Camila abrió los ojos lentamente.
Todo estaba borroso.
Escuchó voces.
Monitores.
Pasos.
Y entonces recordó.
La operación.
El trasplante.
Con dificultad, llevó una mano hacia su pecho.
Allí estaba.
Un nuevo corazón latía dentro de ella.
Las lágrimas resbalaron por sus mejillas.
Lo había logrado.
Después de tantos meses de espera, seguía viva.
Horas más tarde, la Dra. Torres entró a verla.
—Bienvenida de vuelta, Camila.
—¿Salió bien?
—Muy bien.
Camila sonrió débilmente.
Lo primero que quiso preguntar fue:
—¿Dónde está Leo?
La sonrisa de la doctora desapareció un poco.
—Está siendo atendido por los médicos.
El corazón de Camila se encogió.
—¿Qué pasó?
—Tuvo una complicación.
Camila sintió miedo.
Mucho miedo.
—¿Está bien?
—Ahora mismo está estable.
Pero necesitamos seguir observándolo.
Aquella respuesta no la tranquilizó.
Los días siguientes fueron difíciles.
Mientras ella luchaba por recuperarse de la cirugía, Leo permanecía en otra área del hospital.
No podían verse.
No podían hablar.
Y para Camila, esa distancia parecía eterna.
Finalmente, una semana después, recibió permiso para caminar por los pasillos.
Todavía estaba débil.
Pero había algo que necesitaba hacer.
Ver a Leo.
Cuando llegó a su habitación, encontró la puerta entreabierta.
Respiró profundamente.
Y entró.
Leo estaba junto a la ventana.
Más delgado.
Más pálido.
Pero cuando la vio, sonrió.
La misma sonrisa de siempre.
—Hola, corazón nuevo.
Camila comenzó a llorar antes de poder responder.
—No vuelvas a asustarme así.
Leo soltó una pequeña risa.
—Lo siento.
Camila se acercó y lo abrazó con cuidado.
Por un instante ninguno quiso separarse.
Porque ambos sabían algo.
Habían ganado una batalla.
Pero la guerra aún no había terminado.
Esa tarde hablaron durante horas.
Sobre la operación.
Sobre los sueños pendientes.
Sobre el mar.
Sobre el futuro.
Y cuando el sol comenzó a ocultarse, Leo tomó el cuaderno de la lista.
Lo abrió lentamente.
Y escribió algo nuevo.
"Sueño número 15: Salir juntos del hospital."
Camila sonrió.
—Lo lograremos.
Leo la observó.
Y aunque sonrió también, en el fondo de sus ojos había una tristeza que ella no alcanzó a notar.
Porque esa misma mañana los médicos le habían dado una noticia devastadora.
Su enfermedad había avanzado más de lo esperado.
Y el tiempo que le quedaba podía ser mucho más corto de lo que imaginaban.
Continuará...