Hay despedidas que suceden una sola vez, pero se sienten todos los días. La gente habla de las despedidas como si fueran una puerta cerrándose. Un último abrazo. Un último mensaje. Un adiós y ya. Pero nadie me explicó que algunas despedidas se quedan abiertas. Nadie me dijo que después de irte iba a seguir encontrándote en canciones, en horas específicas, en pensamientos que llegan sin avisar. Que iba a extrañarte incluso en momentos donde parecía estar bien. Hoy entendí algo: te fuiste una vez, pero mi corazón sigue despidiéndose de ti todos los días. Y creo que esa es la parte que más duele. No tu partida. La repetición. La costumbre de perderte una y otra vez. Cada minuto en el que te digo adiós, sin que estés. Pero esta historia no nació para quedarse en la tristeza. Nació porque hubo un día en el que comprendí que escribir no solo alivia; también transforma. Cada página es una conversación conmigo misma. Un lugar donde aprendí que sanar no significa olvidar, sino dejar de cargar aquello que ya no puedo cambiar. Estas páginas hablan de un adiós, sí, pero también de una mujer que poco a poco aprendió a levantarse, a volver a sonreír, a confiar en Dios cuando no entendía el camino y a descubrir que, aun después de perder a alguien, todavía podía encontrarse a sí misma. Si alguna vez sostuviste un adiós más tiempo del que querías, quizá encuentres un pedacito de tu historia entre estos días. Y si al terminar este recorrido logras mirar tu propio pasado con un poco más de paz, entonces este libro habrá cumplido su propósito.
Zha Bloom
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reflexiones, un nuevo comienzo, crecimiento personal / superación
Editado: 10.09.2026