Por un lado, estaba feliz.
Por fin tenía una oportunidad de vivir la vida que siempre había soñado.
Pero por otro lado, no podía dejar de preocuparse por Leo.
Cada vez parecía más cansado.
Cada vez respiraba con más dificultad.
Y aunque él seguía sonriendo, Camila sabía que algo no estaba bien.
Aquella noche, ambos subieron a la azotea.
El cielo estaba despejado.
Miles de estrellas brillaban sobre ellos.
—¿Recuerdas nuestra lista? —preguntó Leo.
—Claro.
—Hoy vamos a cumplir otro sueño.
Camila sonrió.
—¿Cuál?
Leo señaló el cielo.
—Ver las estrellas juntos.
Camila levantó la mirada.
Era hermoso.
Permanecieron en silencio durante varios minutos.
Disfrutando aquel momento.
Como si quisieran guardarlo para siempre.
—Tengo miedo —confesó Camila de repente.
Leo la observó.
—Yo también tendría miedo.
—¿Y si la operación sale mal?
—No saldrá mal.
—Pero...
Leo tomó su mano.
—Escúchame.
Camila lo miró.
—Vas a salir de esa operación.
Vas a recuperarte.
Vas a conocer el mar.
Y vas a cumplir todos los sueños de esa lista.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Camila.
—¿Y tú?
Leo sonrió.
Pero aquella sonrisa tenía algo diferente.
Algo triste.
—Yo intentaré alcanzarte.
—¿Qué significa eso?
—Que no pienso rendirme tampoco.
Camila apretó su mano con fuerza.
—Prométeme algo.
—Lo que sea.
—Que cuando salgamos de aquí iremos juntos al mar.
Leo la miró durante unos segundos.
—Lo prometo.
Entonces extendió su dedo meñique.
—Promesa oficial.
Camila rio entre lágrimas y entrelazó su dedo con el de él.
—Promesa oficial.
En ese instante una estrella fugaz cruzó el cielo.
Ambos la observaron maravillados.
Sin saber que estaban viviendo uno de los momentos más importantes de sus vidas.
Al día siguiente comenzarían los preparativos finales para la cirugía de Camila.
Y mientras todos se concentraban en la operación, los médicos recibieron nuevos resultados sobre la salud de Leo.
Resultados que eran mucho más graves de lo que habían imaginado.
Continuará...