Un Marido Impuesto

PROLOGO

Clara ya no podía aguantar más.

Llevaba casi una hora sentada en aquella silla, respirando el olor a tintes, laca y café recién hecho que impregnaba el pequeño salón de belleza de Benicasim. Cada vez que intentaba girar la cabeza para mirarse en el espejo, Lucía le sujetaba el mentón con firmeza.

—Ni se te ocurra mirar todavía.

—Por favor... —protestó Clara, tirando suavemente de la mano de su amiga—. Solo un segundo.

Lucía soltó una carcajada mientras daba el último toque con una brocha sobre sus labios.

—Eres incapaz de esperar, ¿eh? Un momento más...

Clara respiró hondo. Notaba el corazón acelerado. Aquello era mucho más que un cambio de imagen. Era un plan. Uno bastante desesperado.

Lucía retrocedió un paso, inclinó la cabeza como una pintora contemplando su obra y sonrió satisfecha.

—Ahora sí.

Con un gesto teatral, giró la silla hacia el espejo.

—Prepárate.

Clara levantó lentamente la vista.

Durante unos segundos no reconoció a la mujer que tenía delante.

—Madre mía...

La joven del espejo conservaba sus delicados rasgos, pero desprendía una seguridad que jamás había sentido propia. El cabello, teñido de un intenso color cereza oscuro con reflejos caoba, enmarcaba su rostro de porcelana y hacía que sus ojos grises adquirieran una profundidad casi hipnótica. Parecían esconder secretos. Sus labios, maquillados en un rojo amapola satinado, resultaban descaradamente sugerentes. No vulgares, sino peligrosamente atractivos.

Se acercó un poco más al espejo.

Era como observar a otra persona. O quizá a la mujer que siempre había escondido detrás de la prudencia. Una sonrisa torcida apareció en sus labios.

Resultaba irónico. Hacía años que ningún hombre la besaba.

El único beso que recibía con cierta frecuencia era el de su abuelo Manuel, siempre en la frente antes de despedirse. Un gesto breve, casi incómodo, propio de un hombre educado en otra época, incapaz de expresar con palabras el inmenso cariño que sentía por su nieta.

Y precisamente por ese cariño estaba dispuesto a complicarle la vida.

Desde hacía meses insistía en que conociera al nieto de un viejo amigo suyo, un empresario valenciano con el que había compartido media vida trabajando en el negocio de la exportación de cítricos. Según él, aquella era una oportunidad que no debía dejar escapar.

Clara, en cambio, lo veía como una sentencia. Dentro de apenas unas horas viajaría desde Castellón hasta una exclusiva finca familiar situada en la costa alicantina para pasar unos días con aquella familia. Su objetivo era muy sencillo. Conseguir que la rechazaran antes incluso de plantearse cualquier compromiso. Y aquella transformación era la primera fase del plan.

—¿No crees que es... demasiado? —preguntó sin apartar la vista del espejo.

Lucía cruzó los brazos, divertida.

—Ese era exactamente el objetivo.

Clara la miró de reojo.

—¿Tú crees?

—Vamos a ver. Me has contado que esa familia es de las de toda la vida, tradicionales, elegantes, amantes de las apariencias... Pues perfecto. Van a pensar que eres un terremoto.

Clara dejó escapar una risa. Por primera vez en varios días, la ansiedad aflojaba un poco.

—Puede que tengas razón.

—No "puede". La tengo.

Lucía chasqueó los dedos.

—Ahora queda lo más importante.

—¿Qué?

—Aprender a caminar como si supieras que todo el mundo te está mirando.

Clara arqueó una ceja.

—Eso no sé hacerlo.

—Por eso estoy yo.

Lucía comenzó a desfilar por el salón con una exagerada seguridad, balanceando las caderas de forma tan teatral que arrancó las carcajadas de las dos peluqueras.

—Así.

Clara intentó imitarla. Al segundo paso estuvo a punto de perder el equilibrio.

—¡No puedo!

—Claro que puedes.

Volvió a intentarlo.

Esta vez consiguió recorrer unos metros antes de echarse a reír. Las dos terminaron dobladas sobre sí mismas, incapaces de contener las carcajadas. Durante unos minutos, el miedo desapareció. Ninguna de las dos podía imaginar que, cuando el sol se ocultara sobre el Mediterráneo, aquel inocente juego sería el comienzo de una historia que cambiaría la vida de Clara para siempre.

NOTA DE AUTOR: MUchas gracias por leerme, espero que esta historia sea de su agrado. Esz el primer borrador, puede que tenga algunos fallos (sobre todo en los nombres de personajes, suelo confundir a mis personajes al escribir novelas de cuatro en cuatro) se agradeceran las críticas constructivas y las correcciones o avisos donde encuentren algún error. Disfruten de la lectura.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.