Un latido mas

Capitulo 27: La respuesta definitiva

Habían pasado dos semanas desde la reunión con la Dra. Torres.

Aunque las dudas seguían presentes, Camila y Leo decidieron concentrarse en lo más importante: su familia y el bebé que esperaban.

Una mañana, la Dra. Torres los llamó de nuevo.

—Ya llegaron los últimos resultados.

Camila y Leo intercambiaron una mirada.

Entraron al consultorio tomados de la mano.

La doctora sonrió con tranquilidad.

—Esta vez tengo buenas noticias.

Camila sintió un gran alivio.

—¿Qué descubrieron?

La Dra. Torres abrió el informe.

—Después de revisar todos los estudios, podemos confirmarlo.

Hizo una breve pausa.

—No existe un parentesco biológico cercano entre ustedes.

Camila cerró los ojos unos segundos y respiró profundamente.

Leo también sonrió, aliviado.

—Entonces...

—La coincidencia genética que encontramos se debe a un grupo muy poco común de marcadores inmunológicos. Es algo raro, pero puede ocurrir entre personas sin relación familiar cercana.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de Camila.

—Así que...

La doctora asintió.

—Su historia comenzó porque el destino los reunió dos veces: cuando eran niños en aquel programa médico y muchos años después en este hospital.

Leo miró a Camila con una enorme sonrisa.

—¿Escuchaste eso?

Ella rió entre lágrimas.

—Sí.

Se abrazaron con fuerza.

Diego y Valeria, que esperaban afuera, entraron al escuchar la noticia.

—¿Todo salió bien? —preguntó Diego.

Leo sonrió.

—Sí.

Valeria los abrazó a los dos.

—Sabía que todo tendría una explicación.

La Dra. Torres cerró el expediente.

—Ahora les recomiendo hacer algo.

Camila levantó una ceja.

—¿Qué cosa?

—Dejar el pasado donde pertenece... y disfrutar el futuro que están construyendo.

Camila tomó el cuaderno de los sueños.

Lo abrió en una página nueva.

Escribió lentamente:

Sueño número 24: Nunca dejar que el miedo sea más fuerte que el amor.

Leo tomó el bolígrafo y añadió:

Sueño número 25: Contarle a nuestro hijo que la esperanza puede unir vidas.

Camila sonrió.

—Ese será mi favorito.

Leo besó suavemente su frente.

—Y el mío.

Al salir del hospital, ambos levantaron la vista hacia la azotea donde se habían conocido.

El viento movía las hojas de los árboles.

—¿Volvemos a casa? —preguntó Leo.

Camila acarició con ternura su vientre.

—Sí.

Nuestro bebé nos está esperando.

Y mientras caminaban hacia un nuevo capítulo de sus vidas, comprendieron que algunas historias de amor no se escriben en un solo instante.

Se construyen con paciencia, esperanza... y con cada latido compartido.

Continuará...




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