Un momento inesperado

Capítulo 9: Alberto

Alberto miró a Mariana, quien bajó la vista. Él sabía que su amigo sopesaba sus palabras; no debía ser fácil escuchar que su hermano no los quería cerca de su hijo, para él no fue fácil decírselo. Aspiró con profundidad y cerró los ojos, él también bajó la cabeza unos segundos.

—Entiendo. —Fue la única palabra que pronunció Lucas.

—Hay registros originales de Biel, como Biel Mateo Napolitano Montenegro —explicó Mariana con voz muy baja.

Los dos la miraron con atención. Alberto tocó su brazo y le hizo un gesto como para detenerla, ella negó y aspiró aire con dramatismo.

—Quiero pedir la custodia de Biel con sus papeles originales —dijo Lucas.

—¿No vas a respetar la voluntad de tu hermano? —inquirió Alberto.

—Ahora no sé si quieren manipularme con eso. No sé si creerte Mariana. Me mentiste. ¿Cómo sé qué no me mienten ahora?

Ella hizo un gesto que lo dejó ver lo asustada que estaba y lo miró con expresión de súplica.

—Sé que Mateo no habría aprobado que al niño lo crien tus padres —dijo Alberto con voz firme.

—Lo criaré yo. En algún momento le propondré matrimonio a Bárbara y me casaré con ella. Biel será nuestro hijo.

Mariana se echó a llorar cubriéndose el rostro con ambas manos, su cuerpo delgado se agitaba en la silla, Alberto se acercó y la abrazó a él, ella escondió la cara en su pecho y continúo llorando. Alberto le dedicó una mirada de reproche a Lucas, que solo miró a Mariana con indiferencia.

—No tienes derecho —le gritó Alberto.

—Ella tampoco entonces. Está en peor posición que yo —respondió con frialdad, y se dirigió a Mariana, que aún mantenía el rostro oculto en el pecho de Alberto—. ¿A qué te dedicas, Mariana? ¿Cuánto ganas? ¿Dónde vives? ¿Con qué vago andas?

—¡Basta! No la trates así. Respeta, Lucas. ¿Qué te pasa?

—No voy a esforzarme mucho para pelear con esta manipuladora. En una corte entre ella, Bárbara y yo, no habrá discusión, más con los antecedentes de lo que hizo: ocultarlo, falsificar papeles y quién sabe qué más.

—No use eso. ¡Por favor! —gritó Mariana girándose a verlo.

Lucas se quedó estático y abrió mucho los ojos, se vio sorprendido, bajó un poco la mirada y se concentró en Alberto.

—Hagan las cosas bien entonces, dejaré que ella lo visite.

—No te creo. Ella ha criado al niño, cómo le vas a explicar que lo vas a separar de su mamá.

—¡No es su mamá!

—Sí lo es. Ahora lo es. Ella lo está criando.

—Porque se lo robó, o te lo robaste tú para ella —gritó frustrado.

—Las cosas no tienen que ser así, Lucas. Ella quiso venir a hablar contigo, para que haya un entendimiento, las amenazas sobran.

—Está bien. No tengo porqué decir nada más. No me voy a quedar tranquilo sabiendo dónde está el niño y cómo vive como un indigente y no hacer nada.

—A él no le falta nada —exclamó Mariana con un poco de altivez.

—Una familia, Bárbara y yo se la daremos, la conocerás, verás que estará bien con nosotros —insistió Lucas. Su mandíbula estaba tensa. Alberto notó que se controlaba.

—Ella no está sola. Está conmigo. El niño es nuestro. Si nos casamos, estaremos en la misma posición que Bárbara y tú. Con menos dinero, pero ante la justicia eso no debería importar —dijo Alberto.

Lucas lo miró con rabia y Mariana abrió mucho los ojos sobre él, tragó grueso y apretó su mano.

—Supongo que Isabel sale de la ecuación —comentó Lucas con ironía.

—Sí —respondió Alberto con la mandíbula temblando.

Lucas afirmó con un gesto.

—Mariana, quiero ver al niño hoy. ¿Puedo? Le diré que soy su tío, muy amigo de su padrino, aunque eso ya no sea así —dijo con tono amargo.

Alberto negó con la cabeza y desvió la mirada. Sabía que Lucas estaba haciendo mucho esfuerzo por contenerse con Mariana, pasaba de atacarla, a tratar de ser amigable, le costaba, pero a él abiertamente le retiró su amistad, y lo entendía. Mariana miró a Alberto como buscando una respuesta y este afirmó.

—Dígale que el día que fue a la casa buscaba a Alberto, él se va a acordar y va a querer saber —explicó Mariana.

Lucas le dedicó una media sonrisa.

—Gracias. Disculpa mi comportamiento, esta situación no es fácil, espero que entiendas.

—Lo mismo le digo. No sabía qué hacer, yo…

—Mariana. ¡Vámonos! —la interrumpió Alberto. Ella asintió obediente y se levantó, Lucas lo miró con curiosidad.

Se iban y Lucas detuvo a Alberto, lo tomó por el brazo y lo acercó a él.

—¿Por qué haces esto? ¿Por qué la ayudas? Sé que es imposible que de verdad tengas algo con esa muchachita. No debe despertarte ningún interés. Es poquita cosa y, al lado de Isabel, no entiendo… ¿Vas a dejar a Isabel? ¿La vas a perder por hacerme la vida imposible a mí? ¿Por qué? ¿Por odio? ¿Envidia? ¿Por qué?




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