Un latido mas

Capítulo 5: El Miedo de Perder

La noche después de recibir la noticia fue larga para Camila.

Intentó dormir.

Intentó leer.

Intentó distraerse.

Pero el miedo seguía allí.

Por primera vez desde que había llegado al hospital, no podía dejar de pensar en lo que podría pasar si el trasplante no llegaba a tiempo.

A la mañana siguiente, Leo apareció en su habitación con una enorme sonrisa.

—Tengo una misión.

Camila levantó una ceja.

—¿Otra vez?

—Por supuesto.

—¿Y ahora qué?

Leo sacó una pequeña caja decorada con estrellas de papel.

—Cumpliremos otro sueño de la lista.

Camila abrió la caja.

Dentro había decenas de papelitos doblados.

—¿Qué es esto?

—Cada papel tiene algo que podemos hacer aquí dentro.

Camila tomó uno.

—"Concurso de dibujos".

Tomó otro.

—"Contar el secreto más vergonzoso".

Leo comenzó a reír.

—Ese fue idea de Diego.

—Lo imaginé.

Por primera vez en días, Camila volvió a divertirse.

Pasaron toda la mañana sacando retos al azar.

Algunos eran ridículos.

Otros bastante divertidos.

Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Mientras regresaban de la sala común, Leo comenzó a toser.

Al principio parecía algo normal.

Después la tos se hizo más fuerte.

Más intensa.

Hasta que tuvo que apoyarse en la pared para respirar.

—¡Leo!

Varias enfermeras llegaron corriendo.

Camila observó cómo se lo llevaban rápidamente.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Demasiada fuerza.

Las horas pasaron lentamente.

Nadie le decía nada.

Nadie le explicaba qué estaba ocurriendo.

Cuando finalmente vio a Diego salir de la habitación de su hermano, comprendió que algo iba mal.

—¿Cómo está? —preguntó.

Diego bajó la mirada.

—Los médicos están preocupados.

Camila sintió un vacío en el pecho.

—¿Está muy grave?

—No lo sé.

Aquella respuesta fue peor que cualquier otra.

Esa noche subió sola a la azotea.

Por primera vez, Leo no estaba allí.

La ciudad seguía iluminada.

El viento seguía soplando.

Pero todo parecía diferente.

Camila apretó con fuerza el cuaderno de los sueños.

Y por primera vez se permitió llorar.

No por ella.

Sino por el miedo de perder a la persona que se había convertido en la más importante de su vida.

Mientras tanto, en la unidad de cuidados especiales, Leo observaba el techo de su habitación.

Sabía que algo estaba cambiando.

Y también sabía que el tiempo podía estar agotándose para ambos.

Continuará...




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