso no se siente bien, cualquier mujer sentiría que la está usando por el simple hecho de que tiene la misma sangre de la mujer que más amó —eso la hizo sentir peor.

— No me estás haciendo sentir mejor —arrugó la nariz—. ¿Sabes algo de Licy?

— Lo único que sé es que ella se estaba ocultando de Matteo —suspiró y luego rio—. Por alguna extraña razón ella en verdad no quiere saber nada de él.

— Tendrán mucho que ver, ya que ella está esperando un bebé —levantó su mano para que Licy la viera—. Allí viene y se nota que está de mal humor.

— Créeme que cualquiera lo estaría —Rebecca abrazó a Licy—. Te ves como si quisieras matar a alguien porque te debe dinero.

— Esa es la cuestión —sus hombros se hundieron—. Yo solamente quería tener una vida normal y ahora me toca quedarme en la casa presidencial porque a Matteo se le ocurrió la magnífica idea de que tengo que cumplir como su esposa.

— Bueno, eso era lo que todos sabíamos que iba a pasar —Clary acarició su espalda—. Ahora la cuestión es que tú eres una chica que pasó de ser la mano derecha del presidente a su esposa.

— Recordar eso me dan ganas de lanzarme desde aquí —se recostó en el barandal—. Fue un fin de semana algo caótico.

— Ni que lo digas —dijo Rebecca—. Ahora ni sé si quiero continuar con esto. No puedo ser esposa de Marco por el simple hecho de que me mintió y sigo creyendo que lo seguirá haciendo… —su voz tembló—. Siento que todos me usan y la verdad es que ya no sé.

— Es entendible, yo estaría así si me entero de que el padre de mi bebé también me utiliza —dijo Clary.

— En tu caso Mark resultó ser el que fue usado —dijo Licy y todas rieron.

Se la pasaron de lo más cómodas conversando mientras el barco terminaba de llegar a la costa. Se despidió de sus amigas, para luego ir con su familia. Se fueron en varios autos y para su mala suerte, ella tuvo que irse con sus hermanas, pero para su grata sorpresa se encontró con su hermana Carolina más enojada que nunca hasta con su propio padre. Debido a que, ella no se quería casar con cualquier desconocido.

— ¿Quieres casarte con Piero? —preguntó Clary de repente, llamando la atención de sus hermanas—. No creo que haya mucha diferencia entre ambos y los dos se entienden perfectamente bien.

— Para nadie es un secreto que esos dos se cogen en cualquier superficie plana y que nuestro padre se hace de ojos ciegos y de oídos sordos porque piensa que dejando que Carolina haga eso, Piero invertirá más dinero a la empresa —dijo su hermana Carol—. Solo que Piero no la quiere como esposa, sino a ti.

— Yo no quiero casarme con él y eso es algo que nuestro padre se pasa por donde no llega la luz del sol —suspiró—. ¿Por qué no te niegas?

— ¿Piensas que no lo hice? ¿Me ves con cara de que quiero pasar el resto de mi vida amarrada a un hombre? —preguntó asqueada—. Ese no es mi destino, no quiero si…

— Pero si quieres ser el hazmerreír de las mujeres de la alta sociedad —dijo Carol—. ¿Crees que nadie se enterará de que te acuestas con cualquier hombre? ¿Qué ni siquiera sabes calentar agua?

— Eso…

— Solamente haz lo que te ordene nuestro padre, por favor —la interrumpió—. No sabes con quién te estás metiendo, mi madre no es un alma bondadosa, únicamente ve en ti un juguete por el simple hecho de que eres la hija de una de sus amantes, ¿consideras que en verdad te quiere? —su hermana Carol se mostraba enojada—. Te casarás esta semana con un socio de nuestro padre, puedes ir haciéndote a la idea de que saldrás de nuestra casa.

—¿No dirás nada? —Carolina se dirigió hacia ella—. ¿No ves lo que está pasando?

— Te burlaste de mí cuando te pedí ayuda para escapar del infierno que me tocó vivir, no quieras pedirme ayuda cuando sabes que no te ayudaré en nada.

Fue todo lo que dijo antes de mirar la vista de las calles de la ciudad. Ella le pidió muchas veces ayuda a Carolina, siempre buscó la manera de escapar de su destino, únicamente que nunca daban resultados lo que ella quería hacer o planeaba. Ella siempre se burló de su desgracia al ser la hija de una prostituta que hasta el último día de su muerte la cuidó para que no cayera en las garras de su padre. La primera persona que vio cuando bajó del vehículo fue su novio. Con los hombros caídos, fue hacia su encuentro con él y para no levantar sospechas lo abrazó como si nada.




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