Mismas paredes. Mismos pasillos. Mismos tratamientos.
Pero desde que conoció a Leo, Camila comenzó a esperar cada mañana con emoción.
Aquella tarde salió de su habitación y lo encontró sentado en la sala común.
—Sabía que te encontraría aquí —dijo ella.
—Y yo sabía que aparecerías para interrumpir mi lectura.
—¿Qué tiene de malo?
—Nada. Es más divertido.
Camila sonrió.
Era extraño lo rápido que se habían vuelto amigos.
Leo cerró su libro.
—¿Quieres ver algo?
—Depende.
—Confía en mí.
Camila lo siguió por varios pasillos hasta llegar a una puerta metálica al final de una escalera.
Leo abrió la puerta.
Una ráfaga de aire fresco los recibió.
—¿La azotea? —preguntó Camila sorprendida.
—Mi lugar favorito.
Desde allí podían verse las luces de la ciudad.
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.
Camila quedó maravillada.
—Es hermoso.
—Lo sé.
Ambos se sentaron cerca de la barandilla.
Por unos minutos simplemente contemplaron el paisaje.
—¿Qué harías si pudieras salir mañana del hospital? —preguntó Leo.
Camila pensó un momento.
—Iría al mar.
—¿Al mar?
—Sí. Nunca me canso de verlo.
—Yo viajaría.
—¿A dónde?
—A cualquier lugar.
Camila sonrió.
—Eso no cuenta.
—Entonces a Italia.
—Buena elección.
Por primera vez la conversación se volvió más seria.
—¿Tienes miedo? —preguntó Leo de repente.
Camila comprendió perfectamente a qué se refería.
Bajó la mirada.
—Sí.
Leo permaneció en silencio.
—Yo también.
Era la primera vez que alguno de los dos admitía aquello en voz alta.
No hablaban de enfermedades.
No hablaban de diagnósticos.
Pero ambos sabían que sus vidas dependían de tratamientos, medicamentos y esperas interminables.
—A veces me pregunto si lograré hacer todo lo que quiero hacer —confesó Camila.
Leo observó el cielo.
—Yo también.
La respuesta fue sencilla.
Pero sincera.
Y por eso significó tanto.
Cuando las luces de la ciudad comenzaron a encenderse, Camila sonrió.
—Gracias por traerme aquí.
—Cuando quieras volver, solo avísame.
—Será nuestro lugar secreto.
Leo extendió la mano.
—Trato hecho.
Camila estrechó su mano.
Y por alguna razón, ninguno quiso soltarla de inmediato.
Muy lejos de allí, la Dra. Torres revisaba unos nuevos resultados médicos.
Su expresión era seria.
Había noticias importantes.
Y cambiarían muchas cosas para Camila y Leo.
Continuará...