Un latido mas

Capítulo 22: Pequeños latidos, grandes cambios

La casa de las ventanas azules parecía distinta desde aquella noticia.

No había cambiado por fuera… pero por dentro todo se sentía más delicado, más vivo, más importante.

Camila comenzaba sus controles médicos con más frecuencia. Leo la acompañaba a todos.

Cada cita era una mezcla de calma y nervios.

—Todo está estable —dijo la Dra. Torres en una de las revisiones—. Pero quiero que reduzcan el estrés al mínimo.

Camila asintió.

—Lo haremos.

Leo apretó su mano.

—Nosotros podemos con esto.

En casa, la rutina cambió.

Leo preparaba desayunos más suaves.

Camila descansaba más tiempo en el sofá junto a la ventana.

Y cada noche, ambos escribían en el cuaderno de los sueños, ahora con una nueva sección: “Sueños del futuro”.

Una tarde, Camila se quedó dormida en la hamaca del jardín.

Leo la observaba en silencio.

Se sentó a su lado.

—Nunca pensé que la vida pudiera ser así… —susurró.

Camila abrió los ojos lentamente.

—¿Así cómo?

—Tan… tranquila. Tan frágil. Tan hermosa.

Ella sonrió.

—Es porque ahora la estamos viviendo de verdad.

Leo apoyó su cabeza junto a la de ella.

Y por unos minutos, no dijeron nada.

Solo escucharon el viento entre los árboles.

Semanas después, llegó una nueva revisión importante.

La Dra. Torres los recibió con una expresión seria.

Camila sintió un pequeño miedo.

—¿Ocurre algo?

La doctora negó suavemente.

—No. Pero necesito hablar con ustedes sobre los próximos meses.

Leo se tensó.

—¿El bebé?

—El embarazo sigue siendo de alto riesgo, pero estable.

Camila respiró más tranquila.

La doctora continuó.

—Sin embargo, habrá momentos en los que el cansancio será mayor. Y necesitarán apoyarse mucho el uno al otro.

Leo miró a Camila.

—Eso ya lo hacemos.

La Dra. Torres sonrió.

—Entonces van por buen camino.

Esa noche, de regreso a casa, el cielo estaba lleno de estrellas.

Camila se detuvo en el jardín.

—¿Recuerdas cuando soñábamos con esto desde el hospital?

Leo asintió.

—Pensábamos que era imposible.

Camila colocó su mano sobre su vientre.

—Y ahora… es real.

Leo se arrodilló lentamente frente a ella.

No dijo nada al principio.

Solo apoyó su frente suavemente contra su vientre.

—Hola… —susurró.

Camila lo miró emocionada.

—¿Qué haces?

Leo sonrió.

—Conociendo a alguien muy importante.

Camila rió entre lágrimas.

El viento movía las hojas del árbol.

Y por primera vez, el futuro no parecía incierto.

Parecía… posible.

Pero en la distancia, la Dra. Torres revisaba los últimos análisis de Leo una vez más.

Había algo que no encajaba del todo.

Algo pequeño.

Casi invisible.

Pero suficiente para hacerla fruncir el ceño.

Y decidió que en la próxima cita… tendría que observarlo con mucho más cuidado.

Continuará…




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