Un matrimonio a distancia

Capítulo # 4

Capítulo # 4

En Italia.

Uzeil quedó de piedra, su esposa no podía estar ahí, tenía que ser un espejismo. Meghan no dejaba su trabajo a medias por nadie, de eso estaba seguro.

—Hola —habló Alessio mirándola con curiosidad, se parecía a la esposa de un viejo amigo—. Creo que acabas de interrumpir una reunión.

—Lo siento —dijo Meghan sonriendo—. Pensé que Uzeil no quería verme, ya sabe problemas conyugales.

—No, amor —habló él, se levantó y se acercó a ella—. Es mejor que me esperes a fuera.

Ella quería protestar, pero antes de hacerlo su esposo la sacó de la oficina y cerró la puerta en su cara.

—Maldito —susurró.

Ciro venía caminando y cuando la miró, sabía inmediatamente que era la esposa de su jefe y podía ver la furia en sus ojos.

—Eres Ciro, ¿verdad? —dijo Meghan mirándolo.

Él con timidez asintió.

—Podrías enseñarme la empresa —pidió ella.

—Claro —contestó él con una leve sonrisa y nervioso.

—Uzeil tiene una empresa enorme —dijo Meghan comenzando a caminar—. Nunca imagine que la empresa Sorrentino fuera así.

—Realmente es del señor Alessio —habló con timidez—, el señor Uzeil, apenas es vicepresidente.

—Eso es bueno —dijo ella mirando la empresa y detallándola—, me gusta.

Él siguió caminando y la miró.

—¿Desea tomar algo?

Ella negó.

—Si quiere, puede ir a la sala de espera.

—No —dijo ella y sacó una tarjeta—. Dígale a mi esposo que estaré en este hotel.

—Claro —dijo Ciro, lo agarró y miró el nombre del hotel—, le diré.

—Gracias —dijo ella.

Meghan se fue.

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En la oficina.

—¿Quién es ella? —preguntó Víctor, serio, no le gustaba la actitud de la mujer.

—Es mi esposa, se llama Meghan Antoniou —contestó Uzeil mirándolos.

—Es una imprudente —dijo serio Alessio—. ¿Y cuándo se casaron?

—Hace seis meses.

—¿Y la amas? —preguntó su progenitor y cruzando los brazos.

—Sí.

—Ella me recuerda a la nieta de un viejo amigo —comentó Alessio—, aunque no lo creo.

—Ella es de Grecia —les informó—. Nos conocimos allá, ella vive allá y yo aquí.

Víctor y Alessio abrieron los ojos con asombro.

—¿Qué locura es esa? —explotó Víctor—. ¿Es una gran estupidez?

—Es mi vida —se defendió Uzeil serio—. Es una decisión que tomamos los dos.

—Me parece una locura —afirmó su abuelo—, eso no es un matrimonio.

—Creo que hemos platicado mucho —dijo el serio y se levantó de la silla—, nos vemos luego.

Ciro tocó la puerta.

—Adelante —dijo Uzeil y se colocó la chaqueta.

—Señor Uzeil, su esposa se fue —le informó Ciro mirándolos y le entregó la tarjeta—, le dejo esto.

—Maldición —dijo Uzeil molesto—. Siempre hace lo que le da la gana.

—Otra Zita —murmuró Alessio serio y mirando a su hijo—. Prepárate, este matrimonio será recordado.

Víctor suspiró.

—No me digas.

Ellos observaron como Uzeil se iba de la oficina a toda prisa.

—Tenemos que estar apoyándolo —suspiró Víctor—, ese matrimonio no durara nada.

—Yo creo que le hizo brujería —comentó Ciro mirándolos—, el jefe ha cambiado demasiado desde que la conoció.

—Puede ser —dijo Víctor—. Me voy —anunció levantándose—, según Layla, me va a llevar a un restaurante nuevo.

—Le envió muchos besos a mi nuera —dijo Alessio contentó.

—Claro papá. Lo que es Casandra y Sandra no son de tu agrado.

—Casandra es una arpía y Sandra es una odiosa —aclaró él mirándolo mal—. No sé qué les vieron mis hijos a ellas. Layla es diferente, es dulce y tranquila.

—Claro, Layla es una sumisa. Te hace más caso a ti que a mí —dijo él con seriedad, a veces peleaba con su mujer porque prefirió mil veces platicar con su padre que con él.

—Deja los celos —dijo Alessio divertido y se levantó—, me voy.

—Vamos —dijo él.

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En el hotel Lombardi.

Meghan miró la habitación y quedó encantada, todo era hermoso. Parecía todo de ensueño, se quitó la ropa y colocó un pijama, se sintió realmente cansada, solo se dio un baño y se fue a la empresa de su esposo.

Primero quería hablar con él, sobre lo que sucedió el sábado. Observó que aún seguía molesto con ella, se le veía en los ojos y lo conocía muy bien, suspiro y se acostó en la cama.

—Tengo la culpa —dijo ella mirando hacia el techo—, fui muy grosera el viernes y sábado. Termine por hacerlo enfadar, yo sabía que este matrimonio era una locura, cada quien tiene que volver a su vida.

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Uzeil salió de la empresa a toda prisa, Vito lo miró y suspiro. Su reunión se había cancelado nuevamente, igual entraría para saber lo que había pasado.

—Buenos días, mi amada Clío —dijo él mirando a la secretaria de su primo.

Clío se le quedó mirando y suspiro.

—¿Qué quieres?

—Mañana me tengo que ir a Londres —comunicó Vito sonriendo—. Quiero que me des una de tus buenas despedidas.

—Claro —dijo Clío, se levantó y le dio una bofetada—, ahí la tienes.

Vito se acarició la mejilla.

—¿Aún me odias? —preguntó perplejo.

—No…. Como crees —respondió, ella seria y se sentó de nuevo—, dejarme una semana antes de nuestra boda. Fue lo mejor.

—Eres muy mala —señaló el serio y cambio de tema—. ¿Y Uzeil para dónde fue?

—A buscar a su esposa —llegó Ciro—. Vino y parece que interrumpió una reunión con los señores Alessio y Víctor.

—Meghan es una loca —dijo el divertido—, lástima que me perdí la cara de mi abuelo.

—Parece que la joven no fue del agrado ninguno de los dos.

—Meghan, me recuerda a la abuela de Uzeil —comentó Vito risueño—. Más o menos, así tiene el carácter Zita.

—No me digas —habló Clío perpleja—, se ve tan dulce.

—Es el demonio en persona —certificó Vito y se alejó de ellos.




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