Un lugar para Kate

1

Tomé la chamarra verde que estaba sobre mi cama y me la puse. Me paré frente al enorme espejo que adornaba la puerta de mi ropero; el ejercicio matinal que había hecho desde hace casi medio año había rendido su fruto, no era exactamente delgada, pero sentía mi estómago más plano que antes.

Desenredé las trenzas que había traído toda la tarde y acomodé mi cabello ondulado, a causa del peinado. Debía admitir que el shampoo aclarante no había funcionado como lo deseaba, pero al menos mi cabello ya no era café oscuro llegando a negro.

Con el atomizador de agua mojé mi dedo índice y lo pasé por mis pestañas para enchinarlas un poco. A diferencia de mis compañeras no me atrevía a usar el enchinador o la cuchara para hacerlo, me daba un tremendo pavor.

Puse un ligero brillo labial infantil sobre mis labios y supe que estaba lista. Me admiré frente al espejo y me emocioné al verme tan arreglada, tanto que no pude evitar sonreír.
Claramente esa chica que veía reflejada ya no era Kate.

Me miré satisfecha una última vez y salí de mi habitación. Apenas cruzaba hacia el comedor cuando me topé con la puerta abierta del cuarto de Alexa. La curiosidad me llevo hasta su umbral y fue entonces que la vi: estaba colocándose un moño azul sobre su largo, oscuro y abundante cabello que acababa de planchar; moño que hacía juego con su vestido cubierto por un delantal blanco.

—¡No es justo, Alexa!—le grité desde el pasillo, fue hasta entonces que ella notó mi presencia—¡Yo soy Alicia! ¿Porqué me robaste la idea?

Antes de que me pudiera decir algo me fuí, no quería escuchar sus excusas. Rápidamente llegué al estudio, donde mi mamá estaba sentada frente a la computadora.

—¡Ya estoy lista!

—Que bien, mi amor.— dijo sin siquiera mirarme.

—¿Ya nos vamos?

—No, Kate. Tengo mucho trabajo, hasta traje unos papeles a casa para adelantar. Vas a tener que ir con Alexa y sus amigos.

—¡No! Estoy muy enojada con ella ¡Se vistió de Alicia, igual que yo!

—Son Alicias distintas, cariño.

—Aún así, me molesta muchísimo. Yo elegí mi disfraz desde hace meses y ella sólo agarra y se visite así de un día al otro. No quiero ir con ella.

—Pues será con Alexa o no saldrás. No puedes andar sola en la calle y mucho menos de noche.—molesta, cambié el peso de un pie al otro, giré los ojos y luego resoplé.

—Deacuerdo, iré con ella; pero, cuando regresemos ¿Iremos a ver a la abuela?—por primera vez me volteó a ver. Su expresión parecía confundida, luego pasó a triste.

—No. Kate, te estoy diciendo que tengo mucho trabajo, iremos el próximo fin de semana.— antes de que pudiera quejarme, Alexa entró al estudio. Era un remolino de felicidad y belleza.— Mis dos niñas ¡Qué lindas se ven!— exclamó mamá al vernos a las dos de pie frente suyo.

"Mis dos niñas" Detestaba que dijera eso, lo detestaba con cada fibra de mi cuerpo ¡Sólo yo era su hija!

Sí, Alexa era mi hermanastra. Quizá no era tan mala como las de Cenicienta, o al menos no a propósito, pero desde hace unos meses que vivíamos todos juntos ella siempre lograba hacerme sentir mal, hacerme sentir inferior a ella; aunque quizá ella misma lo ignoraba.

Mi madre tomó el teléfono móvil y se dispuso a tomarnos fotos. Me negué, pero aún así me fotografió; en cambio la perfecta Alexa incluso posó coqueta para la foto.

—Ale, Kate irá contigo ¿Está bien?

—Pues sí, está bien.—a pesar de que su respuesta fue afirmativa, eso pareció alegrarle tanto como a mí—Entonces volvemos al rato.

Tras estas palabras, ambas salimos del estudio. Llegamos a la sala y salimos al pasillo. Nosotros vivíamos en el departamento principal de una vecindad familiar. Bajamos las escaleras hacia el patio cuando de otra puerta salió una mujer anciana, era la abuela de Alexa.

— Ale, aquí se celebra Día de Muertos, no Halloween ¡No deberías vestirte así!— sabía que era malo, pero no pude evitar sentirme feliz al ver como aquella perfecta chica era reprendida, sin embargo la alegría no me duró tanto—Deberías aprender de tu nueva hermana, mírala, esa niña no se ha disfrazado como tú.

—Abue, sólo es para pasar el rato—sin dar más explicaciones bajó rápido las escaleras sobrantes y yo tras suyo.

"Esa niña no se ha disfrazado" "No se ha disfrazado" "No se ha disfrazado" "No"  Las palabras de la anciana resonaban en mi cabeza aún estando ya en la calle.

—¿Entendiste?—me preguntó Alexa. Sacudí la cabeza con brusquedad para despejar el feo comentario y prestar atención a lo que me decía.

—No escuché.—tuve que admitir, ella resopló y volvió a repetirlo.

—Dije que veremos a mis amigas en la esquina del mercado, hay que ir para allá.— Asentí con la cabeza y la seguí.

Las calles estaban inundadas por catrinas y payasos, diablillas y vampiros, brujas y zombies. Pero también tenían presencia los personajes de moda como Joker y Harley Quinn, Maléfica y los ladrones de La casa de papel; igual que personajes clásicos como It, Chucky y variados superhéroes.

De pronto, entre el mar de gente, vi a una reina de corazones junto al sombrerero y una coneja blanca. Mi hermanastra corrió a su lado. Ahora lo entendía, su disfraz era parte de un grupal; pero no era excusa para alegrarme, en realidad me hacía sentir un poco peor.

—Chicas, traje compañía. Espero no les importe.

—Hola—les saludé tímidamente, todos me saludaron animados, pero era más por la euforia de la fiesta a nuestro alrededor que verdadera alegría de verme. Avanzamos por la ancha calle.

— Oye, Ale ¿A qué hora pediremos dulces?—me atreví a preguntar después de algunas cuadras recorridas. Todos me miraron como al bicho raro, mirada a la que ya estaba acostumbrada.

—Estamos muy grandes para eso—me dijo Mercedes, la reina de corazones.

—Bueno, tal vez  ustedes, pero...yo sólo tengo trece, aún me darán dulces ¿No?



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En el texto hay: enfermedades mentales

Editado: 29.12.2025

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