Un momento inesperado

Capítulo 13: Mariana

Descansó tranquila por primera vez desde que apareció Lucas Napolitano en la puerta de su casa. Estaba más cerca, pero de algún modo se había llenado una esperanza de que ella podía contra él, acarició los cabellos de Biel, que aún dormía a su lado, abrazado a una almohada como estaba acostumbrado. Besó su frente tibia, admiró su rostro pequeño y cachetón. Era lo que más quería en la vida.

Se sintió fuerte para luchar, sobre todo junto a Alberto, con quien debía hablar de su situación, no quería ser una carga. Sin querer escuchó su discusión con Isabel. La entendía, no había lógica en aquella situación. Vio que era muy temprano y decidió levantarse para darse un baño y ayudar en la cocina, no sería una carga, «al menos ayudaría el tiempo que estuviera allí», pensó.

Se colocó ropa cómoda después del baño y salió a la cocina, Alberto no se veía por ningún lado, ella dudó un segundo, pero se atrevió a revisar la nevera y la alacena. Se sorprendió al ver que todo estaba en perfecto orden: pasta, raviolis, macarrones, arroz, enlatados...

Preparó un desayuno sencillo con avena y pan, huevos y tocino. Preparó algo de café y se sirvió un poco, se puso roja cuando al girarse se cruzó con Alberto, que la veía divertido, él llevaba ropa de dormir y el cabello revuelto.

—Lo siento, quise hacer el desayuno, me da pena estar aquí y no hacer nada. ¿Eres de los que no les gusta que se metan a su cocina?

—No, hoy hubiese comido el resto de la pizza que comimos anoche —admitió.

—Todo está muy ordenado —comentó Mariana.

—Isabel.

—¿Todo bien con ella?

—Sí. ¿Biel durmió bien? —preguntó y se sirvió del desayuno que preparaba Mariana. Ella entendió que no quería hablar del asunto.

—Debo irme de aquí, Alberto. No puedo ser tu carga. Cuando se venda la casa de la bahía, buscaré algo.

—Para alquilar será. Con lo que te den no te alcanza para comprar algo acá.

—Lo sé, pero al menos no empiezo de cero.

—Hoy averiguaremos sobre colegios para Biel y universidad para ti, te buscaremos un trabajo…

Sonó el timbre.

Mariana miró hacia fuera de la cocina y Alberto interrumpió lo que decía mirando extrañado en la misma dirección que lo hacía Mariana. Se levantó y salió de la cocina. No tardó en escuchar voces que iban subiendo de tono, pensó en Isabel, pero era una voz masculina. Sintió un frío recorrerle el cuerpo desde los pies hasta el pecho, era Lucas Napolitano. Tragó grueso y se quedó estática esperando allí.

Las voces se oían cada vez más fuerte y decidió asomarse, salió hacia la sala y los dos hombres al notarla se quedaron en silencio, hablaban uno sobre el otro, así que ninguna frase pudo distinguirse mientras discutían, ella los miró expectante. Lucas le dedicó una mirada de fastidio y se dio media vuelta.

—¿Pasa algo? —se atrevió a preguntar ella.

—Nada, Mariana, ve con Biel —respondió Alberto con tono tenso.

—Pasa que mi mamá y mi papá quieren ver a Biel hoy y se los voy a llevar —dijo altivo Lucas girándose hacia ella.

Un frío golpeó su pecho y asintió nerviosa, temió que si se lo entregaba para que lo vieran no se lo devolvieran.

—No lo van a ver aún, tenemos que aclarar lo de la custodia, cuando un juez diga que ellos lo pueden ver… —dijo Alberto.

—Será tarde porque ya le habré quitado la custodia a ella y bueno, ella dijo que quería hacer las cosas por las buenas, esto no es por las buenas —la retó Lucas.

—¿Mariana? —le dijo Alberto acercándose a ella.

—Yo quiero estar cuando lo vean, él va a tener dudas, yo… que lo vean aquí —titubeó Mariana.

—Vengo a buscarte a las 11:00 am de hoy para un almuerzo en casa de mis padres. Será la pequeña bienvenida de Biel. Discreta para no abrumarlo —anunció Lucas con suficiencia.

«No se abrumará», pensó Mariana.

—Yo no podré ir, mejor hoy no. Quedé con Isabel para hablar… —balbuceó Alberto.

—Claro, debes hacerlo. Ocúpate de tus asuntos, así dejas de meterte en los asuntos de mi familia —le recriminó Lucas con vehemencia.

Alberto lo miró con recelo y desvió la mirada. Mariana sospechaba que quería acompañarla, pero no podía abandonar a su novia por completo, ella le hizo un gesto para dejarle saber que estaba bien. Él negó.

—Estaremos listos a esa hora —dijo Mariana. Alberto se giró batiéndose hacia la cocina.

—Vístelo bonito. Será una comida informal, pero estará toda la familia —respondió Lucas. La miró de arriba abajo y arqueó una ceja. Mariana entendió que le pedía que se vistiera bien ella también, eso pensó por lo que le dijo Alberto.

—Está bien. Entiendo —contestó.

Lo vio irse, era un hombre imponente. Muy guapo y seguro de sí, soberbio, aunque parecía triste la mayoría del tiempo. Mariana se sentía muy intimidada por él, ahora debía enfrentarse no solo a él, sino también al resto de su familia.

Regresó con Alberto, que la recibió con una mirada de reproche.




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