Un matrimonio a distancia

Capítulo # 3

Capítulo # 3

En Grecia.

En la empresa Mylonas.

Duncan no quería ir a hablar con Meghan, su esposa le había insistido que le preguntara a Meghan si iba a verla para tener listo todo lo que le había comprado al bebé. Abrió la puerta con cierto miedo y miró a Meghan que se encontraba firmando unos papeles y tocó la puerta.

—Adelante —dijo ella sin mirar quién podía ser.

—Meghan —dijo él entrando y mirándola—. Alicia me preguntó si vas para la casa.

Ella asintió y lo miró.

—Saldré temprano, no estoy de humor.

—Claro, si quieres tomate la semana completa —propuso Duncan sonriendo, prefería tenerla lejos con ese humor que estuviera asustando a todos los empleados con sus gritos y regaños.

—De verdad —dijo ella asombrada.

—Sí —afirmó él y se acercó a ella—. Creo que estás estresada, no quiero que te enfermes.

Ella lo miró y podía ver que tenía miedo, no lo culpaba. La realidad era que hoy se estaba portando de muy mal humor y suspiro.

—Te haré caso —dijo ella con una leve sonrisa.

—Gracias a Dios —susurró.

Meghan se levantó y tomó su bolso.

—Próximo lunes, nos veremos —dijo él mirándolo.

—Te estaré esperando —dijo él con voz baja—, que no vuelvas con ese mal humor.

—Te escuché —dijo ella mirándolo mal.

—Ve a saludar a Ali —le recordó.

—Está bien —dijo saliendo de la oficina, antes de irse le pidió disculpas a África y se retiró a la casa de su primo Duncan.

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Una hora después.

En la mansión Mylonas.

—Gracias por venir Meghan —habló Alicia sonriendo—, el pequeño Kaled está contentó que su madrina haya venido —dijo, se acarició el vientre.

Meghan sonrió y le tocó el vientre.

—Solo falta un mes pequeño —dijo ella con voz dulce—, serás un niño precioso.

Alicia sonrió y la miró.

—Deberías animarte, es muy hermoso tener un bebé en el vientre.

Ella negó.

—No, no nací para ser madre.

Ella la miró confundida.

—Te gustan los niños.

—Los ajenos y no quiero esa responsabilidad. Soy tan perfeccionista que, en vez de hacerlo feliz, lo haré muy infeliz.

—No digas eso —dijo ella mirándola.

—Yo sé por qué lo digo —aseguró sonriendo y antes de irse le acarició el vientre—. Adiós Kaled —dijo ella y se alejó de ella.

Meghan salió de la mansión y tomó un taxi, le pidió que la llevara a su departamento.

Al llegar a su hogar, escuchó el sonido del teléfono y contestó:

—Diga.

—Hija —dijo Malva al otro lado de la línea—. No podré ir, discúlpame. Tu padre acaba de llegar de su viaje y sabes que odia que salga sin él.

Ella apretó el puño con indignación.

—Está bien, no te preocupes —dijo Meghan cortando y mirando la sala—. No quiero repetir tu historia madre —miró la maleta—, necesito hablar contigo Uzeil —caminó un poco más y tomó su maleta.

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Al día siguiente.

En Italia.

En la empresa Sorrentino.

—Hijo —habló Víctor sonriendo y mirándolo—. Me dijeron que estabas de mal humor ayer —dijo abrazándolo.

—Más o menos, papá.

—Hola, abuelo —habló mirando a Alessio.

Él notó que su nieto estaba triste.

—¿Y esa cara?

—Problemas —dijo él suspirando—. Abuelo, dime. ¿Por qué te divorciaste tres veces?

Víctor y Alessio se miraron extrañados.

—Bueno…. Hijo, a veces el amor no es suficiente —dijo él y se sentó para mirarlo de frente—, cuando me casé con Zita fue una mujer maravillosa, tuvimos a tu padre. Zita era muy independiente y déspota, todo tenía que hacerse a su manera; yo no soporte más y me divorcie. Después conocí a Nerea, una mujer maravillosa, es la madre de tu tío Alessandro, nos llevábamos de maravilla, luego comenzó que no la atendía casi y que siempre estaba prefiriendo a Víctor —soltó un suspiro—, celos absurdos y terminamos, cuando conocí a Medea me enamoré de ella, me encantaba su manera de ser divertida, tuvimos a Mauro, no funcionaron las cosas. Ella se metió con otro hombre.

Uzeil perplejo.

—Te fue infiel.

Alessio asintió.

—Tío tiene el cabello rubio —dijo Uzeil dudoso.

—Salió a su abuelo muchacho grosero —aclaró Alessio molesto—, si es mi hijo.

Uzeil apenado.

—Lo siento.

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En recepción.

—Buenos días, soy Meghan Antoniou —dijo ella mirando a la secretaria.

—Buenos días —dijo ella sonriendo—. ¿A quién desea ver?

—A Uzeil Sorrentino —informó sin dejar de mirarla—, es urgente.

—Él se encuentra en una reunión —comunicó apenada—, esperé por favor.

Ella estaba segura de que Uzeil no deseaba atenderla; sin previo aviso se fue caminando hacia la oficina, por suerte decía el nombre de su esposo en la puerta y sin pensarlo la abrió de par en par.

—¡Hola, cariño! —exclamó Meghan mirando a los presentes—. ¡Vino a visitarte tu amada esposa!




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