Amanece y pensar que,
en el transcurso del día,
va a aparecer una emoción tratando de perturbar la barrera que acabo de empezar.
Una vez más me arrodillé,
pedí perdón, di gracias
y pedí fortaleza.
Continuar sobre la desmotivación
que azota como el desierto.
¿Por qué somos tan sensibles, como el agua?
A veces quedo en blanco,
sin sentir, sin pensar.
Como la brisa pasa por mi cuerpo,
así mismo van pasando los recuerdos:
leves, pero detectables.
Pienso en no quedarme en el suelo,
aunque las heridas duelan;
afrontar es lo que queda.
“Nadie se murió de amor”, dicen,
pero sí se rompió algo
que no se puede reemplazar.
Ya no veo dolor.
Nadie carga con la culpa.
Solo abres más tu mente
y empieza a pesar menos.
Comprendí que algo debemos aprender
y también enseñar.
Como el colegio:
se comparte, se aprecia,
pero luego se dispersa.
Así siempre será la vida,
hasta que lleguemos a un acuerdo
de viajar junto con alguien
que también quiera.
Ya me siento más libre,
como un ave aprendiendo a volar.
Se pasa por choques, cansancio y dolor,
pero el final te sorprenderá.
No es fácil dejar todo aquello
que te agobia,
pero solo en Dios pude descansar.
Y aunque aún se siente alterado
el sistema nervioso,
poco a poco se va a relajar.
Somos como un arroyo:
tenemos muchos misterios, obstáculos,
pero no nos detenemos.
𝒵𝒽𝒶 𝐵𝓁𝑜𝑜𝓂
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reflexiones, un nuevo comienzo, crecimiento personal / superación
Editado: 26.09.2026