Un millonario en el rancho

1. Escalofríos

Elián

Parece que el calor del día de hoy no dejará que sigamos trabajando, puedo ver a los peones terminar la cerca y que están demasiado cansados.

—Es todo por hoy chicos, vayan a refrescarse y descansen lo que resta del día, mañana continuamos —les ordeno.

—Gracias, señor Elián, la verdad es que el calor es intenso —responde uno de ellos.

Bajo la sombra de un árbol veo cómo se comienzan a ir en las camionetas dispuestas para ellos. Cuando se han marchado monto a mi hermoso caballo y me dirijo hasta la casa, porque en definitiva hoy ya no hay mucho que hacer.

Justo al cruzar el río se me antoja echarme un chapuzón, amarro al animal bajo la sombra de un árbol y me dispongo a refrescarme en el agua por algún tiempo, en el mismo espacio de siempre, en aquel en donde conocí el amor y venía con ella. Todos los días me repito que no debo guardar este tipo de recuerdo, pero termino cayendo.

Cuando siento que es suficiente, vuelvo a montarme al caballo y ahora sí, es momento de llegar a la finca. De pronto recuerdo que tenía una reunión con mi vecino, no es nada importante, solo que ha estado insistiendo en que pase a probar el vino que produce, lo pienso y, ya que hoy hemos terminado antes, ¿por qué no? El sol ha bajado y ahora se siente un clima fresco.

Mientras me dirijo a la casa vecina recuerdo la relación que tengo con ellos, durante un tiempo buscaba cualquier pretexto para ir hasta ella y verla, a aquella mujer que tuvo todo de mí. Ella, mi primer amor. Pero es verdad cuando dicen que uno no se queda con ese primer amor.

Continuando mi galope, los recuerdos se arremolinan en mi cabeza y por más que me obligo a olvidar, no puedo. Amé de verdad, creí que con ella me iba a terminar de redimir; sin embargo, lo único que logré al final es un corazón roto.

Justo cuando llego y estoy por bajarme del caballo, mis ojos van hasta la entrada donde un taxi viene llegando. Me quedo estático porque de pronto mi corazón ha comenzado a palpitar desenfrenadamente, como si sospechara que algo está a punto de suceder.

Al ver bajar al pasajero es cuando me arrepiento de haber venido hasta aquí, mi corazón tenía razón; es ella y ha vuelto y no la ha hecho sola.

 

 

Elizabeth

El calor comenzaba a ser insoportable, este es mi recibimiento, entre más avanzaba el autobús, yo lo único que deseaba era desnudarme y que la ropa dejara de pegarse a mi piel por el inmenso bochorno que empezaba a sentirse propio de la temporada, entre más nos adentrábamos a la espesura de los inmensos árboles más calor sentía. La personita que viene acompañándome se encuentra peor que yo y a ratos el llanto termina por dejarla exhausta.

De verla así me cuestiono sobre si lo que estoy haciendo es lo correcto, si volver es la salida.

De tanto en tanto veía la hora en mi reloj para verificar la cantidad de horas que habíamos avanzado, llevaba más de un día de viaje desde que salí de mi infierno. Recuerdo vienen a mi mente.

 

Flashback

—Te dije que no lo quería así, ¿acaso eres tonta y no entiendes?, ¿eres acaso sorda y te cuesta escuchar y acatar una sola orden? No cabe duda de que eres una reverenda estúpida.

—Por favor, te lo hice como querías.

Una carcajada sale de su garganta y me da miedo, vuelvo a sentir ese miedo del que pensé me había vuelto inmune, ese escalofrío que recorre todo mi cuerpo, mientras estoy esperando lo peor.

Fin del flashback

 

Muevo la cabeza como si con eso aquel horrible recuerdo se fuera de ahí, el escalofrío llega hasta el presente. Respiro y arrullo a mi bebé; debo tratar de olvidar y concentrarme solo en lo que tengo por delante, tomo otra respiración profunda antes de mi llegada mientras voy rogando a Dios porque mi pasado, me acepte de nuevo, reencontrarme con todos será difícil y solo espero con el corazón que ellos me perdonen.

Mis pensamientos no están en orden, y cuando menos me doy cuenta, llegamos a la finca, ha llegado la hora de presentarme de nuevo y lo peor de todo es que, la versión que se fue de aquí, no es la misma que ha vuelto; tan arrogante y altiva pensando que el mundo me estaría recibiendo con los brazos abiertos dándome lo mejor. Me equivoqué, lo sé y ahora vuelvo con la cola entre las patas, igual que un cachorro regañado que busca el cariño de su amo.

Bajo del taxi con ayuda del chofer que, amablemente, ha aceptado traerme hasta aquí, acomoda las maletas en el piso mientras yo tomo entre mis brazos a la pequeña que viene durmiendo cansada de tanto llorar por alejarla del mundo que ella conocía.

De pronto y como si de un imán se tratará, lo veo a él; precisamente a él, a la última persona que hubiera deseado encontrarme. Me mira a mí y después a mi pequeña que duerme entre mis brazos.

Mi cuerpo reacciona a su mirada, los escalofríos vuelven, ahora no son de miedo. Es la misma emoción que imagine habían desaparecido cambiándolos por el mal. Estaba equivocada.

Nos desafiamos con la mirada, no hay palabras, solo exigencias por parte de él, puedo ver el brillo de aquellos ojos que alguna vez me amaron y puedo entender que amor es lo menos que hay en ellos, ahora lo único que puede leer son exigencias y explicaciones.




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