Había pasado un año desde que Camila recibió su trasplante.
Leo continuaba con su tratamiento y sus revisiones seguían mostrando una evolución positiva.
Aún había días difíciles, pero ahora eran muchos más los días buenos.
Una tarde, mientras caminaban por una calle tranquila, un pequeño anuncio llamó la atención de Camila.
"Se vende".
Detrás del letrero había una acogedora casa de una sola planta, con un jardín lleno de flores y unas ventanas pintadas de azul.
Camila se quedó observándola.
—Es preciosa...
Leo sonrió.
—¿Quieres verla?
—Solo por curiosidad.
Entraron acompañados por una agente inmobiliaria.
La casa era sencilla.
Tenía una cocina luminosa, una sala amplia y un pequeño estudio con una ventana desde donde se veía un enorme árbol.
Pero lo que más les gustó fue el jardín.
—Aquí podríamos plantar un cerezo —dijo Camila.
—Y una hamaca para leer juntos —añadió Leo.
Camila comenzó a imaginarlo todo.
Desayunos tranquilos.
Películas los fines de semana.
Navidades.
Cumpleaños.
Una vida.
Cuando salieron de la casa, Leo notó la ilusión en sus ojos.
—¿Te gustó?
—Muchísimo.
Él sonrió con complicidad.
—Entonces creo que ya encontré el lugar perfecto para cumplir el sueño número veintiuno.
Sacó el cuaderno de los sueños y escribió:
Sueño 21: Tener un hogar donde cada día sea un regalo.
Camila sonrió emocionada.
Esa misma noche, cenaron con Diego y Valeria.
—¿Van a comprar una casa? —preguntó Valeria sorprendida.
—Todavía no lo sabemos —respondió Camila.
Diego levantó su vaso.
—Yo digo que sí.
Después de todo lo que vivieron, se merecen comenzar una nueva etapa.
Leo miró a Camila.
Ella asintió.
Sin decir una palabra, ambos entendieron que estaban listos para dar ese paso.
Unas semanas más tarde, firmaron los documentos.
Cuando recibieron las llaves, permanecieron unos segundos frente a la puerta.
Camila sostuvo la llave entre sus dedos.
—¿Lista?
Leo tomó su mano.
—Contigo... siempre.
Abrieron la puerta.
Entraron.
La casa estaba vacía.
Pero para ellos estaba llena de posibilidades.
Camila caminó hasta la sala y giró lentamente observando el lugar.
—Aquí construiremos nuestros mejores recuerdos.
Leo la abrazó por la espalda.
—Y cada rincón nos recordará que nunca dejamos de luchar.
Camila sonrió.
Sobre una pequeña mesa colocó el viejo cuaderno de los sueños.
Lo abrió en una página nueva y escribió:
Sueño 22: Llenar esta casa de amor, risas y nuevos comienzos.
Leo añadió una frase debajo:
"Nuestro hogar no nació de la suerte, sino de la esperanza."
Mientras ambos contemplaban su nuevo hogar, ninguno imaginaba que muy pronto recibirían una noticia capaz de cambiar sus vidas una vez más.
Pero esta vez... sería una noticia llena de alegría.
Continuará...